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Milicias contra los incendios

Se trata de optimizar lo que se tiene, que es España entera. Porque la ley permite exigir la colaboración ciudadana y la requisa temporal de todo tipo de bienes

Una cuadrilla de cinco bomberos segovianos se desplaza a El Tiemblo (Ávila)

Un bombero segoviano se desplaza a El Tiemblo (Ávila)Agencia ICAL

Dejando por delante que los incendios se deben apagar en invierno, que falta un mínimo de imaginación en la Administración para derivar fondos «medioambientales» de prevención de incendios para prácticas ganaderas y que, además, se está penalizando al que corta un chupón, me centraré ahora en la pura extinción.

No voy a entrar en la demagogia de pedir muchos más medios, que tienen que ser más y desearíamos que fueran muchos más, y siempre serán limitados. Se trata de optimizar lo que se tiene, que es España entera. Porque la ley permite exigir la colaboración ciudadana y la requisa temporal de todo tipo de bienes. Eso es de toda la vida y actualmente está recogido en la Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil, que nadie se ha preocupado en desarrollar y en aplicar.

Me consta que los responsables de la extinción de incendios forestales huyen como de la pólvora de la intervención ciudadana en esas labores. Y les comprendo hasta cierto grado, porque el incendio es una guerra y nadie lleva a civiles no instruidos y sin previa organización a disparar y a conformar un ejército. Nadie que no tenga instrucción y experiencia puede meterse en esa batalla como un soldado más. Pero sí puede y debe hacerlo en labores de apoyo.

Dudo que si comarcalizamos España no haya varias empresas de obras en la zona que puedan aportar esas máquinas

El «no tengo medios» le suena a chiste al vecino al que se le está quemando la finca, que conoce de memoria las máquinas que hay en la comarca y al que lo único que se le dice es que «desaloje». Dudo que si comarcalizamos España no haya varias empresas de obras en la zona que puedan aportar esas máquinas. Aseguro que existe esa maquinaria, incluso en el ámbito agrícola, de igual forma que soy consciente de que cada uno por su cuenta poco harían. Esa espontánea colaboración ciudadana se hace efectiva y más visible en zonas de matorral, cuando se juntan los tractores de la zona y construyen cortafuegos. En zonas más de monte y escarpadas sé que es más difícil y más complicado, pero no imposible.

El otro día fui casi protagonista sufridor en un importante incendio forestal en el que una de las dificultades era el acceso entre dos zonas geográficas del incendio. Posibilidades había y bastaba que una máquina acomodase metro y medio de desnivel, en longitud de 15 metros, para enlazar viejos caminos, casi ocultos con nuevos cortaderos. Pero no había máquina.

En el mismo incendio, horas antes, lo que se vio fueron retenes carrileando por caminos en los que se perdían y que no llegaban donde querían llegar. Su material topográfico eran planos en teléfonos, su conocimiento del lugar nulo o escaso, lo que es lógico, porque uno de Urda no se tiene por qué conocer la sierra de San Pablo, por poner un ejemplo que en este caso no es real.

La Protección Civil no se puede quedar en esos voluntarios que, uniformados y de aquella manera, dirigen la circulación y los aparcamientos en las fiestas de los pueblos

Al final, la acción de los bomberos forestales fue ejemplar y eficacísima. Pero lo fue cuando llegaron al sitio. Antes se perdieron muchas oportunidades.

No defiendo «el pueblo en armas» o el demagógico «sólo el pueblo defiende al pueblo», pero sí reclamo que tiene que haber mayor colaboración con la población local y mucha más confianza en ella. Ya no existe eso de que el forestal de tu zona va a estar en el incendio de tu zona, porque igual ese día «no está de guardia» y se tiene que hacer cargo uno de Ocaña. Es absolutamente necesario que se organice un sistema de Protección Civil para incendios forestales en el que se puedan integrar voluntarios previamente determinados. La Protección Civil no se puede quedar en esos voluntarios uniformados que, de aquella manera, dirigen la circulación y los aparcamientos en las fiestas de los pueblos. No puede ser que la aportación de maquinaria quede en la buena voluntad de sus dueños y operarios, ni que su actuación quede en su particular criterio de dónde y cómo.

Y todo debe compensarse, por supuesto. Pero a la guerra se va. Y luego veremos cómo paga el rey la pólvora. El pueblo en armas ha ganado muchas guerras, pero siempre que ha tenido dirección, organización y jerarquía. El pueblo inane nunca ha ganado ni la paz.

Debe existir una coordinación en Protección Civil que involucre a cada Ayuntamiento, que debería ser el que precisase quienes son los prácticos y conocedores de cada zona, como también nadie mejor que los ayuntamientos para saber quién dispone de la maquinaria precisa que pueda serle necesaria a la autoridad que dirija la extinción. Y la ley lo permite. Cuántas veces no hemos oído eso de «yo te pongo la máquina si alguien me pone el camión para hacerla llegar», y cuando hay camión no hay máquina y cuando hay máquina no hay camión. Cuántas veces eso de «acompáñame que te voy a enseñar por dónde podéis entrar», y la respuesta es ¡orden de desalojo! La colaboración municipal se limita, precisamente, al desalojo y sólo al desalojo.

Ni «pueblo en armas» ni desprecio por ese pueblo que quiere ayudar y que quiere que le dirijan para participar en la extinción y que, en cualquier caso, tiene la obligación de hacerlo. Pero para ello hay que dar una cobertura de seguridad jurídica que, junto con una organización efectiva, incluya compensaciones por movilizaciones. Y saldría barato a las arcas públicas.

Hoy suena muy facha, por el momento en el que el eslogan se acuño, pero, si el monte se quema, algo tuyo se quema, seas de Ayamonte o de Cadalso de los Vidrios. Y ese «tuyo» incluye deberes y obligaciones. Pero también una disponibilidad de medios que no pueden ser obviados por la Administración.

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