El presidente de la COP30, Andre Correa do Lago, en la sesión plenaria de la cumbre
Cumbre del clima
La COP30 culmina con un acuerdo tibio y siembra dudas sobre la utilidad de esta cumbre anual
Los críticos destacan la ausencia de los grandes contaminantes, el malestar de los ecologistas y las contradicciones de Brasil, el país anfitrión, al permitir explotaciones petroleras en la Amazonía
La cumbre del clima de las Naciones Unidas (COP30) que se celebraba en la ciudad brasileña de Belém, finalizó este pasado fin de semana con un acuerdo que no ha contentado a muchos y que, una vez más, cuestiona la función de esta reunión de líderes mundiales que se celebra cada año.
Siempre rodeadas de polémica, este año ha resonado la ausencia de grandes países contaminantes como Estados Unidos o India y el hecho de que el país anfitrión de la cumbre, Brasil, haya permitido la explotación petrolera en la Amazonía. Esta decisión reafirma la apuesta del país presidido por Lula da Silva por la expansión de esta mezcla de compuestos orgánicos, y el líder izquierdista llegó a justificar la decisión, recalcando que su país no puede «renunciar al petróleo de un día para otro».
Al margen de las controversias, el acuerdo al que se llegó el pasado sábado en la COP30 ha sido calificado como «tibio» por varias partes al desoír los llamados para que el mundo trace su ruta para abandonar las energías fósiles. Grandes potencias –de las más contaminantes–, como Rusia y China, bloquearon este escenario que impulsaban más de 80 países.
Tras el anuncio del acuerdo, varias delegaciones han expresado abiertamente su protesta por lo que consideran una postura poco dialogante de la presidencia, incluidas las delegaciones de la Unión Europea, Colombia, Panamá o Suiza. Colombia ha sido uno de los países más beligerantes en la defensa de la aprobación de unos objetivos y calendario concretos para el fin de los combustibles fósiles. La delegación colombiana ha expresado su malestar por la ausencia de partes que habían sido acordadas por consenso.
El documento final se queda en un llamamiento a acelerar la acción climática de forma voluntaria y a triplicar, de aquí a 2035, los fondos destinados a la adaptación de los países en desarrollo. La Unión Europea admitió su decepción: «Nos hubiese gustado más ambición», declaró el comisario europeo para el Clima, Wopke Hoekstra, aunque reconoció que era un paso «en la buena dirección».
El texto sí que reconoce que el cambio climático «es una preocupación común de la humanidad» y reafirma el compromiso de los países con el Acuerdo de París y con la meta de limitar a 1,5 °C el aumento de las temperaturas.
Duras críticas de los ecologistas
Las principales organizaciones ecologistas han expresado un fuerte rechazo al acuerdo final alcanzado en la Cumbre del Clima de Brasil (COP30), al considerar que el texto ignora cuestiones clave como el abandono de los combustibles fósiles o la lucha contra la deforestación. Greenpeace sostiene que el resultado «no está a la altura de la crisis climática», al pasar por alto demandas ampliamente apoyadas por numerosos países y por la sociedad civil. La organización recuerda que más de 80 estados respaldan una transición que permita dejar atrás los combustibles fósiles y que esta presión continuará en la cumbre convocada por Colombia y Holanda en 2026.
Ecologistas en Acción ha calificado la COP30 como una de las citas «más opacas», denunciando que no se ha logrado una decisión final justa ni orientada a reforzar la justicia climática. Su responsable de Clima y Energía, Javier Andaluz Prieto, critica que los gobiernos sigan priorizando intereses políticos y económicos, generando un nuevo choque geopolítico con graves consecuencias para las poblaciones más vulnerables. En la misma línea, Amigas de la Tierra acusa al acuerdo de dar la espalda a las comunidades afectadas y ceder ante la presión del lobby fósil, mientras que Alianza Verde lo interpreta como una oportunidad perdida y un retroceso.
Pese a las críticas, las organizaciones destacan como avance la creación del Mecanismo de Transición Justa, concebido para reforzar la cooperación internacional y garantizar procesos inclusivos de descarbonización. También Amnistía Internacional subraya este punto, aunque lamenta la falta de transparencia y la influencia de los intereses fósiles en la negociación.