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Manifestantes a favor de la ley trans en una imagen de archivo

Manifestantes a favor de la ley trans en una imagen de archivoEFE

Más de 4.000 niños británicos esperan atención para la transición de género, incluidos menores de seis años

El objetivo del estudio es obtener evidencia sólida sobre cómo el momento de inicio del tratamiento puede influir en la calidad de vida, la salud mental, el desarrollo físico y la función cognitiva

La realidad sobre el ser humano cada vez está más difusa. En Reino Unido, los niños ya no van con seis años al parque a jugar con el resto de amigos, sino que piden cita junto a sus padres para que los servicios especializados de identidad de género del Servicio Nacional de Salud (NHS) valores su cambio de género.

Según datos oficiales recogidos por The Times, 4.079 menores de edad –entre los que figura algúno de seis años– están en lista de espera para ser atendidos en las tres clínicas de género actualmente operativas en el país que se dedican a «brindan apoyo a jóvenes angustiados por su identidad de género».

Del total de pacientes en espera, 260 tienen entre cinco y once años, es decir, se encuentran en edad de educación primaria. A pesar de la gravedad de los datos, el Servicio Nacional de Salud no ha revelado el número exacto de menores de seis años para preservar su confidencialidad, aunque confirmó que la cifra es inferior a diez.

Actualmente, Inglaterra cuenta con tres servicios especializados para menores ubicados en Londres, Bristol y el suroeste del país. Estos centros ofrecen una atención integral que incluye apoyo psicológico, evaluación de posibles trastornos del neurodesarrollo, como el autismo, y acompañamiento a las familias.

A partir de agosto, los menores atendidos en estas clínicas podrán participar en un ensayo clínico impulsado por el NHS para estudiar los efectos de los bloqueadores de la pubertad. El programa prevé reclutar hasta 250 participantes y permitirá la inclusión de niños y niñas desde los 11 años.

Los nuevos servicios fueron creados tras el cierre, en 2024, del Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género (GIDS), gestionado por el Tavistock and Portman NHS Foundation Trust. La clausura se produjo después de que diversas revisiones concluyeran que la atención prestada presentaba deficiencias y que, en algunos casos, se aceleraba el acceso a tratamientos hormonales sin una evaluación suficientemente exhaustiva.

Los menores pueden ser derivados a estas unidades por pediatras o especialistas en salud mental. No existe una edad mínima establecida para acceder a la atención relacionada con la identidad de género, y el NHS ha defendido la necesidad de ofrecer apoyo también a las familias de niños pequeños.

Los datos obtenidos por la agencia Press Association y recogidos por The Times indican que el tiempo medio de espera para una primera consulta ronda los dos años. No obstante, el volumen total de la lista de espera se ha reducido un 34 % durante el último año, una caída que podría estar relacionada con una disminución de las derivaciones.

Las clínicas no prescriben actualmente ni hormonas sexuales ni bloqueadores de la pubertad para tratar la disforia de género, ya que estos tratamientos quedaron excluidos de la práctica clínica habitual del NHS en 2024. Sin embargo, investigadores del King's College de Londres han recibido autorización para desarrollar un ensayo destinado a evaluar científicamente sus efectos.

La iniciativa fue una de las recomendaciones de la Revisión Cass, informe independiente que concluyó que las pruebas científicas existentes sobre los beneficios de los bloqueadores de la pubertad eran insuficientes y de calidad limitada.

Aunque el ensayo comenzó formalmente en noviembre, fue suspendido temporalmente en febrero antes de reclutar participantes debido a las preocupaciones expresadas por el regulador británico de medicamentos sobre posibles riesgos biológicos a largo plazo aún no cuantificados.

La Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) había sugerido inicialmente que los participantes tuvieran al menos 14 años. Sin embargo, recientemente confirmó que se habían acordado nuevos límites mínimos de edad, situados entre los 11 y los 12 años, dentro de un conjunto de medidas de seguridad reforzadas.

Según la MHRA, el objetivo del estudio es obtener evidencia sólida sobre cómo el momento de inicio del tratamiento puede influir en aspectos como la calidad de vida, la salud mental, el desarrollo físico, la función cognitiva y el malestar relacionado con el género.

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