La nueva especie de hongo zombi, Purpureocillium atlanticum
El hongo zombi y la flor del demonio de fuego, entre los hallazgos botánicos y fúngicos de 2025
Durante el último año, el equipo de Kew y sus socios internacionales logró poner nombre científico a 125 nuevas plantas
Un hongo capaz de convertir a las arañas en «zombis», emergiendo desde sus madrigueras, y un arbusto de flores ardientes bautizado en honor a un demonio de fuego figuran entre las especies de plantas y hongos que la ciencia describió por primera vez en 2025. Estos descubrimientos forman parte de una selección elaborada por científicos del Real Jardín Botánico de Kew (RBG) situado en Londres, en colaboración con investigadores de distintos países, que reúne 10 nuevas especies calificadas como «extrañas y maravillosas».
Durante el último año, el equipo de Kew y sus socios internacionales logró poner nombre científico a 125 nuevas plantas. La lista incluye ejemplos tan llamativos como una orquídea cuyas flores parecen salpicadas de sangre y atraen a las moscas para su polinización, o una delicada campanilla de invierno que había pasado desapercibida durante años, pese a cultivarse ampliamente en jardines del Reino Unido.
Entre los hallazgos también destacan una fruta silvestre de Papúa Nueva Guinea que crece a ras del suelo del bosque y combina sabores de plátano y guayaba, y una esbelta palmera ornamental originaria de Filipinas, emparentada con la popular palmera de Navidad. Estos descubrimientos subrayan la enorme diversidad biológica que aún queda por catalogar: se calcula que en el planeta podrían existir alrededor de 100.000 especies de plantas sin describir y entre dos y tres millones de especies de hongos. Cada año, los científicos identifican una media de 2.500 nuevas plantas.
Amenaza de especies antes de ser conocidas
Sin embargo, el trabajo de los taxónomos se desarrolla contrarreloj. La destrucción de los ecosistemas causada por la actividad humana amenaza con hacer desaparecer numerosas especies antes incluso de que lleguen a ser conocidas. Se estima que hasta tres de cada cuatro plantas aún no descritas podrían estar ya en peligro de extinción, principalmente por la pérdida de hábitat asociada a la agricultura intensiva, la expansión urbana y la minería, además de la contaminación y el avance de la crisis climática.
«Las actividades humanas están erosionando la naturaleza a una velocidad que supera nuestra capacidad de documentarla», advierte el doctor Martin Cheek, investigador del RBG en Kew. En su opinión, describir nuevas especies es una tarea crucial en un contexto de acelerada pérdida de biodiversidad: «Es imposible proteger aquello que no conocemos ni siquiera por su nombre». Cheek subraya que, sin una inversión decidida en taxonomía, conservación y divulgación, se corre el riesgo de desmantelar los sistemas naturales que sostienen la vida en la Tierra.
Telipogon cruentilabrum, una orquídea cuyas flores parecen manchadas de sangre
Incluso entre las plantas ya conocidas, alrededor del 40 % se considera amenazado. El caso del llamado «hongo zombi» ilustra tanto la riqueza como la fragilidad de estos ecosistemas. Esta nueva especie, descubierta en la selva atlántica de Brasil, parasita a las arañas de trampilla, que viven ocultas en galerías subterráneas. El hongo invade el cuerpo del animal, lo envuelve en filamentos blancos y emerge a través de la trampilla para dispersar sus esporas. Para comprender su evolución, los científicos recurrieron a tecnología genómica portátil que permitió secuenciar su ADN directamente en el campo.
La diversidad vegetal no se queda atrás. En Perú, un arbusto de hasta tres metros de altura con llamativas flores rojo anaranjado inspiró su nombre científico, Aphelandra calciferi, en referencia a Calcifer, el demonio de fuego de la película El castillo ambulante. Los investigadores creen que esta especie tiene un notable potencial ornamental.
En los bosques andinos de Ecuador se descubrió la orquídea «manchada de sangre», cuyas flores amarillas con tonos rojos imitan a las moscas hembra para atraer a los machos polinizadores. Más de la mitad de su hábitat ha desaparecido ya, por lo que se considera en peligro de extinción. Otro ejemplo es una diminuta campanilla de invierno originaria del monte Korab, en los Balcanes, que hoy se encuentra gravemente amenazada en estado silvestre por la recolección, el sobrepastoreo y los incendios.
La pérdida de especies implica también renunciar a posibles nuevos alimentos o medicamentos. Un árbol descubierto en la isla Manus, en Papúa Nueva Guinea, produce frutos aromáticos con sabores tropicales y podría tener interés alimentario. Asimismo, una nueva palmera filipina de frutos rojos, conocida desde hace generaciones por las comunidades locales, ha sido finalmente reconocida por la ciencia.
Siempre que es posible, los investigadores colaboran con socios locales para proteger estas especies en sus hábitats naturales o conservar sus semillas en bancos especializados, como el Banco de Semillas del Milenio de Kew, con el objetivo de preservar este patrimonio biológico para el futuro.