Tensión arterial
La hipertensión afecta al cerebro mucho antes de tener síntomas, según un estudio
La presión arterial alta es uno de los principales factores de riesgo de deterioro cognitivo
Cuando la presión con la que circula la sangre en los vasos sanguíneos es demasiado alta se habla de hipertensión arterial (HTA). Un estudio preclínico de Weill Cornell Medicine, publicado en Neuron ha dado la voz de alarma ya que concluye que esta patología provoca daños tempranos en los vasos sanguíneos, las neuronas y la sustancia blanca del cerebro incluso antes de que la presión arterial aumente a niveles detectables. Los resultados ofrecen nuevas claves sobre por qué la hipertensión es uno de los principales factores de riesgo de deterioro cognitivo, incluida la enfermedad de Alzheimer.
Los investigadores observaron que la hipertensión inducía alteraciones tempranas en la expresión génica de células cerebrales, lo que podría afectar funciones como la memoria y el pensamiento. Estos hallazgos abren la puerta al desarrollo de tratamientos que, además de reducir la presión arterial, protejan la función cognitiva.
Aunque los pacientes hipertensos presentan entre un 20 % y un 50 % más riesgo de padecer trastornos cognitivos, los mecanismos que explican esta relación no estaban del todo claros. Muchos fármacos antihipertensivos controlan eficazmente la presión arterial, pero apenas influyen en la cognición, lo que sugiere que el daño vascular podría producirse de manera independiente.
«Detectamos alteraciones en células clave para la función cognitiva apenas tres días después de inducir hipertensión en ratones, antes incluso de que la presión arterial se elevara», explicó el Dr. Costantino Iadecola, autor principal del estudio y director del Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente de la Familia Feil. «Esto indica que hay mecanismos adicionales más allá del aumento de la presión».
El estudio, codirigido por el investigador postdoctoral Anthony Pacholko, utilizó nuevas técnicas de análisis celular para examinar los efectos de la hipertensión a nivel molecular. Para ello, los científicos administraron angiotensina a ratones y evaluaron los cambios celulares a los tres días –sin elevación de la presión– y a los 42 días, cuando ya había hipertensión establecida y deterioro cognitivo.
A los pocos días, las células endoteliales mostraron signos de envejecimiento prematuro, menor actividad metabólica y debilitamiento de la barrera hematoencefálica. También se detectaron daños en las interneuronas, responsables del equilibrio entre señales excitatorias e inhibitorias, un patrón similar al observado en el Alzheimer. Además, los oligodendrocitos alteraron la expresión de genes esenciales para mantener la mielina, afectando la comunicación neuronal.
«La magnitud de los cambios tempranos fue sorprendente», señaló Pacholko. «Comprender estas etapas iniciales es clave para encontrar formas de frenar la neurodegeneración».
En una fase posterior, los investigadores probaron el losartán —un antihipertensivo que bloquea el receptor de angiotensina— y comprobaron que revertía algunos de los efectos iniciales en células endoteliales e interneuronas. Estudios previos en humanos ya sugerían que este tipo de fármacos podría ofrecer beneficios cognitivos añadidos.
La hipertensión daña corazón, riñones y también el cerebro. Controlarla sigue siendo esencial
El equipo continuará investigando cómo el envejecimiento acelerado de los pequeños vasos cerebrales contribuye al deterioro de interneuronas y oligodendrocitos, con el objetivo de identificar estrategias que prevengan o reviertan el impacto de la hipertensión en la cognición.