Una persona trata de protegerse del sol en Las Ramblas
Las altas temperaturas podrían afectar a la función cerebral en preadolescentes
Un estudio con más de 2.000 niños y niñas ha determinado los efectos a corto plazo de la temperatura ambiente en tres redes cerebrales clave
Un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y el IDIBELL, en colaboración con el Erasmus University Medical Center Rotterdam (ERASMUS MC) y el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), ha revelado que la exposición a altas temperaturas ambientales está relacionada con una menor conectividad en tres redes cerebrales clave en preadolescentes. Los hallazgos, publicados en el Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, sugieren que el calor puede afectar el funcionamiento del cerebro.
La investigación se basó en datos de 2.229 niños y niñas de entre 9 y 12 años pertenecientes a la cohorte «Generación R» en Rotterdam, Países Bajos. A través de resonancias magnéticas en estado de reposo –cuando los menores no realizaban ninguna tarea activa– se analizaron las conexiones funcionales entre distintas regiones cerebrales. Las temperaturas medias diarias se estimaron utilizando el modelo climático urbano UrbClim, desarrollado por el Instituto Flamenco de Investigación Tecnológica, y se asignaron a cada participante en función de su domicilio para el período 2013-2015.
Los resultados mostraron que una mayor temperatura ambiente en la semana previa a la resonancia se asoció con una menor conectividad funcional en tres redes cerebrales esenciales: la medial-parietal, la de saliencia y la del hipocampo. Estas redes desempeñan un papel clave en la atención, la memoria y la toma de decisiones. En concreto:
La red medial-parietal está vinculada a la introspección y la autopercepción, la red de saliencia permite detectar estímulos y priorizar información relevante y la red del hipocampo es crucial para la memoria y el aprendizaje.
El efecto del calor sobre la conectividad cerebral fue más pronunciado el día previo a la exploración y disminuyó en los días siguientes. Sin embargo, no se halló una relación entre temperaturas frías y cambios en la conectividad funcional.
Según Laura Granés, investigadora de IDIBELL e ISGlobal y primera autora del estudio, la deshidratación podría ser un factor clave en estos efectos, ya que los niños son especialmente vulnerables a la pérdida de líquidos cuando están expuestos al calor.
«En el contexto actual de emergencia climática, las políticas de salud pública deben enfocarse en proteger a niños y adolescentes de las altas temperaturas para minimizar sus posibles repercusiones en la función cerebral», subraya Mònica Guxens, investigadora ICREA en ISGlobal y autora sénior del estudio.
Implicaciones para la salud mental
Si bien las alteraciones en la función cerebral han sido propuestas como un posible mecanismo que vincula la temperatura con la salud mental, hasta ahora ningún estudio había analizado el impacto del calor en las redes funcionales del cerebro. En un trabajo previo, el mismo equipo investigador ya había encontrado que la exposición a temperaturas extremas (frío y calor) puede influir en síntomas psiquiátricos como la ansiedad, la depresión y los problemas de atención.
Otras investigaciones han relacionado una menor conectividad en la red de saliencia con ideaciones suicidas y autolesiones en adolescentes con depresión, así como con trastornos de ansiedad.
«Dado el papel de la red de saliencia en la ideación suicida, nuestros hallazgos sugieren una nueva hipótesis: las altas temperaturas podrían reducir la conectividad funcional de esta red, aumentando indirectamente el riesgo de suicidio en personas con problemas de salud mental preexistentes», explica Carles Soriano-Mas, investigador de IDIBELL y la Universidad de Barcelona.
Si bien los investigadores no afirman que estos cambios en la conectividad induzcan directamente conductas suicidas, sí podrían actuar como un factor desencadenante en individuos vulnerables.