Estrategia de cuidados paliativos sí, pero con ley y presupuestos
Que las administraciones públicas hayan sido capaces de alinearse en torno a este documento es un paso relevante, que merece ser reconocido
La aprobación de la nueva Estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030 es, sin duda, una excelente noticia para la sociedad española. Llega tras años de avances desiguales y de una reivindicación constante por parte de profesionales, pacientes y entidades sociales: la necesidad de un marco común que garantice el acceso equitativo a unos cuidados paliativos de calidad. Que las administraciones públicas hayan sido capaces de alinearse en torno a este documento es un paso relevante, que merece ser reconocido. Supone, además, una evolución conceptual importante al situar el sufrimiento del paciente, y no solo el pronóstico vital, en el centro de la atención.
Sin embargo, este avance no puede ni debe quedarse en un punto de llegada. Al contrario, debería entenderse como la antesala de un consenso político y social más ambicioso: la aprobación de una Ley estatal de cuidados paliativos. España lleva demasiado tiempo posponiendo este debate, mientras persisten desigualdades territoriales y lagunas en la atención. Una ley no solo consolidaría derechos, sino que ofrecería seguridad jurídica, homogeneidad en las prestaciones y un marco estable para el desarrollo de los servicios. Si existe acuerdo técnico, como demuestra esta estrategia, ahora es el momento de trasladarlo al ámbito legislativo.
Pero hay un tercer elemento que será, en última instancia, el que determine si esta estrategia transforma realmente la vida de las personas. Los recursos. La voluntad política no se mide solo en documentos, sino en presupuestos. Sin una financiación adecuada, las medidas propuestas –identificación precoz, atención 24/7, refuerzo de equipos, apoyo a cuidadores o extensión de la atención pediátrica– corren el riesgo de quedarse en una declaración de intenciones. Dotar económicamente esta estrategia no es un detalle menor, sino una cuestión de credibilidad institucional y de justicia social.
España ha dado un paso en la buena dirección. Ahora toca dar los siguientes con la misma determinación. Convertir el consenso técnico en consenso político, y las palabras en hechos tangibles. Porque garantizar unos cuidados paliativos dignos no es solo una cuestión sanitaria, sino un compromiso ético con la dignidad de las personas en uno de los momentos más vulnerables de su vida.
- Rogelio Altisent es presidente del Consejo Científico de Fundación Dignia