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María San Gil en el acto de NEOS

María San Gil en el acto de NEOS

NEOS pide revisar la ley de eutanasia tras el caso de Noelia Castillo y reclama cuidados paliativos

Uno de los momentos más relevantes del acto llegó con la intervención de Dolores Garrido, madre de seis hijos, tres de ellos con discapacidad

La Fundación NEOS y la Asamblea de Asociaciones por la Vida, la Libertad y la Dignidad celebraron este lunes en Madrid el acto «Ayuda a vivir, no a morir. El caso Noelia y la cultura de la muerte», una convocatoria organizada en un contexto de especial sensibilidad social tras la repercusión del caso de eutanasia de la joven Noelia Castillo. El encuentro llenó el auditorio de la Mutua Madrileña y reunió a especialistas en bioética, medicina y derecho, además de contar con el testimonio de gran hondura humana de Marimar García Garrido y de su madre, Marimar García Garrido, con el objetivo de llamar la atención de la sociedad sobre la dignidad de toda vida, con independencia de sus circunstancias, y sobre la respuesta que debe reclamarse al Estado ante el sufrimiento.

La vicepresidenta de NEOS, María San Gil, fue la encargada de abrir la jornada. En su intervención, insistió en la necesidad de abordar este debate desde su fundamento más profundo: la dignidad de la vida humana. San Gil señaló que el reciente caso de Noelia ha marcado un punto de inflexión que no debería dejar indiferente a la sociedad española. Asimismo, defendió que la vida es el «supra derecho», aquel sin el cual todos los demás derechos pierden sentido, y alertó del peligro de que se acabe normalizando la eliminación del sufrimiento a través de la muerte, en lugar de fortalecer los recursos de acompañamiento, atención y cuidado.

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Uno de los momentos más relevantes del acto llegó con la intervención de Dolores Garrido, madre de seis hijos, tres de ellos con discapacidad. Su testimonio, marcado por una profunda humanidad, imprimió al encuentro un tono especialmente emotivo. Sin recurrir al dramatismo, Garrido compartió su experiencia desde la naturalidad de la vida diaria y desde el amor cotidiano. En ese contexto, subrayó que en su familia «cada uno es llamado por su nombre, no por el problema que pueda tener», una afirmación con la que quiso defender que la fragilidad no disminuye el valor de ninguna persona, sino que exige más cuidado, más compromiso y una mayor responsabilidad por parte de quienes la rodean.

A continuación, su hija mayor, Marimar García Garrido, periodista afectada desde la infancia por una enfermedad degenerativa, quiso estar presente a través de unas palabras leídas por su madre. La comunicadora, autora del libro Mar Afuera, defendió desde su propia experiencia que «La dignidad humana reside en la propia persona, no en las circunstancias». Con esta reflexión rechazó que el valor de una vida pueda quedar condicionado por el grado de autonomía, por la enfermedad o por la presencia del dolor. Marimar insistió en que la verdadera misión de la sociedad consiste en acompañar, cuidar y sostener a quienes sufren, no en presentar la muerte como una respuesta o una salida.

Tras unos testimonios que pusieron en pie al auditorio y que muchos asistentes interpretaron como una verdadera lección de vida, se celebró una mesa redonda centrada en las dimensiones bioéticas, médicas y jurídicas del debate sobre la eutanasia. En ella participaron Elena Postigo, directora del Instituto de Bioética en la Universidad Francisco de Vitoria y presidenta de la Cátedra Internacional de Bioética Jérôme Lejeune; el médico especialista en cuidados paliativos Álvaro Gándara, y el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, Tomás Chivato. La mesa estuvo moderada por Ana del Pino, coordinadora territorial de NEOS y miembro de la coordinadora de la Asamblea por la Vida.

Los tres expertos coincidieron en que el debate sobre la eutanasia no puede plantearse únicamente como una cuestión de libertad individual. A su juicio, debe ser examinado desde una mirada más amplia, que tenga en cuenta la dignidad humana, el sentido del sufrimiento y la responsabilidad del Estado ante las personas vulnerables.

Elena Postigo centró su exposición en los fundamentos filosóficos del debate. Durante su intervención, advirtió de los riesgos de absolutizar la autonomía individual hasta separarla de la verdad sobre la persona. Defendió que la dignidad humana no depende de la capacidad de decidir ni de las condiciones concretas de existencia, sino que pertenece a toda persona por el mero hecho de serlo. En esa línea, reclamó la recuperación de una «bioética del cuidado», capaz de situar en el centro la relación, la dependencia y la responsabilidad compartida, frente a una concepción individualista de la vida.

Por su parte, Álvaro Gándara puso el acento en las deficiencias del sistema sanitario español en materia de cuidados paliativos. Según explicó, miles de personas fallecen cada año sin poder acceder a una atención adecuada. Esta carencia de medios y de desarrollo estructural hace que, en determinados casos, la eutanasia aparezca como una alternativa que responde más a la falta de cuidados que a una auténtica libertad de elección. Gándara denunció que se trata de una solución «rápida y barata» frente al esfuerzo económico y organizativo que exige una atención integral al final de la vida. Por ello, defendió la necesidad urgente de aprobar una ley nacional de cuidados paliativos, inexistente hoy en España, que garantice una atención digna a todos los pacientes, especialmente en un país que, además, ocupa puestos de cola en Europa en acceso a estos cuidados.

Tomás Chivato abordó el impacto de la eutanasia sobre la propia identidad de la medicina. Recordó que la tradición médica, desde sus orígenes, se ha asentado sobre el principio de no causar daño. En este sentido, afirmó que el papel del médico no es provocar la muerte, sino aliviar el sufrimiento y acompañar al paciente. También defendió el derecho a la objeción de conciencia como una garantía indispensable para los profesionales sanitarios que rechazan participar en prácticas contrarias a su ética. En relación con la lista de objetores, planteó la conveniencia de un registro inverso de quienes estén a favor de practicar la eutanasia.

El acto finalizó con la intervención de la jurista, escritora y profesora universitaria María Calvo Charro, quien ofreció una reflexión más amplia sobre la crisis cultural que atraviesa Occidente. En su análisis, apuntó que la pérdida de referentes antropológicos, familiares y espirituales se encuentra en la raíz de fenómenos como la banalización de la vida y la aceptación social de la eutanasia. No obstante, quiso concluir con un mensaje de esperanza, apelando a la capacidad de la sociedad, y de manera especial de las nuevas generaciones, para reconstruir una cultura centrada en la dignidad de la persona y en el valor del cuidado.

Como cierre de la jornada, Ana del Pino leyó el manifiesto «Ayuda a vivir, no a morir», una declaración pública en la que las entidades convocantes reafirmaron su compromiso con la defensa de la dignidad inviolable de toda vida humana y con una verdadera cultura del cuidado. El texto sostiene que una sociedad auténticamente humana no se mide por su capacidad de acelerar la muerte, sino por su compromiso con quienes atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad, ofreciéndoles acompañamiento, apoyo real y cuidados adecuados.

El manifiesto, disponible en la web de la Fundación NEOS, www.neosfundacion.es, será remitido al Defensor del Pueblo, así como a los grupos parlamentarios y a los partidos políticos. Junto a él, las entidades impulsoras solicitarán una revisión rigurosa de la actual Ley de eutanasia y del caso de la eutanasia practicada a Noelia Castillo, además de reclamar avances para aprobar una Ley nacional de cuidados paliativos que garantice alternativas reales de atención y acompañamiento para todos.

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