En el centro cántabro de Formación Profesional La Granja de Heras - EFE
Más de mil especies cultivadas por profesores y estudiantes forman un mosaico botánico en Cantabria
El objetivo era restaurar el suelo con tierra vegetal y plantar especies arbóreas de distintos continentes.
En el centro cántabro de Formación Profesional La Granja de Heras (Cantabria), donde hace décadas se explotaba el hierro, florece el único jardín botánico con más de mil especies vegetales, algunas que se creían extinguidas, cultivadas por profesores y estudiantes.
Ese rincón verde es más que un espacio natural, es un laboratorio vivo de aprendizaje, biodiversidad y sostenibilidad.
La transformación del jardín comenzó hace décadas, sobre un terreno degradado por la actividad minera, con cadáveres de vacas con óxidos y con un vertido incontrolado de escombros de las obras de la autovía Bilbao-Santander.
El profesor de botánica agrícola y diseño de jardines de este Centro Integrado de FP del municipio cántabro Medio Cudeyo, Rafael Martínez, explica a EFE que la regeneración del espacio fue impulsada por el departamento de Agraria, que apostó por un modelo radicalmente distinto.
«El jardín es completamente sostenible», afirma el profesor, que lleva 27 años formando a generaciones de alumnos en materias tan diversas como ganadería, jardinería o botánica agrícola, su especialidad actual y lo que más le gusta.
Reconoce que la naturalidad del entorno atrae a jabalíes, corzos y liebres que hacen de las suyas entre las plantas, lo que representa una de las principales amenazas junto a plagas como el picudo rojo en las palmeras o la polilla en los bojes.
Este jardín botánico de Heras no deja de crecer ni de enseñar, ya que con cada árbol y cada arbusto cuentan una historia de adaptación, recuperación y biodiversidad. Y todo ello gracias al esfuerzo conjunto de profesores y alumnos que, con paciencia y conocimiento, han convertido un antiguo vertedero en un jardín botánico que mira al futuro.