Manifestación convocada por el sindicato de médicos madrileños Amyts
Mónica García incendia a los médicos con el Estatuto Marco: «Es una traición viniendo de una compañera»
El malestar, denuncian los profesionales, responde a la falta de negociación efectiva con la titular de la cartera de Sanidad
Los paros convocados por los doctores ya han acabado. El calendario de verano les impide seguir, pero la falta de acuerdo con Sanidad les hará continuar en septiembre, esta vez con una huelga indefinida. La nula escucha de la ministra Mónica García, el desprecio a sus colegas de profesión –los médicos y facultativos– y su dejadez para no reformar el Estatuto Marco han encendido a un sector esencial para los ciudadanos españoles: el sanitario.
El malestar, denuncian los profesionales, responde a la falta de negociación efectiva con la titular de la cartera de Sanidad, a quien acusan de no abordar una reforma seria del Estatuto Marco y de trasladar todas sus competencias a las comunidades autónomas. García sostiene que su labor «ya está realizada» y que ahora «les corresponde a las autonomías avanzar».
Aunque se están «moviendo cosas» en comunidades como Asturias y Galicia, otras, como Madrid, siguen paralizadas. Así lo explica Ángela Hernández, secretaria general de Amyts a El Debate, quien considera especialmente llamativo que esta situación se produzca en Madrid, «la locomotora económica del país» y, al mismo tiempo, la comunidad con mayor coste de vida. Por ello, reclaman y «seguirán reclamando» mejoras tanto a la consejería como al Ministerio de Sanidad.
A nivel autonómico han pedido a lo largo de todos estos meses «una mesa de negociación autonómica propia y mejoras retributivas que eviten que Madrid siga situándose en la cola de España». En este último punto han conseguido algunos avances, puesto que la Consejería ha anunciado mejoras retributivas. Sin embargo, anota, aun así les situará «ligeramente por debajo de la media».
Por otra parte, subraya que también existen «cuestiones relacionadas con el desarrollo profesional y otros muchos aspectos». Todos ellos, confiesa la también cirujana general, deberían hablarse con «los representantes de los facultativos de la Comunidad de Madrid». A pesar de su interés, reconoce que aún no han podido: «No entendemos por qué la Consejería de Sanidad sigue sin querer hacerlo», lamenta.
Sus peticiones a nivel nacional
Si bien las autonomías están implicadas, el oro se lo lleva el Ministerio de Sanidad. Este punto, reconoce la Dra. Hernández, es «más doloroso», sobre todo viniendo de «una compañera de profesión» que ha sufrido las condiciones del Estatuto Marco de 2003.
Al hilo, señala que ese año se introdujo «una jornada discriminatoria para los médicos respecto al resto de categorías profesionales». Y es que se encuentran dentro del mismo marco normativo, pero con una jornada diferente basada en las guardias, que generan «desigualdades estructurales dentro del Sistema Nacional de Salud».
Aunque reconoce que el anteproyecto actual introduce mejoras puntuales, considera que los cambios siguen siendo insuficientes. Ejemplo de ello son los límites de jornada. En Europa, expone la doctora, son concebidos como mecanismos de protección. En España no ha ocurrido eso, ya que, aunque tratando de mejorarlos, se han convertido en mínimos que «no garantizan la seguridad ni la salud laboral».
Las tres grandes demandas
Otro de los problemas, confiesa la médico, es la clasificación profesional, ya que parte de las modificaciones planteadas parecen orientadas a «ampliar competencias de otras categorías profesionales, incluidas responsabilidades de gestión». En este sentido, la doctora Hernández admite que ellos defienden «el trabajo en equipo», pero creen que determinadas decisiones «no pueden adoptarse sin la participación y la visión de facultativos». Por ello, exigen la creación de «una mesa de negociación específica» para la profesión médica a nivel estatal, algo que requeriría modificaciones legislativas.
Existen otras cuestiones importantes, como la jubilación. Mientras las guardias sigan siendo obligatorias, creen que deberían tener «algún tipo de reconocimiento específico, como ocurre en otras profesiones del sistema público». Así, destaca que siguen sin entender por qué los facultativos reciben un tratamiento diferente al de otras categorías profesionales del Sistema Nacional de Salud.
Por último, denuncia que este deterioro no es puntual, sino progresivo. Esto es un grave problema para el SNS, puesto que muchos doctores podrían dejar el sistema público y optar por la sanidad privada y empezar a ejercer fuera de España. «Es doloroso», afirma la doctora Hernández, porque, a pesar de las carencias del sistema, siguen creyendo que la sanidad pública de nuestro país es excepcional y capaz de tratar a un paciente independientemente de su situación económica.