Intensidad del campo magnético terrestre en la superficie del planeta
La Tierra ya registró una anomalía geomagnética similar a la del Atlántico Sur hace 2.000 años
El equipo obtuvo 41 nuevas determinaciones de intensidad absoluta del campo geomagnético a partir de materiales arqueológicos localizados en el noroeste de Argentina
Un equipo internacional encabezado por el Instituto de Geociencias, IGEO, centro mixto del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid, ha constatado que hace unos 2.000 años ya se produjeron anomalías de baja intensidad con pautas de evolución semejantes a las que presenta hoy la Anomalía del Atlántico Sur, conocida como SAA por sus siglas en inglés. Así lo ha comunicado este martes el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que subraya que este fenómeno no puede considerarse exclusivo de la época actual.
La Anomalía del Atlántico Sur corresponde a una zona del planeta en la que el campo geomagnético se encuentra particularmente debilitado. Esa menor intensidad facilita una penetración más elevada de radiación cósmica, lo que, según el CSIC, supone un riesgo creciente para satélites, misiones espaciales y distintos sistemas tecnológicos que dependen de la estabilidad del entorno electromagnético terrestre.
El trabajo, publicado en la revista PNAS, reconstruye cómo ha evolucionado el campo magnético terrestre en el hemisferio sur durante los últimos dos milenios. Para desarrollar esta investigación, el equipo científico obtuvo 41 nuevas determinaciones de intensidad absoluta del campo geomagnético a partir de materiales arqueológicos localizados en el noroeste de Argentina, una zona próxima al centro actual de la Anomalía del Atlántico Sur.
Estos restos arqueológicos conservan una señal vinculada al campo magnético terrestre que existía en el momento en que dichos materiales fueron sometidos a temperaturas elevadas en el pasado. Es el caso, por ejemplo, de procesos de cocción. Esa huella puede medirse con una elevada precisión en laboratorios especializados en arqueomagnetismo, lo que permite recuperar información valiosa sobre el comportamiento del campo geomagnético en épocas anteriores.
Una vez obtenidas esas determinaciones, los investigadores las combinaron con registros previos de alta calidad. A partir de esa integración, elaboraron un nuevo modelo geomagnético global capaz de reconstruir la evolución del campo magnético terrestre durante los últimos 2.000 años. Además, el trabajo ha permitido avanzar en el estudio de su origen mediante el análisis de la dinámica del núcleo externo de la Tierra, la región en la que se genera el campo geomagnético.
Según ha detallado el CSIC, este nuevo modelo confirma que la anomalía asociada a la SAA comenzó bajo el océano Índico alrededor del año 1.000. Desde ese punto, se desplazó gradualmente hacia el oeste, cruzó África y llegó hasta América antes de adoptar la configuración que se observa en la actualidad.
No obstante, el modelo no solo describe el desarrollo de la anomalía moderna. También identifica un episodio de características similares durante el primer milenio, con origen igualmente en el océano Índico y una trayectoria migratoria comparable a la que ha seguido la anomalía actual. La autora principal del estudio e investigadora del CSIC en el IGEO, Miriam Gómez-Paccard, ha señalado que «Esto indica que la SAA es probablemente la expresión más reciente de un proceso geomagnético recurrente que opera a escalas de milenios».
Por su parte, el investigador de la Universidad Complutense de Madrid y coautor del trabajo, F.J. Pavón-Carrasco, ha puesto el foco en una de las limitaciones que existían hasta ahora para comprender este fenómeno. La falta de datos en el hemisferio sur introducía amplios márgenes de incertidumbre en las reconstrucciones geomagnéticas de esa parte del planeta. En este sentido, explicó que «Al incorporar nuevos registros de intensidad absoluta de alta calidad y corregir los sesgos espaciales del conjunto de datos, el modelo revela patrones coherentes y recurrentes que antes no podían resolverse».
De acuerdo con el investigador, los resultados apuntan a la existencia de un control geodinámico multiescala. Esto significa que la dinámica del núcleo externo podría estar influida por las condiciones existentes en sus límites, ya sea desde el manto, en un proceso descendente, o desde el núcleo interno, en un proceso ascendente. En particular, los datos sugieren que grandes anomalías del manto profundo situadas bajo África podrían desempeñar un papel en el origen y la migración de estas zonas de baja intensidad geomagnética.
El estudio pone de manifiesto que el «motor» interno responsable de generar el campo magnético terrestre presenta una complejidad mayor de la que podría parecer. También evidencia que anticipar su evolución futura, incluida la trayectoria de la Anomalía del Atlántico Sur, resulta una tarea especialmente difícil, según el CSIC.
Aunque los resultados muestran que anomalías de este tipo pueden debilitarse e incluso desaparecer con el paso del tiempo, los mecanismos que intervienen en ese proceso y las escalas temporales en las que actúan continúan siendo, en buena medida, impredecibles. Por ello, los autores insisten en la necesidad de seguir ampliando los registros arqueomagnéticos de alta calidad, sobre todo en el hemisferio sur, con el fin de perfeccionar los modelos disponibles y mejorar las proyecciones futuras sobre el campo magnético de la Tierra.