Jin Mingri
China libera al pastor cristiano Jin Mingri después de que Trump intercediera ante Xi Jinping
La Constitución china reconoce formalmente la libertad religiosa, pero en la práctica el Gobierno «solo permite el funcionamiento de iglesias, templos y comunidades sometidos al control estatal»
Nueve meses después de ser detenido, el pastor Jin «Ezra» Mingri, fundador de la iglesia de Sion –una de las mayores congregaciones evangélicas no registradas del país–, ha sido puesto en libertad. Según informan la BBC y The New York Times, el religioso ya ha abandonado China y se encuentra en Estados Unidos, apenas dos meses después de que el presidente Donald Trump pidiera personalmente al mandatario chino, Xi Jinping, que revisara su caso.
Jin, también conocido como Ezra Jin, permaneció más de 250 días bajo custodia tras ser detenido en octubre durante una serie de redadas nocturnas contra comunidades cristianas que organizaciones de derechos humanos calificaron como una de las mayores ofensivas contra la libertad religiosa en la China contemporánea. Posteriormente fue acusado de «utilizar ilegalmente las redes de información», después de trasladar la actividad de su iglesia a internet cuando las autoridades clausuraron su sede de Pekín en 2018.
La Iglesia de Sión nació en 2007 con apenas una veintena de fieles, pero llegó a convertirse en una de las iglesias domésticas más importantes del país, con una red de alrededor de 10.000 creyentes repartidos en unas 40 ciudades chinas. Su crecimiento terminó chocando con las políticas del Partido Comunista Chino, que prohíbe las congregaciones religiosas independientes y exige que toda actividad religiosa se desarrolle bajo organizaciones controladas por el Estado. La iglesia fue prohibida oficialmente en 2018 tras negarse a instalar cámaras de vigilancia en sus instalaciones.
La liberación del pastor se produjo después de que Trump abordara su situación durante la reunión mantenida con Xi Jinping en Pekín el pasado mes de mayo. Tras aquel encuentro, el presidente estadounidense aseguró que el dirigente chino le había prometido que «consideraría seriamente» el caso, comenta la BBC. En la misma conversación también planteó la situación del empresario y activista prodemocracia de Hong Kong Jimmy Lai, condenado este año a 20 años de prisión por conspiración para colaborar con fuerzas extranjeras.
La familia del pastor celebró la noticia con un comunicado en el que agradeció expresamente el apoyo recibido por la Administración estadounidense. «Hemos presenciado un verdadero milagro y estamos profundamente conmovidos», afirmaron. También dieron las gracias a Trump «por su extraordinario liderazgo» y aseguraron que la liberación «no habría sido posible sin la intervención directa del presidente Xi Jinping». A su juicio, esperan que este gesto suponga «un cambio positivo para las personas de fe en China y para las relaciones entre ambos países».
Su hija, Grace Jin Drexel, confirmó que pudo reencontrarse con su padre en Los Ángeles, donde llegó el viernes por la noche. Era la primera vez que lo veía desde 2020 y, además, el pastor pudo conocer por primera vez a su nieto, nacido hace apenas un mes y llamado Ezra en su honor.
No obstante, la liberación de Jin no pone fin a la persecución contra las iglesias clandestinas. ChinaAid, organización estadounidense que documenta la persecución religiosa en China, recordó que otros ocho pastores vinculados a la Iglesia de Sión continúan encarcelados, apunta la BBC. Su fundador, Bob Fu, celebró la excarcelación del pastor, aunque advirtió de que «innumerables» creyentes permanecen aún detenidos en el país.
Entre ellos figura Franklin Wang Lin, otro de los responsables de la congregación, que recientemente informó desde prisión de que las autoridades habían añadido un nuevo cargo de fraude al procedimiento abierto contra él por «operaciones comerciales ilegales», subraya The New York Times.
En una carta remitida a su esposa a través de su abogado denunció haber perdido más de 13 kilos durante su encarcelamiento y sufrir desnutrición. Además, acusó a las autoridades de intentar considerar fraudulentas las donaciones realizadas por los cristianos, una práctica que, según escribió, contradice «dos mil años de tradición y práctica cristiana». Su esposa resumió la situación con una frase: «Nuestra fe no es un delito».
Tal y como revela The New York Times, la Constitución china reconoce formalmente la libertad religiosa, pero en la práctica el Gobierno «solo permite el funcionamiento de iglesias, templos y comunidades sometidos al control estatal». Pese a ello, se calcula que decenas de millones de cristianos continúan reuniéndose en iglesias clandestinas o domésticas repartidas por todo el país.