El Alzheimer se debe a la disminución de las proteínas y no por acumular placas amiloides, según un nuevo estudio
Las señales silenciosas que alertan del inicio de una demencia
Detectar a tiempo enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer, el gran desafío de la neurología
Diagnosticar de forma temprana enfermedades como Parkinson, Alzheimer o esclerosis múltiple es uno de los grandes retos a nivel mundial. Saber identificar los signos ayudaría a iniciar los tratamientos lo antes posible para frenar la progresión de estas enfermedades neurodegenerativas que terminan causando demencia por daños a las células del cerebro.
Según explican expertos de la Universidad de Delaware, por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer, los niveles elevados de ciertas proteínas dentro y fuera de las células cerebrales dificultan que estas se mantengan sanas y se comuniquen entre sí. La región del cerebro llamada hipocampo es el centro del aprendizaje y la memoria en el cerebro, y las células en esta región con frecuencia son las primeras en sufrir daños.
Cuando las células del cerebro no pueden comunicarse normalmente, el pensamiento, el comportamiento y los sentimientos se ven afectados
Matthew Cohen, profesor asociado de ciencias y trastornos de la comunicación en la Universidad de Delaware y director asociado del Centro de Investigación del Envejecimiento Cognitivo de Delaware, afirma que es normal que el cerebro cometa errores, sobre todo a medida que envejece, pero ¿cómo podemos diferenciar algo natural de un problema de salud?
Once signos y síntomas
El especialista detalla once señales y manifestaciones que, cuando aparecen de forma persistente o progresiva, pueden apuntar a la existencia de un problema de salud que afecta a la memoria y a las capacidades cognitivas, especialmente al pensamiento y al razonamiento. Estas señales no deben interpretarse de manera aislada ni automática como un diagnóstico, pero sí como indicios de alerta que conviene observar con atención y, llegado el caso, consultar con un profesional sanitario.
Uno de los primeros signos es la pérdida de memoria en la vida cotidiana. Se trata de dificultades frecuentes con el recuerdo o el pensamiento que van más allá de los despistes habituales, como repetir las mismas preguntas una y otra vez o depender cada vez más de notas, recordatorios electrónicos o incluso de otras personas para poder desenvolverse en tareas diarias.
Otra señal relevante es la aparición de problemas para manejar las cuentas y los asuntos económicos. Puede manifestarse como una mayor dificultad para pagar facturas, controlar los gastos o realizar balances sencillos. En algunos casos, la persona se vuelve especialmente vulnerable a engaños y estafas, llegando incluso a entregar grandes sumas de dinero a vendedores de productos o servicios por teléfono sin una evaluación crítica de la situación.
También resulta llamativo el deterioro en la realización de tareas familiares. Acciones que antes se llevaban a cabo con normalidad, como conducir hasta un lugar conocido o recordar las reglas de un juego habitual, comienzan a convertirse en actividades complejas y desafiantes, generando inseguridad o frustración.
El olvido de fechas importantes es otro síntoma frecuente. Perder la noción del tiempo, confundir lugares o no recordar citas previamente fijadas puede convertirse en algo recurrente y afectar a la organización personal y social.
En el ámbito visual, Cohen señala la aparición de errores en la percepción. Estos cambios pueden incluir dificultades para interpretar imágenes, calcular distancias o comprender las relaciones espaciales, lo que puede repercutir en actividades como la conducción.
Los problemas de lenguaje constituyen otra señal de alerta. Aunque es normal que ocasionalmente cueste encontrar la palabra adecuada, debe prestarse atención cuando estas dificultades son claramente más acusadas que en otras personas de la misma edad, interfieren en la capacidad de expresarse o dificultan seguir y participar en una conversación.
La tendencia a perder objetos con frecuencia también puede ser significativa, sobre todo cuando se acompaña de la incapacidad para reconstruir los propios pasos. En algunos casos, la persona llega a acusar a otros de haber robado lo extraviado, lo que puede generar conflictos.
Cohen incluye asimismo la toma de decisiones equivocadas o impropias de la personalidad habitual del individuo, así como una creciente dejadez en el cuidado personal, reflejada en una menor atención a la higiene, la vestimenta o el arreglo personal.
El aislamiento social es otro indicador importante. Abandonar el trabajo, los pasatiempos o las actividades sociales que antes resultaban gratificantes puede ir acompañado de irritabilidad o enfados frecuentes, tanto en casa como en el entorno laboral o con amigos.
Por último, destacan los cambios de humor y de personalidad. La persona puede volverse más desconfiada, deprimida, temerosa o ansiosa, mostrar una pérdida de empatía hacia los demás o comportarse de manera inapropiada en público, con comentarios fuera de lugar o actitudes que antes no formaban parte de su forma de ser. Estas transformaciones, cuando se mantienen en el tiempo, constituyen una señal clara de que algo no va bien y requiere atención especializada.