Mosquito chikungunya
Descubren una enfermedad «extremadamente dolorosa» capaz de transmitirse por toda Europa
El virus fue identificado por primera vez en 1952 en Tanzania y durante décadas se limitó a zonas tropicales, donde causa millones de infecciones anuales
El aumento sostenido de las temperaturas asociado a la crisis climática está ampliando de forma significativa el periodo anual en el que pueden producirse infecciones por chikunguña en Europa. Según un nuevo estudio científico, en países del sur como España, Portugal, Italia o Grecia, la transmisión ya es posible durante más de seis meses al año, mientras que en regiones más septentrionales, como el sureste de Inglaterra, el riesgo puede extenderse durante al menos dos meses. Los expertos advierten de que, si el calentamiento global continúa al ritmo actual, la expansión de la enfermedad hacia latitudes más altas será inevitable.
La investigación, publicada en el medio The Guardian, constituye el primer análisis exhaustivo que evalúa el impacto de la temperatura en el tiempo de incubación del virus dentro del mosquito tigre asiático, una especie invasora que se ha extendido por Europa en las últimas décadas. Los resultados revelan que la temperatura mínima a la que puede producirse la transmisión es entre 13 y 14 grados, es decir, 2,5 grados por debajo de las estimaciones anteriores, que la situaban entre 16 y 18 grados. Esta diferencia, calificada por los autores como «bastante alarmante», implica que el riesgo de brotes es mayor y más prolongado de lo que se pensaba.
El virus del chikunguña fue identificado por primera vez en 1952 en Tanzania y durante décadas se limitó a zonas tropicales, donde causa millones de infecciones anuales. La enfermedad provoca un dolor articular intenso y prolongado, altamente debilitante y potencialmente mortal en niños pequeños y personas mayores. Aunque en Europa se habían notificado hasta hace poco solo casos aislados en más de diez países, en 2025 se registraron brotes de gran magnitud en Francia e Italia, con cientos de afectados.
Sandeep Tegar, investigador del Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido y autor principal del trabajo, ha subrayado en The Guardian que la tasa de calentamiento global en Europa es aproximadamente «el doble de la tasa de calentamiento global a escala global», y el límite inferior de temperatura para la propagación del virus es «muy importante», por lo que sus nuevas estimaciones son «bastante alarmantes». Así, ha apuntado que la expansión de la enfermedad hacia el norte es «solo cuestión de tiempo».
En la misma línea, el doctor Steven White, también del UKCEH, ha recordado el cambio de escenario vivido en apenas dos décadas: «Hace veinte años, si alguien hubiera dicho que íbamos a tener chikunguña y dengue en Europa, todos habrían dicho que estaba loco: son enfermedades tropicales. Ahora todo ha cambiado. Esto se debe a este mosquito invasor y al cambio climático; es así de simple».
El ritmo de crecimiento de los casos preocupa especialmente a los especialistas. Francia, por ejemplo, había contabilizado en torno a 30 infecciones en la última década, pero solo el año pasado superó las 800. En muchos casos, el virus fue introducido por viajeros procedentes de territorios franceses de ultramar, como la isla de Reunión, donde se habían producido brotes.
La doctora Diana Rojas Álvarez, responsable en la Organización Mundial de la Salud del equipo dedicado a virus transmitidos por insectos y garrapatas, valoró la importancia del estudio: «Este estudio es importante porque indica que la transmisión (En Europa) podría hacerse aún más evidente con el tiempo». Además, ha advertido de que hasta un 40 % de los afectados puede seguir sufriendo artritis o dolor intenso cinco años después de la infección.
El mecanismo de transmisión explica la influencia directa de la temperatura. Cuando un mosquito pica a una persona infectada, el virus se instala en su intestino y, tras un periodo de incubación, pasa a la saliva, lo que permite contagiar a la siguiente persona. Sin embargo, si ese periodo supera la esperanza de vida del insecto, la cadena de transmisión se interrumpe. El nuevo análisis, basado en datos de 49 estudios previos y publicado en el Journal of Royal Society Interface, ha permitido determinar por primera vez con precisión ese tiempo de incubación a lo largo de todo el rango térmico.
El trabajo ofrece también una cartografía más detallada del riesgo. «Identificar las ubicaciones específicas y los meses de posible transmisión permitirá a las autoridades locales decidir cuándo y dónde actuar», ha afirmado Tegar. Hasta ahora, los inviernos fríos europeos habían actuado como un freno natural que impedía la persistencia del virus entre temporadas. No obstante, los investigadores ya observan actividad del mosquito tigre durante todo el año en algunas zonas del sur del continente, lo que podría favorecer brotes de mayor tamaño. «Nuestra intuición es que tendremos brotes mucho más grandes porque no contamos con este cortafuegos natural», ha señalado White.
En el Reino Unido aún no se han confirmado transmisiones locales, pero entre enero y junio de 2025 se notificaron 73 casos importados, casi el triple que en el mismo periodo del año anterior. White ha insistido en la necesidad de actuar con rapidez: «Es importante que se sigan tomando medidas para intentar evitar que el mosquito tigre se establezca en [el Reino Unido] porque esta especie altamente invasiva es capaz de transmitir varias infecciones que pueden causar graves problemas de salud, incluidos los virus chikungunya, dengue y Zika».
Los expertos coinciden en que, aunque el clima desempeña un papel decisivo, todavía es posible contener la expansión mediante vigilancia epidemiológica, eliminación de aguas estancadas y campañas de prevención que incluyan el uso de ropa adecuada y repelentes. El margen de actuación existe, pero el calendario climático avanza con rapidez y el norte de Europa podría no tardar en comprobarlo.