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Miembros de la UME trabajan en labores de achique de agua en calles y viviendas de la localidad gaditana de GrazalemaEuropa Press

Los ingenieros advierten que los pueblos sobre aguas subterráneas o de suelo arcilloso pueden sufrir corrimientos

El tipo de edificación y la calidad de la cimentación influyen en el grado de riesgo, aunque estos fenómenos están muy condicionados por la reiteración de lluvias excepcionales

Responsables y portavoces de los colegios profesionales de ingenieros de montes, de minas y de caminos han advertido de que la combinación de aguas subterráneas cercanas a la superficie y suelos arcillosos constituye un factor de riesgo clave ante posibles corrimientos de tierra cuando se producen episodios de lluvias intensas como los registrados en los últimos días en diferentes puntos de España.

Este escenario estuvo en el origen del desalojo preventivo del municipio de Grazalema, en la provincia de Cádiz, ante la posibilidad de que se produjeran deslizamientos de terreno derivados de la enorme cantidad de agua acumulada y de un acuífero descrito como «absolutamente colmado». Durante el pasado mes de enero, esta localidad batió tanto el récord de precipitación máxima diaria, con 236,9 litros por metro cuadrado el miércoles 28, como el mensual, con un total de 1.295,5 litros por metro cuadrado.

El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana, explicó a Europa Press que el principal factor de riesgo en situaciones de corrimientos de tierra e inundaciones es el relieve. En este sentido, señaló por un lado a los núcleos urbanos situados en zonas inundables o próximos a capas freáticas, es decir, acumulaciones de agua subterránea a escasa profundidad. Por otro, puso el foco en los pueblos asentados en los bordes de barrancos o taludes pronunciados. «(A esto) en incendios se le llama el efecto costilla, el estar justo en el borde de una caída del terreno. (...) Si el terreno es deleznable –es decir, inconsistente o frágil– y se puede derrumbar, puede llevarse consigo las casas que están en el borde de esos desniveles», detalló.

A juicio del experto, el tipo de suelo resulta igualmente determinante. Mientras que los terrenos rocosos o sedimentarios suelen estar «muy consolidados» y, en principio, presentan menos problemas, los suelos calizos, como los de Grazalema, son porosos y permiten que el agua emerja cuando se supera un determinado nivel de saturación. No obstante, Tolosana subrayó que los más expuestos a los corrimientos son los suelos deleznables. «Lo realmente peligroso son los suelos deleznables, compuestos por sedimentos poco consolidados o determinadas arcillas que incluso se inflan con el agua. (...) Las construcciones de edificaciones sobre ello son especialmente susceptible a este problema», afirmó.

El decano añadió que el tipo de edificación y la calidad de la cimentación influyen en el grado de riesgo, aunque insistió en que estos fenómenos están muy condicionados por la reiteración de lluvias excepcionales. «Y yo diría que este fenómeno que estamos viviendo, especialmente en Andalucía y en Cádiz, pues corresponde a un periodo de recurrencia de centenares de años», recalcó.

En relación con las inundaciones provocadas por la crecida de los ríos, Tolosana pidió prestar atención a «las zonas inundadoras», recordando que el caudal no depende únicamente de la lluvia caída en un municipio, sino también de todo lo precipitado aguas arriba, en zonas de montaña. «Y de ahí, a través de los arroyos, a través de las ramblas, como pasó en la dana (de 2024 en Valencia) y como pasa en muchos casos, pues llega el agua a los pueblos», explicó. Desde su punto de vista, la prevención resulta fundamental y pasa por medidas como la repoblación forestal y pequeñas obras de corrección hidrológica que permitan frenar la escorrentía y reducir la velocidad del agua.

El presidente del Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas y miembro de la Junta directiva del Consejo de la Ingeniería de España, Juan Artieda, señaló igualmente a Europa Press que Grazalema, además de ser «la zona de España donde más llueve», se asienta sobre un acuífero. «Su suelo son calizas cársticas, lo que significa que están llenas de agujeros, cuevas y todo esto, que se han producido precisamente porque las aguas han ido lavando la roca caliza, la van disolviendo y han ido creando cavidades», explicó. En este contexto, la acumulación de agua en cavidades subterráneas puede generar presiones internas capaces de provocar hundimientos.

Artieda precisó que, durante episodios de lluvias tan intensas, el mayor problema se concentra en los taludes con materiales sueltos, ya que «se empapa la tierra» y se alteran sus condiciones mecánicas. «El agua crea presiones intersticiales y cosas de estas que hacen que sean más inestables los taludes», indicó, subrayando la importancia de diseñar muros de sostenimiento adecuados y sistemas de drenaje eficaces.

Por su parte, el ingeniero de caminos y director del máster en Energías Renovables de la Universidad Europea, Marín Perea, distinguió «dos riesgos» principales asociados a estas lluvias. Uno de carácter geológico, vinculado a la formación de acuíferos, que afecta directamente a Grazalema, y otro relacionado con las grandes cuencas fluviales. «Eso hace que siempre exista una masa de agua bajo esta zona y que, en el momento en el que ha ocurrido una recarga rapidísima de esos acuíferos inferiores bajo el pueblo (...) es como si unas tuberías se hubieran puesto bajo presión», explicó, aludiendo a la aparición de agua que brota por el suelo o por las paredes de las viviendas. Respecto a los ríos, advirtió de que los embalses se ven obligados a desembalsar al estar al límite de su capacidad y reclamó una revisión en profundidad de las presas y de sus sistemas de mantenimiento.

Finalmente, el especialista en geotecnia y representante del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en Córdoba, Antonio Cleofé López, recalcó que los taludes asociados a infraestructuras como carreteras o ferrocarriles son los elementos más vulnerables. «Una arcilla seca es dura, como un botijo», ejemplificó, mientras que cuando está húmeda se comporta como «plastilina», lo que explica el cambio radical en la estabilidad del terreno. De cara al futuro, recomendó prestar especial atención al mantenimiento y limpieza de los drenajes para minimizar riesgos.