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Centenares de personas asisten al encendido de las luces de Navidad en Vigo

Centenares de personas asisten al encendido de las luces de Navidad en VigoEuropa Press

Cuando la Navidad se alarga: el impacto energético y ambiental de más de un mes de luces festivas

Cada año el alumbrado comienza antes y es más ostentoso, lo que genera dudas sobre su repercusión en el medio que nos rodea

La Navidad, además de con las celebraciones religiosas, se asocia con un período de alto consumo y de gran iluminación. En los últimos años, la tradición de encender los alumbrados públicos se ha ido adelantando en buena parte de las urbes españolas, en muchos casos para hacerla coincidir con el Black Friday, una fecha clave para el comercio en la que se concentran numerosas compras navideñas. El resultado es que las luces permanecen encendidas durante más de un mes, con el consiguiente aumento del consumo energético.

Millones de bombillas iluminan calles, plazas y edificios durante semanas, generalmente desde el anochecer hasta pasada la medianoche. Esta prolongación del alumbrado tiene un impacto directo en la factura eléctrica de ayuntamientos y hogares, pero también plantea interrogantes sobre su huella ambiental. Aunque las luces navideñas embellecen el entorno urbano y refuerzan el ambiente festivo, su uso intensivo supone un incremento notable de la demanda de electricidad en una época del año en la que el consumo ya es elevado.

Dado que una parte significativa de la electricidad aún se genera a partir de combustibles fósiles, este aumento del consumo conlleva emisiones adicionales de dióxido de carbono (CO₂), salvo en aquellos casos en los que la energía procede íntegramente de fuentes renovables. La dificultad para evaluar con precisión este impacto radica en la falta de datos detallados sobre el consumo del alumbrado navideño, ya que muchos ayuntamientos no publican cifras desglosadas. No obstante, estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) indican que cada kilovatio-hora consumido por luces LED puede suponer la emisión de unos 340 gramos de CO₂.

Más allá del factor climático, la iluminación navideña también contribuye a otro problema ambiental menos visible pero igualmente relevante: la contaminación lumínica. El exceso de luz artificial altera los ecosistemas urbanos y periurbanos, atrayendo insectos y modificando el comportamiento de animales nocturnos como aves y murciélagos. En el caso de las personas, diversos estudios han señalado que la exposición prolongada a la luz artificial nocturna puede interferir en los ciclos de sueño, al reducir la producción de melatonina, la hormona que regula el descanso. Un trabajo publicado en la revista Science Advances relaciona directamente la iluminación nocturna con alteraciones en los ritmos circadianos.

Investigaciones de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, advierten de que el aumento de la iluminación artificial está provocando «impactos biológicos sustanciales» en Europa, que van desde cambios en el comportamiento individual de las especies hasta alteraciones en la funcionalidad de los ecosistemas. La Navidad, con su despliegue intensivo de luces, se suma a una tendencia general de incremento de la iluminación nocturna en las ciudades.

Luces LED: avances y desafíos

En este contexto, la tecnología LED ha supuesto un avance importante al reducir el consumo energético. Estas bombillas pueden gastar entre un 50 % y un 80 % menos que las tradicionales y tienen una vida útil mucho mayor, lo que disminuye los costes de mantenimiento. Sin embargo, el uso masivo de LED no está exento de impactos ambientales. Su fabricación requiere metales pesados y tierras raras cuya extracción y procesamiento generan una elevada contaminación y emisiones de CO₂. De hecho, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alertó en 2019 de que, pese al ahorro energético, la expansión global del LED había contribuido a un aumento del 49 % de la contaminación lumínica en las dos últimas décadas.

Algunos estudios señalan que, en términos generales, otras fuentes como los campos deportivos o las grandes infraestructuras generan más contaminación lumínica que el alumbrado navideño. No obstante, existen casos concretos en los que la iluminación festiva ha tenido impactos ambientales significativos, como ocurrió con la iluminación del Real Jardín Botánico de Madrid, un espacio que, por su valor ecológico, debería permanecer mayoritariamente en penumbra.

Iniciativas científicas como la red de fotómetros TESS de la Universidad Complutense de Madrid, que monitoriza la iluminación nocturna en más de 300 estaciones, han puesto de manifiesto que las áreas iluminadas crecen a un ritmo del 2,2 % anual en todo el mundo. Estos datos refuerzan la necesidad de buscar un equilibrio entre la tradición y el atractivo visual de las luces navideñas y la adopción de prácticas más sostenibles y responsables con el medio ambiente.

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