Una mujer comiendo un pastel
Por qué algunas personas necesitan tomar dulce a todas horas
Después de comer, a media tarde o incluso tras la cena, es frecuente desear tomar un dulce, algo que los científicos llaman «estómago de postre». En esos momentos resulta muy difícil resistirse a meter la cucharilla en el postre aun estando saciados. Sin embargo, en ocasiones comer alimentos azucarados se convierte en una adicción.
Marc Romera, entrenador personal y nutricionista especializado en salud holística y metabólica, explica en sus redes sociales que el intestino no solo digiere: «También decide qué te apetece comer. Ciertas bacterias intestinales producen metabolitos (como ácidos grasos de cadena corta o péptidos señalizadores) que modulan el eje intestino-cerebro, influyendo en los centros del apetito y la recompensa.
Cuando predomina una microbiota desequilibrada (rica en bacterias que se alimentan de glucosa) tu cuerpo te «pide» más azúcar» y añade: «En otras palabras: no siempre eres tú quien tiene antojos, son tus bacterias pidiendo su comida».
Circuito de recompensa
El nutricionista habla del circuito de recompensa y asegura que es una red neuronal del cerebro que se activa con estímulos placenteros, liberando neurotransmisores como la dopamina, que genera sensaciones de placer y motivación.
«Este sistema es fundamental para el aprendizaje y la supervivencia, ya que refuerza comportamientos beneficiosos como comer o socializar pero también está implicado en las adicciones cuando se desregula. Y en muchos casos, el deseo por el dulce encierra una adicción».
Marc Romera explica que desde una perspectiva evolutiva, este sistema de recompensa dopaminérgico fue diseñado para recompensar conductas esenciales: comer, reproducirse, buscar refugio. «Ese mismo sistema de recompensa que un día te ayudó a sobrevivir, hoy se activa con cualquier estímulo moderno: bollería, snacks, refrescos o redes sociales» y añade: «Cada combinación ultraprocesada de azúcar, grasa y sal genera una descarga dopaminérgica desproporcionada seguida de una caída brutal. Cuanto más repites el estímulo, menos dopamina liberas y más la necesitas» y continúa: «Ahí es donde nace la compulsión: comes por impulso, no por necesidad energética».
El estrés aumenta los antojos
El profesional asegura que cuando vives en modo supervivencia, el cortisol se dispara y la dopamina cae drásticamente. «Tu cerebro busca una vía rápida para aliviar la tensión: y nada mejor que el azúcar. Esa subida momentánea de glucosa da calma, placer inmediato y sin esfuerzo pero solo agrava el problema. Minutos después, el bajón es aún más pronunciado, y el cerebro vuelve a pedir lo mismo. Entonces el dulce se convierte en tu ansiolítico cotidiano. Cada vez que cedes al impulso, refuerzas la conexión entre placer y azúcar».
El núcleo accumbens —estructura cerebral relacionada con la motivación y la recompensa— aprende a anticipar ese estímulo incluso antes de ingerirlo. Con el tiempo, la repetición del patrón provoca que los receptores dopaminérgicos se vuelvan menos sensibles, lo que obliga a consumir mayores cantidades para obtener el mismo efecto.
Lo que inicialmente puede parecer un simple 'antojo' termina configurando una dependencia basada en procesos neuroquímicos.
Qué puedes hacer
- Restaura tu microbiota: aumenta fibra vegetal, polifenoles y alimentos fermentados.
- Regula tu glucemia: prioriza proteína, fibra y grasas saludables en cada comida.
- Entrena en baja glucemia: mejora la oxidación de grasa y reduce la urgencia por azúcar (siempre que sea de baja-moderada intensidad).
- Prioriza tu descanso y exponte al sol: el sueño profundo y la luz solar equilibran dopamina y la serotonina.
- Rompe el ciclo dopaminérgico: limita estímulos rápidos (redes, azúcar, café en exceso, Nopor, etc.).
- Practica mindfulness o respiración: activa el sistema parasimpático y reduce el cortisol.
- Introduce placer real: deporte, música, lectura, relaciones humanas, contacto físico real...
- Apoya el equilibrio neurotransmisor con magnesio, omega-3, triptófano o adaptógenos.
Marc Romera concluye explicando que cuando entiendes el porqué, recuperar el control deja de ser una lucha y se convierte en una estrategia. «Ten paciencia, la reeducación requiere tiempo y mucho compromiso».