La «enfermedad del ocio» es frecuente al inicio de las vacaciones
Por qué enfermamos justo al empezar las vacaciones
La «enfermedad del ocio» ocurre cuando se pasa de un periodo de alta actividad laboral a la calma total
Aunque parezca una contradicción, la ciencia sostiene que parar para descansar puede tener sus efectos secundarios en la salud. Lo que se conoce como el síndrome del frenazo o la «enfermedad del ocio» ocurre cuando se pasa de un periodo de alta actividad laboral a la calma total de las vacaciones. En ese momento, el organismo, en lugar de disfrutar, enferma.
El doctor Estanislao Nistal, Doctor en Virología, investigador y profesor de Microbiología en la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, explica que «el parón brusco de actividad cuando llegan las vacaciones puede debilitar nuestro sistema inmunitario y hacer que nos volvamos más propensos a infectarnos y enfermar».
Por su parte, Isabel Rojas Estapé explica que «por regla general, antes de las vacaciones queremos terminar todos aquellos temas que hemos tenido encima de la mesa durante las últimas semanas e incluso meses. Y así el mes de julio se convierte en el sprit final de una carrera de fondo que lleva un tiempo y un recorrido largos», y añade: «Sin darnos casi cuenta, frenamos en seco. Paramos físicamente. Sin embargo, nuestra cabeza va a otro ritmo, le cuesta más. Y sin verlo ni quererlo, la primera semana enfermamos. Muchos pueden achacarlo a los aires acondicionados o incluso al cambio de temperatura por estar en otro lugar. Razón no les falta, pero que surjan estas enfermedades radica en que nuestro sistema inmune, en el momento en el que frenamos, baja. Desciende tanto que hace que nos pongamos malos».
La psicóloga clínica afirma que «vivir constantemente en 'modo acción' hace que nuestro sistema nervioso esté demasiado revolucionado. En el momento en que nos relajamos, desciende y es entonces cuando el (posible) aire acondicionado nos afecta y enfermamos. Podría decirse que nuestro sistema inmune, en el momento en que empiezan las vacaciones, se relaja tanto que 'baja la guardia' y es cuando somos atacados (por los virus, las bacterias o nos inflamamos) y aparecen las distintas dolencias».
Cómo evitar el resfriado
Para disminuir el riesgo de contraer un virus respiratorio en verano, es recomendable tomar ciertas precauciones, por ejemplo
Evitar las diferencias bruscas de temperatura: los cambios bruscos de temperatura superiores a 5 grados pueden afectar a nuestro sistema respiratorio.
Mantener el aire acondicionado por encima de 20 °C: permanecer a una temperatura inferior puede favorecer que bajen nuestras defensas.
Realizar un mantenimiento periódico de los sistemas de aire acondicionado, para evitar que acumulen suciedad y gérmenes.
Ventilar las estancias de manera regular, para renovar el aire.
Evitar las bebidas demasiado frías, que pueden resentir nuestra garganta.
Mantener el ambiente húmedo: lo recomendable es que los niveles de humedad del aire estén por encima del 30 % para evitar que las mucosas se resequen.
Mantener una alimentación sana y equilibrada, que nos aporte micronutrientes esenciales para reforzar las defensas.
Prestar atención a la hidratación: debemos beber suficiente cantidad de agua para mantener el cuerpo hidratado. Esto es especialmente importante en grupos con más riesgo de sufrir deshidratación, como niños, ancianos y personas con el sistema inmune comprometido.
Si a pesar de tomar todas estas precauciones nos contagiamos, es importante tratar los síntomas de forma conjunta y desde el momento de su aparición.