Alannah
Aborta a las 24 semanas tras un embarazo por fecundación in vitro y casi muere por las complicaciones
Todo comenzó antes de su mayoría de edad. La adolescente tenía un deseo muy fuerte de tener un bebé. Sin embargo, sus dificultades para encontrar pareja empezaron a preocuparle y decidió que «no quería esperar más»
Alannah había deseado toda la vida ser madre desde los 16 años. A los 22 decidió no esperar más y, mediante un donante de esperma, intentó quedarse embarazada. No le funcionó, por lo que recurrió a un tratamiento de fecundación in vitro (FIV). Tras varios intentos fallidos, consiguió ver un positivo, pero en la ecografía de las 20 semanas los médicos detectaron que el feto padecía una malformación letal. A las 24 semanas decidió abortar y, días después, estuvo a punto de morir por una grave hemorragia posparto.
Todo comenzó antes de su mayoría de edad. La adolescente tenía un deseo muy fuerte de tener un bebé. Sin embargo, sus dificultades para encontrar pareja, «por varios traumas», empezaron a preocuparle y decidió que «no quería esperar más». Durante dos años, hasta cumplir los 18, intentó quedarse embarazada con un donante personal. Lo consiguió al segundo intento, pero tuvo «un aborto espontáneo antes de la semana seis de gestación», cuenta en una página de Gofundme que ha abierto para que le donen dinero para poder seguir con la FIV.
Continuó con el proceso, pero debido a su síndrome de ovario poliquístico, todos los intentos terminaron en embarazos bioquímicos o en negativo. En ese momento decidió informarse de la FIV. Ella residía en Nueva Zelanda, donde esta controvertida práctica tenía una lista de espera muy larga. Por ello, decidió viajar al Reino Unido. Esa mudanza, ya que decidió llevarse a su perro y gato, acabó con todos sus ahorros.
Con tal de financiar el procedimiento, Alannah trató de acogerse a un programa de donación compartida de óvulos, que consistía en ceder parte de sus óvulos para así abaratar el coste del procedimiento. Sin embargo, cuando reunió el dinero, la clínica dejó de ofrecer esa opción. Tuvo que empezar de cero en otro centro.
Cuatro años después se sometió a la estimulación ovárica. De los 18 óvulos obtenidos, solo tres embriones sobrevivieron y llegaron a la etapa de blastocisto (etapa de desarrollo embrionario que se alcanza entre el día cinco y seis tras la fecundación). Tras esto, tuvo un síndrome de hiperestimulación ovárica (originado por el exceso de hormonas).
Ecografía del embarazo
El segundo intento de transferencia fue el que dio resultado. El embarazo se desarrollaba con normalidad, pese a algunos sangrados, desmayos y fuertes náuseas, y el feto estaba sano. De hecho, ya sabía que era una niña. A pesar de las buenas noticias para la madre, la situación se complicó en la ecografía de la semana 20. Le dijeron que había poco líquido amniótico y que no podían ver mucho para hacer las revisiones: «Esperaba que me dijeran que bebiera más agua o que me hospitalizaran para recibir líquidos», explica en la página de recaudación.
Días después, la derivaron a la unidad de medicina fetal; allí le confirmaron que el feto presentaba una probable agenesia renal bilateral, una malformación incompatible con la vida, ya que lo más seguro es que los pulmones no se desarrollasen con normalidad. Ante ese diagnóstico, Alannah se rindió y decidió acabar con la vida de su hija a las 24 semanas (cinco meses y medio de embarazo). La mataron mediante un medicamento que detuvo su corazón. Tras esto, la expulsó de forma vaginal, como si de un parto se tratara. «Di a luz a Effie Mae de forma muy traumática el 24/04/26, una experiencia terrible», recuerda.
Su hija sin vida
Tras el nacimiento de la niña sin vida, la mujer recibió el alta. Cinco días después, sufrió una hemorragia posparto masiva causada por una retención de placenta, perdió más de 2,5 litros de sangre, entró en shock hipovolémico y estuvo a punto de morir. Los médicos lograron evitar una histerectomía mediante la colocación de un balón intrauterino. Le salvaron la vida.
Alannah asegura que quiere volver a intentarlo para tener a un hijo sano mediante fecundación in vitro. Sin embargo, no le va a resultar fácil, puesto que solo le queda «un embrión», cuya transferencia costaría unas 5.000 libras, una cantidad que no puede pagar tras acumular «una deuda de 10.000 libras por los tratamientos anteriores». Por todo ello, ha iniciado la recolecta de dinero, la cual ya acumula más de 1.500 euros.