El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer

El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del AlzheimerGetty Images

Día Mundial del Alzheimer

¿Olvidos normales o primeras señales de Alzheimer?

Las cifras no engañan, el Alzheimer afecta a 1 de cada 10 personas mayores de 65 años. Esta realidad se traduce en que, en España, existen casi un millón de personas con la enfermedad u otra tipología de demencias.

Con motivo del Día Mundial del Alzhéimer, que se celebra el 21 de septiembre, numerosos profesionales han mostrado su apoyo tanto a pacientes como a cuidadores que sufren esta patología compleja y multifactorial caracterizada por la pérdida de memoria.

Al ser una enfermedad que no tiene cura, uno de los objetivos clave es detenerla o disminuir sus efectos. Las últimas investigaciones apuntan a que se puede actuar entre 15 y 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos.

En este contexto, el equipo de NeuronUP señala que no se puede afirmar que exista un conjunto de hábitos capaz de impedir que una persona desarrolle alzhéimer. La edad, la genética y otros procesos biológicos que escapan a nuestro control influyen de manera importante en el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Por ello, desde un punto de vista científico, resulta más preciso hablar de reducir el riesgo de alzhéimer que de prevenirlo por completo.

«Una persona puede llevar un estilo de vida muy saludable y aun así desarrollar alzhéimer. Pero eso no significa que nuestros hábitos sean irrelevantes. Sí podemos actuar sobre determinados factores para reducir la probabilidad de deterioro cognitivo y cuidar mejor nuestra salud cerebral», explica Valeria Medina, neuropsicóloga de la plataforma de neurorrehabilitación NeuronUP.

Qué factores podemos modificar

Existen factores que sí pueden modificarse a lo largo de la vida, entre ellos la actividad física, el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol, el aislamiento social o la pérdida auditiva y visual no tratadas. Además, estos factores no actúan de manera independiente, sino que pueden relacionarse entre sí.

Frente a ellos, existen otros factores que no pueden modificarse, como la edad, la historia familiar o la genética. «Tener predisposición genética puede aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad, pero no determina necesariamente que vaya a aparecer y por supuesto que no convierte los hábitos saludables en irrelevantes. Al contrario, es especialmente importante cuidar aquello sobre lo que sí podemos actuar», señala Medina.

Nunca es tarde

El cuidado de la salud cerebral se construye durante toda la vida. Lo ideal es comenzar desde edades tempranas y mantener los hábitos saludables durante décadas, pero empezar a actuar a los 60, 70 u 80 años sigue teniendo sentido.

Medina también advierte frente a los mensajes que atribuyen un supuesto efecto preventivo a un único hábito: «Cuando se presenta un solo alimento, suplemento o actividad como una forma de prevenir el alzhéimer, conviene ser prudentes. La salud cerebral es mucho más compleja y requiere un enfoque global».

Tres cambios cotidianos

Para una persona sana que quiera cuidar su salud cerebral, Medina destaca tres hábitos cotidianos:

1. Moverse de forma regular. Mantener una actividad física frecuente, combinando ejercicio aeróbico, fuerza y reduciendo el tiempo sedentario.

2. Mantener una estimulación cognitiva recurrente. Aprender cosas nuevas, leer, resolver problemas, practicar un idioma, tocar un instrumento o realizar actividades que supongan un reto mental.

3. Cuidar las relaciones sociales. Conversar, compartir actividades, mantener vínculos significativos y evitar el aislamiento social.

Cómo afecta a los recuerdos

El alzhéimer no afecta a todos los tipos de memoria de la misma manera. La memoria episódica, que permite recordar acontecimientos personales y experiencias recientes, es una de las primeras funciones que suele presentar dificultades, especialmente a la hora de incorporar información nueva.

Esto explica por qué una persona puede recordar con detalle un acontecimiento ocurrido hace décadas y, sin embargo, olvidar qué ha desayunado esa misma mañana o repetir una pregunta pocos minutos después.

«El desayuno de esta mañana es una experiencia reciente que todavía necesita ser atendida, procesada y consolidada para convertirse en un recuerdo duradero. Un recuerdo de infancia, en cambio, lleva décadas consolidándose, siendo recordado y relacionándose con otras experiencias, por lo que suele resistir durante más tiempo», explica Medina.

Los recuerdos recientes son especialmente vulnerables porque todavía tienen que atravesar diferentes procesos antes de almacenarse de forma estable. En algunos casos, por tanto, no se trata simplemente de que la persona haya olvidado algo que estaba perfectamente guardado, sino de que esa información nunca llegó a consolidarse adecuadamente.

La estimulación cognitiva puede contribuir a mantener determinadas capacidades, favorecer la autonomía y ayudar a que la persona continúe implicada en actividades significativas. Sin embargo, no detiene la neurodegeneración ni permite recuperar las funciones cognitivas ya afectadas.

Estimular cognitivamente no implica únicamente realizar ejercicios específicos. Actividades cotidianas como cocinar, conversar, escuchar música, ordenar fotografías, cantar canciones conocidas, cuidar plantas o realizar tareas familiares pueden activar de manera simultánea la atención, el lenguaje, la memoria, las habilidades procedimentales y las emociones.

¿Olvidos normales o Alzheimer?

Cuando una persona empieza a experimentar pequeños olvidos, no todos tienen el mismo significado. Algunos pueden ser despistes puntuales, mientras que otros pueden reflejar un cambio respecto a las capacidades cognitivas habituales que se mantiene o progresa con el tiempo.

Detectar esta evolución permite valorar antes qué está ocurriendo y diferenciar los cambios que pueden formar parte del envejecimiento normal de aquellos que podrían requerir una evaluación especializada.

El Dr. Gabriel Salazar, neurólogo consultor de Instituto Clavel explica: «No debemos alarmarnos ante un olvido aislado. Lo que nos debe hacer consultar al médico es observar que una persona empieza a tener dificultades para hacer cosas que antes realizaba con normalidad, que esos cambios se repiten o que necesita cada vez más ayuda».

Entre las señales que pueden justificar una valoración se encuentran:

  1. Repetir de forma frecuente preguntas o conversaciones recientes.
  2. Tener cada vez más dificultades para encontrar palabras
  3. Perder capacidad para organizar tareas habituales
  4. Necesitar ayuda para actividades que antes se realizaban de manera autónoma.
  5. También puede ser significativo desorientarse en lugares conocidos
  6. Presentar dificultades crecientes para desenvolverse en situaciones cotidianas.

«La diferencia respecto a los olvidos propios del envejecimiento está, por tanto, menos en olvidar que en perder una capacidad. Lo importante es comparar el funcionamiento actual con el que tenía esa persona anteriormente. Una dificultad nueva que se mantiene y progresa merece ser estudiada», señala el Dr. Salazar.

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