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Manuel Martínez-Sellés

La eutanasia en España, un plano cada vez más inclinado

En España iniciamos esta práctica con una anciana demenciada y ya vamos por una joven sin enfermedad terminal con patología psiquiátrica infratratada

Act. 19 may. 2026 - 12:12

Creía yo, ingenuo de mí, que el caso de Noelia removería conciencias y llevaría a una aplicación más estricta de la ley de eutanasia. En España iniciamos la eutanasia con una anciana demenciada y ya vamos por una joven sin enfermedad terminal con patología psiquiátrica infratratada. No parece suficiente para los defensores de una práctica que va contra la esencia de la medicina, condenada por la Asociación Médica Mundial y el Código Español de Deontología Médica. En una nueva vuelta de tuerca, mientras escribo estas líneas, el Tribunal Supremo debate si impedir que asociaciones o personas que no sean familiares con vínculo directo y cercano puedan recurrir judicialmente una eutanasia.

El caso se origina porque el padre de otro paciente, Francesc, también recurrió la eutanasia de su hijo al alegar que estaba en juego el derecho a la vida y la obligación del Estado a protegerla, y subrayar que este se encontraba en situación de vulnerabilidad porque padecía problemas de salud mental. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña sí reconoció el interés legítimo de un padre a recurrir, pero ahora el caso se dirime en el Supremo. La decisión sentará jurisprudencia sobre casos como los de Noelia y Francesc, pero también sobre aquellos más vulnerables, los que no tienen familiares que se preocupen de ellos.

En esos casos, aunque alguna asociación o persona detecte una irregularidad, no podría solicitar amparo judicial para impedir una muerte provocada. Al mismo tiempo, nos encontramos con otras iniciativas encaminadas a acelerar los tiempos para recibir la eutanasia, como la del Parlament de Cataluña, que elevó al Congreso de los Diputados una petición para reformar la ley vigente. La teoría del plano inclinado o pendiente resbaladiza sostiene que legalizarla para casos excepcionales llevará, inevitablemente y de forma descontrolada, a su aplicación en supuestos cada vez más amplios, eliminando las salvaguardas iniciales.

Lamentablemente, se ha comprobado ya en el único sitio de Europa que nos precedió en la legalización de la eutanasia, el Benelux. En nuestro caso parece que la inclinación se está haciendo cada vez más pronunciada a un ritmo acelerado. Qué envidia ver como en Francia su senado rechazaba, hace una semana, por segunda vez, la eutanasia. Nuestros vecinos han apostado por aprobar definitivamente una ley de cuidados paliativos. Frente a la dualidad de sufrimiento o eutanasia que algunos quieren presentar a nuestros enfermos, los senadores franceses nos han mostrado la vía acorde con la ética.

Por 325 votos contra 18, sin enmiendas y en apenas 45 minutos, han certificado el texto que refuerza el acceso territorial a los cuidados paliativos y crea las llamadas «casas de acompañamiento y cuidados paliativos», estructuras intermedias entre el hospital y el domicilio.

Termino con las palabras de la Dra. Ségolène Perruchio, presidenta de la Sociedad Francesa de Cuidados Paliativos, denunciando que la eutanasia «inscribe más explícitamente aún la muerte provocada en el ámbito del cuidado, en detrimento de la claridad de los referentes médicos, de la protección de las personas vulnerables y de los principios fundamentales de la ética sanitaria». Aunque la Dra. Perruchio las destinó a los políticos franceses, ojalá las escucharan los nuestros.

  • Manuel Martínez-Sellés es presidente del Colegio de Médicos de Madrid
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