Fundado en 1910

El CSIC consigue diseñar una molécula a través de IA, para tratar el alzhéimer y el cáncerGetty Images

Las personas con un alto nivel educativo podrían ser diagnosticadas con alzhéimer más tarde que el resto

Una vez se presenta el deterioro de la memoria y las capacidades cognitivas, el avance suele ser más acusado

Investigadores de la Facultad de Medicina Chobanian & Avedisian de la Universidad de Boston (Estados Unidos) han constatado que, tras el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, las personas con una formación académica más extensa experimentan un deterioro más rápido de la memoria y las capacidades cognitivas en comparación con aquellas con menor nivel educativo.

Este trabajo se enmarca en el estudio de la denominada reserva cognitiva, entendida como la habilidad del cerebro para preservar su funcionamiento pese al envejecimiento, las lesiones o la aparición de enfermedades. Esta capacidad se basa en el uso de estrategias mentales adquiridas previamente o en la adopción de mecanismos de compensación frente a las alteraciones cerebrales.

La hipótesis asociada a esta noción plantea que quienes poseen mayor reserva cognitiva –habitualmente ligada a un mayor nivel de instrucción– toleran durante más tiempo la patología asociada a la enfermedad de Alzheimer sin manifestar síntomas funcionales. No obstante, una vez se presenta el deterioro, el avance suele ser más acusado. Hasta el momento, las evidencias empíricas que sustentaban esta segunda parte de la hipótesis procedían, en su mayoría, de investigaciones realizadas en Estados Unidos.

Los nuevos resultados, publicados en la revista Journal of Alzheimer’s Disease, refuerzan dicha teoría al analizar datos de personas mayores residentes en Inglaterra, Alemania y Francia. Tal como explica la doctora Jinying Chen, autora principal del estudio, «nuestro estudio sugiere que las personas con mayor nivel educativo podrían ser diagnosticadas con Alzheimer más tarde, posiblemente porque sus cerebros ocultan los síntomas durante más tiempo, pero luego su deterioro es más rápido».

A juicio de Chen, esta circunstancia exige una mayor atención por parte del entorno clínico y familiar: «Esto significa que los médicos y las familias deben estar especialmente atentos a los cambios tempranos y sutiles en la memoria, el habla, el pensamiento, el juicio y el estado de ánimo en adultos con un nivel educativo alto, para que el tratamiento y el apoyo puedan comenzar lo antes posible, explica la autora correspondiente».

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación examinó la evolución de más de 1.300 pacientes con diagnóstico de Alzheimer atendidos en clínicas de memoria de los tres países europeos citados, en el marco del estudio GERAS. A lo largo de un periodo de entre 18 meses y tres años, se evaluó su función cognitiva mediante el Mini-Mental State Examination (MMSE), una herramienta estándar utilizada para detectar el deterioro cognitivo y seguir su progresión.

Con la ayuda de métodos estadísticos, los investigadores observaron la velocidad con la que las puntuaciones del MMSE disminuían tras el diagnóstico, comparando dos grupos: aquellos con 12 o más años de escolarización y quienes contaban con menos formación. En el análisis se ajustaron variables como la edad, el sexo, la presencia de otras patologías, los tratamientos recibidos, el país de residencia y el tiempo transcurrido desde la detección de la enfermedad.

Uno de los aspectos relevantes del estudio es la advertencia sobre las limitaciones del MMSE en la identificación de los primeros signos de la enfermedad en personas con alta educación. Según apuntan los investigadores, aunque los exámenes neuropsicológicos más complejos pueden detectar cambios más sutiles, su duración, coste y necesidad de personal cualificado dificultan su aplicación generalizada.

Ante esta situación, los expertos proponen desarrollar pruebas digitales de autodiagnóstico mediante dispositivos móviles o tecnología vestible (wearables), que ofrezcan resultados automáticos. Estas herramientas podrían permitir una detección más temprana, asequible y extensible de los primeros indicios de alzhéimer.

«Esperamos que nuestros hallazgos conduzcan a mejores formas de detectar la enfermedad de Alzheimer en una fase temprana, especialmente en personas que pueden no mostrar síntomas evidentes al principio. Una detección más temprana significa que las familias pueden planificar antes y los médicos pueden iniciar tratamientos que pueden ayudar a ralentizar la enfermedad», concluye Chen.