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Cuidador con un hombre enfermo en cuidados paliativosGetty Images

El 62,8 % de los cuidadores familiares reconoce que cuidar afecta a su salud física y mental

El 53,8 % considera que las relaciones se han visto afectadas por la labor de cuidar y el 88,9 % asegura disponer ahora de menos tiempo libre de ocio

El 62,8 % los familiares cuidadores considera que la labor que realizan ha afectado a su salud mental y física en algún grado, según ha mostrado el II Estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados. Radiografía de los cuidados familiares en la sociedad española, elaborado por la compañía farmacéutica.

El trabajo, realizado a una muestra representativa de más de 3.200 personas cuidadoras en España y con el aval de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), se enmarca en el movimiento del laboratorio por los cuidados, que impulsa para acompañar y apoyar a los pacientes y a los familiares que les cuidan. La acción de desarrolla a través de la plataforma para desarrollar investigaciones sociales y promover la reflexión y sensibilización.

Así, si en la primera edición de la investigación se constató que el 58,2 % considera al papel que se ejerce como una muestra de afecto y que para el 53,9 % es una elección personal (53,9 %), ahora se aborda el impacto del papel ejercido y las relaciones sociales de quienes la llevan a cabo. «Deseamos saber, desde la empatía y con un enfoque inclusivo, cómo se sienten a todos los niveles y hasta qué grado la experiencia de cuidado ha afectado a su vida cotidiana y salud», ha explicado la directora médica del Grupo Cinfa y presidenta del Observatorio, la doctora Alicia López de Ocáriz.

Las personas cuidadoras que consideran que esta labor ha tenido repercusiones en su salud mental, dos de cada tres (66,1 %) declaran padecer estrés, mientras que más de la mitad (51,7 %) dice experimentar ansiedad, refleja el estudio, que también revela que cuatro de cada diez (39,3 %) sienten irritabilidad y cambios de humor; una de cada tres (35,2 %), depresión o tristeza; y una de cada cuatro (24,7 %) sufre dificultad para concentrarse.

Entre las consecuencias que provoca en la salud física la tarea de cuidar, se hallan el cansancio o fatiga (69,8 %), las alteraciones del sueño (50,1 %), los dolores musculares y/o articulares (36,7 %) y el abandono del aspecto físico (27,9 %). Además, de las personas cuidadoras que consideran que la responsabilidad ha afectado a su salud, casi seis de cada 10 (57,1 %) han consultado sobre ello a un profesional sanitario o lo han valorado.

Un reconocimiento que es necesario

El análisis «refleja cómo la responsabilidad de atender a un familiar mayor que necesita cuidados lleva a la persona que los presta, en ocasiones, a necesitarlos ella misma», ha sostenido el presidente de la SEGG, el doctor Francisco José Tarazona Santabalbina, quien ha añadido que ello debería hacer reflexionar «sobre el importante papel que asumen, sobre el reconocimiento que merecen y sobre los recursos que la sociedad debería poner a su alcance».

Además, la investigación muestra que el 53,8 % considera que las relaciones se han visto afectadas por la labor de cuidar y el 88,9 % asegura disponer ahora de menos tiempo libre de ocio y para sus aficiones, mientras que el 30,8 % siente más aislamiento o haber roto las relaciones con familiares y amistades. Por su parte, el 20,9 % experimenta pérdida de identidad y autonomía, el 17,6 % siente incomprensión social y el 17,2 %, desamparo y soledad.

Ante ello, el 35 % desconecta viendo la televisión, leyendo, navegando por Internet o con las redes sociales, mientras que el 31,1 por ciento dedica tiempo a sus familiares y amistades, y el 30,9 % practica ejercicio o algún tipo de deporte. De cualquier forma, el 88 % declara sentirse satisfecho con el rol, a pesar del impacto que cuidar puede tener en su salud y sus relaciones sociales.

«Hablar sobre los cuidados familiares es esencial para reconocer una realidad invisibilizada y profundamente humana», ha sostenido López de Ocáriz, que ha concluido afirmando que «compartir sus vivencias permite generar empatía y conciencia social». En muchos casos, «expresar lo vivido transforma la experiencia del cuidado», ha finalizado.