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Irene Montero durante el acto de la Conferencia Española de Religiosos y asociación Desterradas Hijas de EvaEFE

Irene Montero revienta un acto de perdón de la Iglesia a víctimas del Patronato de la Mujer al que acudía Ana Redondo

El presidente de CONFER, Jesús Díaz Sariego, pidió perdón públicamente y reconoció que aquellos centros eran «más una cárcel que un medio de promoción humana»

Lo que iba a ser un solemne acto de perdón por parte de la Iglesia a las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer acabó convirtiéndose en una escena de tensión política y reivindicación imparable. La exministra de Igualdad y actual eurodiputada de Podemos, Irene Montero, protagonizó un inesperado boicot a su sucesora, Ana Redondo, ministra de Igualdad del Gobierno, que asistía en silencio al evento organizado por la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).

Mientras cientos de mujeres –víctimas de los centros religiosos tutelados por el Patronato durante la dictadura franquista– alzaban sus voces gritando durante diez minutos «Verdad, justicia y reparación. Ni olvido ni perdón», Montero aprovechaba para acaparar focos y marcar perfil propio. Con tono contundente, exigió al Gobierno del que formó parte y a la Iglesia «la entrega inmediata de todos los archivos» que ayuden a esclarecer los crímenes cometidos en estos centros. Un mensaje con carga directa a la ministra Redondo, que no hizo declaraciones y se mantuvo en un segundo plano ante el protagonismo que le arrebataba su antecesora.

El acto, celebrado en la Fundación Pablo VI, fue testigo de durísimos testimonios de mujeres que vivieron en esos centros gestionados por congregaciones religiosas: castigos físicos, explotación laboral, palizas, adoctrinamiento extremo e incluso torturas como las «ortigas en la vulva» o hacer cruces en el suelo con la lengua. Las denuncias llegaron a calificar el Patronato como «la mayor aberración del siglo XXI».

Desde la Iglesia, el presidente de CONFER, Jesús Díaz Sariego, pidió perdón públicamente y reconoció que aquellos centros eran «más una cárcel que un medio de promoción humana». También tres religiosas –Carmen Ortega, Antonia López y Mati Mena– se sumaron a la petición de perdón y prometieron abrir los archivos de sus congregaciones.

Pero la escena ya estaba completamente marcada por el contraste entre el respeto institucional representado por Redondo y el gesto desafiante de Montero, que no dudó en reaparecer con fuerza para liderar –aunque fuese desde la oposición– una causa histórica para la extrema izquierda. A su lado, mujeres con carteles de «NO» y gritos que empañaron un acto pensado para reconciliar y pedonar.