¿Cómo era la mente de quien democratizó el diseño de nuestros hogares?
El niño que vendía cerillas en bicicleta y que acabó fundando IKEA bajo la premisa de que nuestras casas pueden ser bonitas por poco dinero dejó la radiografía de su mente disruptiva plasmada en su firma.
Firma de Ingvar Kamprad fundador de IKEA
El código de la escritura de Ingvar Kamprad se articula sobre tres grandes pilares que definen su personalidad: una I mayúscula profundamente transformada respecto al modelo caligráfico, una marcada inclinación rígida y ascendente del trazado y un extraordinario desarrollo de la zona física y material de la escritura. La combinación de estos tres rasgos constituye una de las claves para comprender la mente que democratizó el diseño de nuestros hogares.
El primer gran rasgo de la firma del fundador de IKEA aparece en la I mayúscula de su nombre, una letra que en el modelo caligráfico escolar se construye mediante tres trazos rectos. Ingvar Kamprad rompe este patrón y transforma la letra en un amplio bucle que se proyecta hacia la zona superior de la escritura, correspondiente al mundo de las ideas, la imaginación y la representación mental. Todo el movimiento aparece además ejecutado con una intensa presión vertical y horizontal. La presión vertical refleja una fuerte autoafirmación, mientras que la presión horizontal dirige esa misma energía hacia la acción y la realización. Es aquí donde la escritura refleja que su pensamiento se sustenta en una creatividad especialmente desarrollada, una importante capacidad de innovación y una notable facilidad para adaptarse a nuevas situaciones.
La imaginación ocupa un lugar central en su forma de pensar y constituye una de las principales herramientas desde las que desarrolla sus ideas. La combinación de estos rasgos permite comprender cómo una necesidad cotidiana pudo convertirse en el origen de una idea empresarial. La historia cuenta que todo comenzó al escuchar a una pareja lamentarse ante el escaparate de una tienda de muebles porque nunca podría permitirse comprar aquellos diseños. Allí nació una pregunta que acabaría cambiando la forma de amueblar millones de hogares: ¿y si el buen diseño pudiera estar al alcance de cualquiera?
El segundo gran rasgo del código de la escritura de Ingvar Kamprad aparece en la marcada inclinación rígida y ascendente del trazado. La inclinación rígida refleja una importante fuerza de voluntad y una gran firmeza para sostener sus decisiones. La dirección ascendente proyecta el movimiento hacia el futuro y refleja una personalidad impulsada por la iniciativa, el optimismo y una constante voluntad de superación. Este movimiento aparece además reforzado por el ángulo agudo de la inicial de su nombre y por el denominado gesto tipo de la independencia. Es aquí donde la escritura refleja una gran autonomía de criterio, una firmeza en sus decisiones que refuerza su liderazgo y una importante confianza en sí mismo. La capacidad para tomar decisiones con claridad y seguridad completa este retrato. Esa independencia de criterio se puso a prueba cuando los fabricantes suecos comenzaron a negarse a trabajar con él para frenar el crecimiento de IKEA. Lejos de renunciar a su proyecto, buscó nuevos proveedores fuera de Suecia y encontró en Polonia la forma de fabricar muebles de calidad a un precio muy inferior.
El tercer gran rasgo de la firma de Ingvar Kamprad aparece en el extraordinario desarrollo de la zona física y material de la escritura, representada en la zona inferior del grafismo. Es aquí donde la escritura refleja un fuerte apego por lo material y lo práctico y un enfoque realista y tangible hacia las metas que se propone. La creatividad no quedaba en una idea brillante. Cada obstáculo encontraba una solución práctica: desde reorganizar toda la cadena de producción hasta utilizar instalaciones improvisadas para almacenar los muebles cuando nadie quería alquilarle espacio. La escritura muestra así una mente orientada a convertir las ideas en realidades concretas.
En definitiva, la creatividad, la independencia y la capacidad de realización constituyen las claves de una mente que democratizó el diseño de nuestros hogares. La imaginación, la innovación y la adaptación se apoyan en una sólida fuerza de voluntad y en un marcado criterio propio, integrando pensamiento y acción dentro de una misma forma de entender la realidad. Y ahora, lector, la próxima vez que vea un mueble de IKEA, recuerde que detrás de él hubo una mente donde la creatividad, la independencia y la capacidad de realización avanzaban de la mano. Mire ahora su propia letra. ¿Refleja su escritura alguno de esos rasgos? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.