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Un dromedario cruza una carretera en Kazajistán

Un dromedario cruza una carretera en KazajistánGobierno de Kazajistán

Lluvia artificial para paliar la sequía: Kazajistán, último país en utilizar esta medida

La siembra de nubes, que se utiliza por primera vez en Asia Central, puede incrementar las precipitaciones entre un 10 % y un 20 %

El agua es un elemento esencial para la vida y para el desarrollo económico y, cuando esta no aparece, sume en apuros a los países afectados por su escasez. Es lo que está ocurriendo en estos momentos en Kazajistán, que sufre una importante sequía que está, además, ralentizando el crecimiento del país.

Según estimaciones de la ONU, Kazajstán podría sufrir un déficit hídrico de hasta el 50 % de sus necesidades para uso comercial y doméstico para el año 2040. Esto se debe, en parte, a que gran parte del uso intensivo del agua se produce en los países vecinos, y es que el 44 % del caudal fluvial proviene de ellos. Este déficit podría reducir el PIB hasta en un 6 % para 2050, de ahí la preocupación del país asiático.

Ante esta situación, el gobierno ha optado por comenzar a utilizar una técnica peculiar: la siembra de nubes. Se trata del primer país de Asia Central que apuesta por esta medida para producir lluvia. De hecho, el ejecutivo kazajo organizó esta misma semana un acto al que asistieron tanto miembros del gobierno como de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y de los países vecinos.

El nuevo proyecto busca proteger más de 911.000 hectáreas de tierras agrícolas fértiles en la región de Turkestán frente a la sequía y la escasez de agua mediante un sistema avanzado de modificación climática. La iniciativa se desarrolla en colaboración con el Centro Nacional de Meteorología de los Emiratos Árabes Unidos, una institución con amplia experiencia internacional en tecnologías de siembra de nubes.

«El país está dando un paso decisivo hacia la resiliencia climática. Nunca antes se había impulsado una iniciativa de esta magnitud en nuestra región. Se trata del inicio de una nueva infraestructura climática basada en la ciencia, la cooperación internacional y las soluciones digitales», afirmó Zhaslan Madiyev, presidente de la OMM.

La técnica de siembra de nubes ya se utiliza en países como Estados Unidos, China, Francia, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Diversos estudios internacionales apuntan a que este método puede incrementar las precipitaciones entre un 10 % y un 20 %.

Los especialistas insisten además en la seguridad del sistema. Según explican, la tecnología tiene un alcance estrictamente local, limitado a unos cinco kilómetros, y no genera efectos negativos sobre el clima global. Para modificar las nubes se emplean compuestos salinos considerados seguros por los estándares internacionales.

El objetivo principal del proyecto es garantizar el riego de los cultivos y reducir las pérdidas económicas provocadas por la sequía. Las estimaciones oficiales calculan que la iniciativa podría generar un beneficio económico anual cercano a los 35.000 millones de tenges –unos 60 millones de euros– gracias al aumento de la productividad agrícola y a la mejora de los rendimientos.

Cómo funciona

La siembra de nubes comenzó a utilizarse en Estados Unidos durante la década de 1940 con el objetivo de reducir las tormentas de granizo, mientras que en otros países se aplicó para disipar bancos de niebla. Esta técnica consiste en modificar artificialmente las condiciones atmosféricas mediante la dispersión de sustancias en las nubes que actúan como núcleos de condensación y alteran sus procesos microfísicos.

Para ello se emplean habitualmente compuestos como el yoduro de plata o el hielo seco. El sistema solo funciona cuando las nubes contienen agua líquida sobreenfriada, es decir, gotas en estado líquido pese a encontrarse a temperaturas inferiores a los cero grados. Al introducir partículas como el yoduro de plata, la humedad se condensa alrededor de ellas, favoreciendo la formación de gotas de mayor tamaño que terminan precipitándose en forma de lluvia.

Sin embargo, aunque la técnica pueda parecer una solución eficaz frente a la sequía, diversos expertos advierten de sus limitaciones. El profesor emérito de Meteorología de la Universidad Estatal de Colorado, William R. Cotton, señaló en The Conversation que los resultados dependen de condiciones muy concretas, ya que los experimentos requieren tipos específicos de nubes y determinadas circunstancias de temperatura y viento para resultar efectivos.

Habrá que ver si, tras la introducción de esta técnica, Kazajistán consigue ver llover más a menudo y, con ello, mejorar sus reservas hídricas y evitar un posible cataclismo económico en el país.

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