Fundado en 1910
Imagen del glaciar Thwaites

Imagen del glaciar ThwaitesCreative Commons

Un muro de 150 metros para evitar que se inunde la Tierra: la propuesta para salvar el Glaciar del Juicio Final

La idea central del proyecto consiste en instalar barreras flexibles, ancladas al fondo marino, capaces de redirigir las corrientes de agua cálida que circulan por debajo de las plataformas de hielo periféricas

La preocupación por cómo pueden evolucionar los polos de la Tierra en las próximas décadas son reales. Se viene alertando de que el calentamiento del planeta podría acelerar el derretimiento del hielo y, como consecuencia, que el nivel del mar se incrementase notablemente en todo el mundo.

Los científicos tienen un ojo puesto en el llamado Glaciar del Juicio Final o glaciar Thwaites, situado en la Antártida. Recibió este apodo apocalíptico debido al impacto potencial que su colapso tendría sobre el nivel del mar. Con una superficie de 192.000 kilómetros cuadrados, similar a la de la isla de Gran Bretaña, este glaciar se está fundiendo a una velocidad sin precedentes. De hecho, los expertos calculan que el 4 % del aumento anual del nivel del mar a nivel mundial es consecuencia de la pérdida de hielo de Thwaites, y es que si colapsara por completo, el nivel del mar podría aumentar 65 centímetros.

¿Y qué se puede hacer para evitar que la pérdida de hielo de Thwaites? Los investigadores se han puesto a indagar y ya hay una ambiciosa propuesta sobre la mesa. Un consorcio internacional de científicos e ingenieros trabaja en el denominado Proyecto Cortina Anclada en el Fondo Marino, una iniciativa que busca proteger las grandes capas de hielo antárticas de la intrusión de aguas oceánicas cálidas, uno de los principales factores que aceleran su deshielo.

La idea central del proyecto consiste en instalar barreras flexibles, ancladas al fondo marino, capaces de redirigir las corrientes de agua cálida que circulan por debajo de las plataformas de hielo periféricas. Estas masas de agua, más densas y cálidas, avanzan por canales relativamente estrechos de la plataforma continental y erosionan la base de los glaciares desde abajo. Al limitar su acceso a las zonas más vulnerables del hielo, los investigadores confían en ralentizar de forma significativa el proceso de desestabilización.

El proyecto es un esfuerzo colaborativo, multinacional y sin ánimo de lucro que reúne a instituciones de referencia como la Universidad de Cambridge, la Universidad de Chicago, el Instituto Alfred Wegener o la Universidad de Nueva York. El objetivo común es diseñar, probar y evaluar cortinas submarinas que puedan desviar las corrientes cálidas lejos del glaciar Thwaites y evitar un colapso en cadena de la capa de hielo antártica.

Las actividades se estructuran en tres grandes ejes: ciencia, tecnología y gobernanza. Durante el actual programa trienal, el foco principal está puesto en el desarrollo tecnológico y la ingeniería de prototipos, así como en su validación científica mediante pruebas controladas. Estas pruebas se realizarán en un fiordo noruego, mientras se mantiene en paralelo un trabajo continuado con comunidades indígenas del Ártico y con representantes de países del hemisferio sur especialmente vulnerables a la subida del nivel del mar.

Una cortina de prueba de 40 metros de altura

La hoja de ruta incluye un programa de investigación de tres años para diseñar las cortinas y los sistemas de amarre, seleccionar materiales y validar su eficacia frente a las corrientes cálidas. En paralelo, el equipo prepara el despliegue de estaciones de fondeo en Pine Island Trough, frente al glaciar Thwaites, previsto para enero de 2026 y financiado por Outlier Projects. Este trabajo, dirigido por el profesor David Holland, de la Universidad de Nueva York, se enmarca en una serie de expediciones internacionales del Reino Unido, Estados Unidos y Corea del Sur entre 2026 y 2028. Los datos recogidos sobre temperatura, salinidad y velocidad de las corrientes serán clave para afinar el diseño de las cortinas.

Estos registros también servirán de base para la primera gran prueba al aire libre: una cortina experimental de 150 metros de longitud y 40 metros de altura que se prevé instalar en 2027 en el fiordo de Ramfjorden, cerca de Tromsø. El proyecto contempla la participación activa de comunidades indígenas locales, que aportarán conocimientos tradicionales al seguimiento ambiental antes, durante y después de la instalación.

Además, se está desarrollando un estudio comparativo en Svalbard para analizar un análogo natural: el fiordo Van Mijen, parcialmente aislado por una barrera natural, frente al vecino Kongsfjorden. El análisis de la biodiversidad en ambos entornos permitirá evaluar los efectos ecológicos de restringir las corrientes cálidas, con resultados previstos para marzo de 2026.

El objetivo final del proyecto es sentar, en un plazo de 15 años, las bases científicas, tecnológicas y regulatorias necesarias para tomar una decisión informada sobre la implementación de estas cortinas en la Antártida, dentro del marco del Sistema del Tratado Antártico. Mientras tanto, el equipo impulsa una campaña de recaudación de fondos para obtener 10 millones de dólares que permitan avanzar en la ingeniería, la monitorización de campo y el desarrollo de una tecnología que, de prosperar, podría convertirse en una herramienta clave frente al cambio climático.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas