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Emisiones de CO2Freepik

El Gobierno de EE.UU. revisa el impacto del CO2 y pone en duda la alarma climática

Es la primera vez que un país desarrollado impulsa un documento oficial que, aunque reconoce el cambio climático, pone en duda la existencia de una crisis climática

El Departamento de Energía de Estados Unidos ha publicado un borrador que podría cambiar el tono del debate climático, según recalca la Asociación de realistas climáticos. Bajo el título 'Una revisión crítica de los impactos de las emisiones de gases de efecto invernadero en el clima de los Estados Unidos', el documento, elaborado por el Grupo de Trabajo sobre el Clima 2025, cuestiona algunas de las premisas más aceptadas sobre el calentamiento global y sus consecuencias, al tiempo que revisa los fundamentos científicos que han guiado la política climática en las últimas décadas.

Este informe, disponible en la web del Departamento para su consulta pública durante un periodo de 30 días, ha sido redactado por un equipo de cinco científicos independientes convocados por el secretario de Energía, Chris Wright. Entre ellos se encuentran figuras reconocidas en los ámbitos de la climatología, la economía y las ciencias físicas, como John Christy, Judith Curry, Steven Koonin, Ross McKitrick y Roy Spencer.

Uno de los aspectos más relevantes del documento es su papel como base científica para la reciente decisión de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de rescindir la norma de 2009 que calificaba al dióxido de carbono (CO₂) como una amenaza para la salud pública. Aunque el informe no niega el cambio climático ni el papel del CO₂ como gas de efecto invernadero, sí pone en duda la magnitud de sus efectos, la precisión de las proyecciones actuales y la eficacia de las políticas de mitigación.

Revisión crítica del consenso climático

El documento sostiene que las concentraciones elevadas de CO₂ han contribuido a un aumento global de la vegetación –el llamado reverdecimiento– y a una mayor productividad agrícola. No obstante, también se reconoce que este mismo gas reduce la alcalinidad del océano, lo que podría perjudicar a ecosistemas marinos como los arrecifes de coral. Aun así, citan la reciente recuperación de la Gran Barrera de Coral como ejemplo de resiliencia ecológica.

En cuanto al calentamiento global, el informe apunta que las proyecciones más comunes podrían estar sobreestimando tanto la sensibilidad climática al CO₂ como las futuras emisiones. Según sus autores, los modelos climáticos globales tienden a mostrar un calentamiento mayor al observado, especialmente en la superficie y en las capas bajas de la atmósfera. Estiman que el aumento de temperatura por duplicación del CO₂ podría estar entre 1,8 °C y 5,7 °C, aunque enfoques basados en datos empíricos sugieren valores más bajos y precisos.

Extremos climáticos y límites de los modelos

En lo que respecta a fenómenos meteorológicos extremos, los autores afirman que no existen tendencias claras a largo plazo en eventos como huracanes, tornados, inundaciones o sequías. El incremento en incendios forestales, por ejemplo, podría estar más relacionado con una gestión forestal deficiente que con el cambio climático per se. El nivel del mar ha aumentado unos 20 centímetros desde 1900, pero ese ascenso varía significativamente según la región y suele estar más vinculado al hundimiento del terreno que al deshielo global.

El informe también introduce factores naturales que, según los autores, podrían estar teniendo un peso subestimado en el calentamiento reciente, como la actividad solar o grandes erupciones volcánicas, incluyendo la erupción submarina de Hunga Tonga en 2022.

Economía, políticas y debate abierto

Desde un punto de vista económico, el texto cuestiona el valor predictivo de las estimaciones del «coste social del carbono», que considera extremadamente sensibles a las hipótesis elegidas. Además, plantea que algunas políticas de mitigación climática agresivas podrían generar más perjuicios que beneficios si no se evalúan con rigor. También se sugiere que las actuales medidas climáticas, incluso si se aplican de forma estricta, tendrían un impacto muy limitado –y a largo plazo– en el clima global.

Lo que hace singular a este informe no es solo su contenido, sino el contexto en el que se publica: es la primera vez que un gobierno de un país desarrollado impulsa un documento oficial que, aunque reconoce el cambio climático, pone en duda la existencia de una crisis climática tal y como suele presentarse en los foros internacionales.

En palabras de su autor principal, el informe busca generar un debate científico y político más abierto sobre el alcance real del cambio climático y sobre cómo deben abordarse sus posibles consecuencias. Para los autores, entender mejor la incertidumbre en torno al clima es tan importante como las certezas, sobre todo a la hora de diseñar políticas públicas con impacto global.