Numerosas personas disfrutan de un día de playa en la Costa Brava
España podría perder hasta la mitad de la superficie de sus playas antes de 2050
Los modelos climáticos advierten de un ascenso del mar de entre 16 y 33 cm hacia mediados de siglo, con la posibilidad de alcanzar hasta un metro en 2100
España vive en un alto porcentaje del turismo, que representa un 12 % del Producto Interior Bruto (PIB). Las zonas que más personas reciben son Islas Baleares, Canarias, Cataluña, Alicante o Málaga debido, principalmente, a sus playas. Los arenales son, junto con el buen tiempo que caracteriza a nuestro país, uno de los mayores atractivos para atraer tanto a extranjeros como a nacionales para pasar sus vacaciones.
No obstante, las playas de España podrían sufrir modificaciones en los próximos años. El principal culpable es el calentamiento sin límites del mar Mediterráneo, que afecta tanto al clima como a la biodiversidad. El informe anual 'Destrucción a toda costa 2025', presentado por Greenpeace, evidencia un panorama preocupante para las playas españolas, que amenaza con borrar tramos costeros emblemáticos en todo el territorio.
Greenpeace destaca que todas las masas de agua que rodean la Península Ibérica y las islas se están calentando un 67 % más rápido que la media global, una cifra que en el Mediterráneo alcanza entre dos y tres veces esa tasa. Desde noviembre de 2024, el mar experimenta una ola de calor marina persistente, provocando anomalías térmicas de más de 4 °C en junio de 2025. Esto intensifica los temporales, acelera la subida del nivel del mar y fragiliza la biodiversidad marina.
De acuerdo con los datos recopilados por Greenpeace, para el año 2050 España podría haber perdido hasta la mitad de la superficie de sus playas, incluidas las del archipiélago balear.
Subida del nivel del mar
Lejos de ser una hipótesis lejana, esta previsión responde al impacto directo de la subida del nivel del mar. En Baleares, donde solo un 10 % del litoral corresponde a playas (160 km de un total de 1.573 km), ese espacio limitado tiene un valor ecológico, económico y cultural extraordinario. Formentera es la isla con mayor proporción de arenales, un 14,6 %, mientras que Mallorca, con un 9 %, concentra más de 66 km, en su mayoría de arena fina.
Los modelos climáticos advierten de un ascenso del mar de entre 16 y 33 centímetros hacia mediados de siglo, con la posibilidad de alcanzar hasta un metro en 2100. Este aumento está estrechamente relacionado con el calentamiento del agua –que ha subido 1,6 °C en las últimas cuatro décadas– y con la intensificación de las olas de calor marinas, cada vez más frecuentes y severas. Ambos factores aceleran la erosión y amenazan con provocar un retroceso masivo de la línea de costa.
Además, la situación compromete seriamente a la Posidonia oceanica, una planta marina endémica del Mediterráneo que cumple un papel esencial: estabiliza la arena, protege los ecosistemas costeros y actúa como barrera natural contra el oleaje. Su degradación haría que la desaparición de playas se precipitara aún más.
La advertencia es clara: no se trata solo de perder un recurso turístico o un paisaje icónico. Está en juego un territorio. Y lo preocupante es que el retroceso se da en dos frentes al mismo tiempo: por la presión del urbanismo y por el avance incesante del mar.