El Oso y el Madroño en la Plaza del Sol, Madrid, durante filomena.
La Aemet, sobre Filomena: «Es muy bajo el riesgo de un nuevo temporal tan extraordinario»
Cinco años después, el paso de esta borrasca sigue siendo un hito meteorológico reciente cuya magnitud y excepcionalidad permanecen grabadas en la memoria colectiva
Cuando se cumplen cinco años del temporal provocado por la borrasca Filomena, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha calificado este episodio como un fenómeno «absolutamente extraordinario» por la intensidad, la cantidad de nieve acumulada, la vasta extensión geográfica afectada y las consecuencias que generó. Así lo ha señalado Rubén del Campo, portavoz de la institución, en declaraciones a la agencia Efe, donde además ha precisado que las probabilidades de que se repita una situación similar son «muy bajas».
Del Campo ha recordado que Filomena dejó espesores de nieve superiores a los 40 e incluso 50 centímetros en numerosos puntos del país, incluidos aquellos donde no suele ser habitual registrar nevadas tan copiosas. «Nevó y cuajó en amplias zonas del centro y del este de la Península, también en áreas de la mitad norte», ha rememorado el portavoz. En el caso concreto de la ciudad de Madrid, ha subrayado que no se vivía una nevada comparable desde hacía medio siglo, lo que da cuenta del carácter excepcional del evento.
A pesar de tratarse de un episodio extremo, los modelos de predicción meteorológica consiguieron anticiparlo con varios días de antelación. «Los meteorólogos veíamos con cierto escepticismo lo que indicaban los modelos, pero finalmente se cumplió», ha reconocido Del Campo. No obstante, ha señalado que en fenómenos de esta magnitud no siempre es oportuno ofrecer pronósticos cerrados o deterministas, como afirmar directamente que va a nevar, sino que es preferible presentar escenarios en términos de probabilidades, como por ejemplo, un porcentaje elevado de posibilidad de nieve.
En el caso de Filomena, las probabilidades de nevadas copiosas eran tan elevadas que se activaron avisos de nivel rojo en el centro peninsular, un hecho sin precedentes en muchas de esas zonas. Esta anticipación permitió a las autoridades tomar ciertas medidas preventivas, aunque no se pudo evitar que el temporal causara importantes trastornos en la movilidad y el suministro de servicios básicos.
Durante las recientes celebraciones navideñas, el recuerdo de Filomena ha resurgido ante las nuevas nevadas que han afectado a diversas localidades españolas. En redes sociales, algunas voces advertían sobre la posible llegada de una «nueva Filomena», aunque el riesgo real, según ha reiterado el portavoz de la Aemet, era «muy bajo». Ha explicado que, si bien algunos escenarios dentro de los modelos contemplaban esa posibilidad, se trataba de interpretaciones erróneas o deterministas que no reflejaban la probabilidad real.
Conforme se acercaban las fechas señaladas, las previsiones fueron confirmando que las nevadas previstas serían moderadas, como finalmente sucedió. En este sentido, Del Campo ha reiterado que la probabilidad de que se repita un episodio similar al de enero de 2021 es «muy baja». De hecho, tras aquel temporal, los expertos calcularon que un fenómeno de semejante magnitud podría producirse, en promedio, una vez cada 70 años, si bien se trata de una estimación meramente orientativa.
A esta improbabilidad se suma el factor del cambio climático. Según ha explicado el portavoz de Aemet, este fenómeno no impide que se registren temperaturas lo suficientemente frías como para que nieve. Sin embargo, sí puede influir en la naturaleza de las borrascas que llegan a la península, haciéndolas potencialmente más húmedas, lo que favorecería precipitaciones más abundantes en caso de encontrarse con aire frío.
Para que una gran nevada tenga lugar en el interior peninsular, deben confluir tres elementos esenciales. El primero es la existencia previa de una masa de aire muy frío, estancada durante varios días, lo cual provoca heladas generalizadas y temperaturas muy bajas. El segundo factor es la llegada de una borrasca atlántica que introduzca inestabilidad atmosférica. Y, por último, es imprescindible que esa borrasca venga acompañada de un aporte de aire muy húmedo, que garantice precipitaciones suficientes. Cuando estas tres condiciones se dan simultáneamente, las precipitaciones caen en forma de nieve debido a las temperaturas gélidas, generando nevadas intensas y persistentes.
Cinco años después, el paso de Filomena sigue siendo un hito meteorológico reciente cuya magnitud y excepcionalidad permanecen grabadas en la memoria colectiva, pero cuya repetición, al menos en el corto plazo, no parece probable.