Las tortugas verdes, una de las especies que habitan en el santuario ubicado en el océano Pacífico
El santuario marino que concentra la mayor biodiversidad del planeta, amenazado por una decisión de EE.UU.
Este jueves el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmaba un decreto para volver a autorizar la pesca comercial en zonas definidas del océano Pacífico
Las prioridades medioambientales de Estados Unidos quedaron perfectamente definidas con la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. El día 1 del nuevo Ejecutivo, el ya presidente firmó una orden ejecutiva con el objetivo de retirar al país norteamericano de los Acuerdos de París. De igual manera, la gran maquinaria estadounidense puso en marcha nuevas medidas con el objetivo de priorizar la energía fósil frente a la renovable. Ahora, ni medio año después de su toma de posesión, Trump ha dado el siguiente gran paso en la política medioambiental del país.
Este jueves, el presidente de Estados Unidos firmaba un decreto para volver a autorizar la pesca comercial en zonas definidas del océano Pacífico. Para ser más exactos, esta autorización involucraba directamente al Monumento Nacional Marino de las Islas Remotas del Pacífico, un vasto santuario marino donde se concentra una gran biodiversidad, siendo uno de los ecosistemas más amenazados y vulnerables en todo el planeta.
Según declaró el máximo mandatario estadounidense, esta decisión llega tras la necesidad de los pescaderos estadounidenses de «faenar en aguas internacionales para competir con flotas extranjeras mal reguladas y altamente subvencionadas». Asimismo, afirmó que «una pesca comercial correctamente gestionada no pondría en peligro los objetos de interés científico e histórico» protegidos por el santuario.
Vista aérea de la Isla Wake, que forma parte del Monumento Nacional Marino de las Islas Remotas del Pacífico
Ubicado en una zona protegida en el archipiélago de las Marianas, en este santuario ha estado prohibida toda actividad humana desde que fuera creado en el año 2009 por George Bush –y extendida en 2014 por Barack Obama–. Creado conjuntamente con el Monumento nacional marino de las islas remotas del Pacífico y el Monumento nacional marino Atolón Rose, en este ecosistema están prohibidas actividades como la minería, la perforación, así como la pesca comercial y deportiva –hasta esta última semana–.
Y es que a pesar de que en 2017 el monumento fue incluido en la Lista indicativa de Estados Unidos para ser considerado Patrimonio de la Humanidad, esto no parece haber menguado las políticas actuales del país estadounidense.
Imagen de un ejemplar de pez Napoleón, una de las especies del santuario
Considerado uno de los ecosistemas más importantes en cuanto a la vida salvaje del planeta, este territorio ocupa más de 125.000 kilómetros cuadrados en el océano Pacífico, así como arrecifes de coral y hábitat insulares. Dentro de sus límites se encuentran siete refugios nacionales de vida marina, entre los que se encuentran las islas Howland, Baker y Jarvis, los atolones Johnston, Wake y Palmyra, y el arrecife Kingman, superando de esta forma el millón de kilómetros cuadrados de extensión. Esto lo convierte en un territorio que supera ampliamente el tamaño de cada uno de los Parques Nacionales de Estados Unidos juntos.
Entre esta basta extensión, el santuario estadounidense está compuesto de varias de las especies más amenazadas en todo el planeta, como la tortuga verde, las almejas gigantes o el pez Napoleón. De igual manera, el gran conglomerado incluye aves marinas, peces, mamíferos y vegetación que no están presentes en ninguna otra parte del planeta, convirtiéndose en una de las zonas más ricas en biodiversidad de todo el mundo.