Daño renal

Daño renalGetty Images

La señal en la orina que puede alertar de un daño renal y pasar desapercibida en una analítica

Una nueva generación de fármacos ayuda a frenar la enfermedad renal desde sus fases iniciales

La enfermedad renal crónica afecta a cerca de siete millones de personas en España, aproximadamente el 15 % de la población. Pese a su elevada prevalencia, sigue siendo una patología poco conocida: muchos pacientes no descubren que la padecen hasta que se encuentra en fases avanzadas. La diabetes, la hipertensión, la obesidad y el envejecimiento son algunos de los principales factores que explican su crecimiento.

Desde la Sociedad Española de Nefrología (SEN) alertan de que esta enfermedad se ha convertido en una auténtica «epidemia silenciosa». Sin embargo, los avances terapéuticos de los últimos años están abriendo nuevas posibilidades para retrasar su progresión y reducir sus complicaciones.

Más allá del control de la diabetes

Entre los tratamientos que han cambiado el abordaje de la enfermedad renal destacan los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (SGLT2). Aunque se desarrollaron inicialmente para tratar la diabetes tipo 2, hoy también se utilizan por sus efectos protectores sobre el riñón y el sistema cardiovascular.

La doctora Belén Alemany, nefróloga del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre y especialista en enfermedad cardio-reno-metabólica explica en un comunicado que «los SGLT2 han cambiado completamente nuestra forma de abordar la enfermedad renal. Son mucho más que medicamentos para controlar el azúcar. Lo que realmente hacen es proteger órganos tan importantes como el riñón y el corazón».

Una de sus principales ventajas es que han demostrado beneficios incluso en personas que no tienen diabetes. Según la especialista, estos fármacos pueden ralentizar el deterioro de la función renal y reducir el riesgo de hospitalización por insuficiencia cardiaca.

La importancia de empezar a tiempo

La protección que ofrecen estos medicamentos puede ser especialmente relevante cuando la enfermedad todavía se encuentra en sus primeras etapas.

«Durante años disponíamos de tratamientos que ayudaban a controlar la enfermedad, pero ahora contamos con fármacos capaces de modificar su evolución. Esa es la gran diferencia. Cuanto antes los utilizamos en los pacientes adecuados, mayor es la protección que conseguimos a largo plazo», señala Alemany.

Parte de su efecto se explica por la reducción de la presión dentro del sistema de filtrado de los riñones. Cuando existen problemas como hipertensión, diabetes o enfermedad renal, las estructuras encargadas de filtrar la sangre pueden verse sometidas a un esfuerzo excesivo durante años. «Los SGLT2 ayudan a reducir ese sobreesfuerzo y protegen al riñón del desgaste progresivo», explica la nefróloga.

Albúmina en la orina, una señal de alerta

Uno de los aspectos que permiten detectar el daño renal de forma temprana es la presencia de albúmina o proteínas en la orina. Esta alteración puede aparecer incluso cuando el filtrado renal todavía se encuentra dentro de valores aparentemente normales.

«La albúmina en orina es una señal de alarma muy precoz. Nos habla no solo de daño renal, sino también de daño vascular y de un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca. Detectarla a tiempo nos permite actuar antes de que aparezca un daño irreversible», afirma la especialista.

Por eso, las pruebas de orina y el seguimiento de la función renal pueden desempeñar un papel importante en la identificación de personas que necesitan una valoración médica.

Eliminación de líquidos

Los inhibidores SGLT2 favorecen la eliminación de glucosa y sodio a través de la orina. Este mecanismo produce un efecto diurético suave y contribuye a reducir la sobrecarga de líquidos.

«Estos tratamientos ayudan a eliminar parte del exceso de líquido y azúcar por la orina. Por eso muchos pacientes notan que orinan más al principio», comenta Alemany.

Durante el tratamiento es importante mantener una hidratación adecuada y seguir las indicaciones del especialista, especialmente en situaciones que pueden favorecer la deshidratación, como los episodios de calor intenso o las gastroenteritis.

«Son fármacos muy seguros cuando están bien indicados y controlados. Pero, como cualquier tratamiento, necesitan seguimiento médico y educación del paciente», añade.

La nefróloga insiste en que la detección precoz y la prevención son esenciales para mejorar el pronóstico. «Durante muchos años llegábamos tarde a la enfermedad renal. Hoy sabemos que cuanto antes protegemos el riñón, el corazón y las arterias, mejores resultados obtenemos a largo plazo. La prevención y la detección precoz son fundamentales para cambiar la historia natural de la enfermedad», concluye la doctora Alemany.

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