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Su función principal es la detección inmediata de errores tipográficos

La letra del DNI: qué representa y cómo se asigna a cada ciudadano

Un simple carácter alfabético se convierte en la primera línea de defensa contra errores humanos y fraudes de identidad en la era digital

La letra que acompaña a los ocho dígitos de nuestro Documento Nacional de Identidad (DNI) suele percibirse como un elemento arbitrario, pero en realidad es el resultado de un algoritmo matemático diseñado para garantizar la seguridad del sistema administrativo español. Introducida oficialmente a principios de los años noventa, actúa como un dígito de control.

Su función principal es la detección inmediata de errores tipográficos. Cuando introducimos nuestro número en un formulario bancario o institucional, el sistema aplica instantáneamente una operación de cálculo para verificar que la letra introducida coincide con la que corresponde a esos números, bloqueando el proceso si detecta cualquier descuadre.

El método utilizado para asignar esta letra se conoce como algoritmo de módulo 23. El proceso consiste en dividir el número completo del DNI entre 23 y extraer el resto de esa división entera, que siempre será un valor comprendido entre el 0 y el 22. Cada uno de estos posibles restos tiene asignada una letra específica en una tabla de equivalencias fija establecida por el Ministerio del Interior.

Por ejemplo, un resto de valor cero siempre dará como resultado la letra T, mientras que un resto de 22 corresponderá a la letra E. Este sistema se aplica de igual forma a los extranjeros residentes en España, aunque con un paso previo de conversión numérica para las letras X, Y y Z que inician su Número de Identificación de Extranjero (NIE).

Exclusión deliberada de cuatro letras

Un detalle curioso del alfabeto del DNI es la exclusión deliberada de cuatro letras: la I, la O, la U y la Ñ. Los motivos combinan la practicidad técnica con la claridad visual. Las letras I y O se descartaron para evitar confusiones gráficas con los números uno y cero, especialmente en los antiguos lectores ópticos de documentos.

Por su parte, la Ñ se eliminó para evitar problemas de compatibilidad en sistemas informáticos internacionales, mientras que la U se descartó por su similitud con la V en ciertas tipografías. Gracias a este ingenio matemático, lo que parece un simple carácter alfabético se convierte en la primera línea de defensa contra errores humanos y fraudes de identidad en la era digital.