El dolor en la planta del pie debe consultarse con un podólogo
Dolor en la planta: la señal de lesión que puede deforma los dedos del pie
La podóloga Natalia Rolando advierte del síndrome de predislocación
Un dolor punzante en la planta del pie, justo debajo del segundo dedo, puede ser uno de los primeros síntomas del síndrome de predislocación, una lesión que afecta a la articulación de ese dedo. Si no se diagnostica y trata a tiempo, puede provocar inestabilidad, luxación y deformidades.
Natalia Rolando, podóloga del Hospital Quirónsalud Marbella, explica que «la primera señal de alerta suele ser un dolor punzante localizado en la planta del pie bajo la cabeza del segundo metatarsiano, especialmente al caminar».
Aunque existen otras lesiones que pueden causar molestias en esta zona, es importante distinguirlas para identificar el problema. «En la parte anterior del pie se pueden dar otras lesiones como el neuroma de Morton, pero este tiene una localización diferente y el dolor es más tipo calambre/nervioso», señala la especialista.
Síndrome de predislocación
Hay varios factores que pueden favorecer la aparición del síndrome de predislocación. Entre ellos se encuentran el uso habitual de zapatos de tacón y la práctica de actividades deportivas con impacto repetitivo, como correr o saltar.
También influyen determinadas características anatómicas y biomecánicas del pie, como tener el segundo metatarsiano más largo que el primero, presentar juanetes o laxitud ligamentosa y sufrir una distribución irregular de las presiones plantares. La artritis reumatoide es otro factor que puede contribuir a su desarrollo.
«Es importante tener en cuenta tanto los hábitos de cada persona, especialmente el tipo de calzado y la actividad física que realiza, como las características anatómicas y biomecánicas de su pie», subraya Rolando.
La importancia del diagnóstico
Para identificar esta lesión, el podólogo realiza una historia clínica y una exploración física en la que comprueba dónde se localiza el dolor, cómo está alineado el dedo y cuál es la estabilidad de la articulación.
Cuando es necesario, el estudio se completa con pruebas de imagen. La radiografía permite valorar la alineación de los huesos, mientras que la ecografía y la resonancia magnética ayudan a examinar la placa plantar, una estructura fundamental para la estabilidad de la articulación.
Si la lesión no se detecta a tiempo, el deterioro progresivo de la placa plantar puede provocar una pérdida de estabilidad. En consecuencia, pueden aparecer una subluxación, una luxación y una desviación del segundo dedo.
Por eso, reconocer el problema en sus primeras fases permite establecer un tratamiento adaptado antes de que se desarrollen deformidades más avanzadas.
Evolución de la lesión
En las fases iniciales, el abordaje suele ser conservador. Puede incluir cambios en el calzado, descarga de la zona dolorida, adaptación de la actividad física y, cuando está indicado, el uso de plantillas personalizadas para redistribuir las presiones en la planta del pie.
Si existe una inestabilidad importante, la deformidad avanza o las medidas conservadoras no funcionan, puede valorarse la intervención quirúrgica.
«El objetivo principal es aliviar el dolor, reducir la sobrecarga mecánica y preservar la estabilidad de la articulación, evitando en la medida de lo posible la progresión de la deformidad», explica la podóloga.
Natalia Rolando recomienda no restar importancia a las molestias persistentes ni atribuirlas automáticamente al calzado o a una sobrecarga puntual. Consultar con un especialista cuando el dolor continúa o aparece una desviación del dedo permite estudiar su origen y actuar antes de que la deformidad se consolide.