Dunas en el desierto de Namib
Arena del desierto para construir casas y carreteras: la técnica que podría cambiar la manera de edificar
La reutilización y la sostenibilidad son dos pilares a los que empresas e instituciones se suman en aras de ser más respetuosos con el planeta. Una forma de aplicar estos conceptos es cambiar la manera en la que se generan algunos productos que usamos en nuestro día a día de una manera que perjudique en menor medida al medio ambiente.
Un claro ejemplo es la fabricación de hormigón, el material de construcción más utilizado del mundo y el segundo material más consumido del planeta, solo superado por el agua. En concreto, se producen cerca de 30.000 millones de toneladas al año, lo que equivale a unas cuatro toneladas por habitante y que genera aproximadamente el 8 % de las emisiones mundiales de CO2, debido principalmente al cemento utilizado.
Para fabricar este hormigón, uno de los ingredientes imprescindibles es la arena, que ha de tener una forma y tamaños específicos. Para ello, lo habitual es triturar la roca para obtener grava y arena, así como extraerla de los ríos, lo cual genera un importante impacto ambiental, además de una creciente escasez de arena.
Para atajar esta situación, los científicos llevan años intentando adaptar la arena del desierto para este menester, pero su grano es tan fino que no es adecuada como fijación en el hormigón. Por ello, un grupo de investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y la Universidad de Tokio han creado el prototipo de un nuevo material que han bautizado como hormigón de arena botánica, que combina arena del desierto con aditivos vegetales y se fabrica presionando arena del desierto y pequeños trozos de madera, junto con calor.
Aprovechar un recurso abundante
Los científicos ensayaron distintas fórmulas para desarrollar este nuevo material, variando la temperatura, la presión aplicada, el tiempo de prensado y la proporción de la mezcla, además de comparar diferentes tipos de arena. Las pruebas confirmaron que la arena del desierto ofrece un buen rendimiento con este método. De hecho, el material obtenido alcanzó tal nivel de resistencia que podría emplearse en la fabricación de adoquines para pavimentos y aceras.
El trabajo incluyó un análisis comparativo entre muestras elaboradas con arena desértica y otras producidas con distintos tipos de arena. «Todos los experimentos se han realizado hasta ahora en el laboratorio de la Universidad de Tokio. Evaluamos cómo factores como la temperatura, la proporción de la mezcla, la presión o el tipo de arena influyen en la resistencia y la densidad del material», explicó el investigador Ren Wei.
Más allá de sus propiedades técnicas, el hormigón de arena botánica podría tener un impacto ambiental significativo. Si su uso se generaliza en proyectos de construcción, disminuiría la necesidad de extraer arena de ríos o triturar montañas, prácticas con un elevado coste ecológico. Al mismo tiempo, permitiría aprovechar un recurso abundante en regiones desérticas que hoy supone un reto más que una oportunidad.
No obstante, los investigadores subrayan que aún son necesarias más pruebas antes de su aplicación a gran escala. Entre otros aspectos, deberán analizar su comportamiento frente a condiciones climáticas extremas, como el frío intenso, para valorar su viabilidad en países como Noruega. Además, Ren Wei insiste en que, para maximizar los beneficios ambientales, la arena del desierto debería utilizarse preferentemente en las zonas donde se encuentra, evitando que su transporte masivo genere nuevas emisiones y problemas logísticos.
Por ahora, el equipo contempla su uso principalmente en interiores. Sin embargo, con mayor desarrollo tecnológico, este material podría integrarse en la próxima generación de soluciones constructivas sostenibles y contribuir a resolver una paradoja global: mientras devastamos montañas para obtener áridos, vastas extensiones del planeta están cubiertas por arena que apenas aprovechamos.