Caballos salvajes, en Pontevedra
Caballos salvajes en España: una especie en extinción que previene los incendios forestales
La mayor manada de caballos salvajes de Europa se ha reducido a menos de la mitad de los 22.000 ejemplares que poblaban sus montañas, bosques y brezales en la década de 1970
Aún no hemos entrado en el verano y las temperaturas ya son extremas: varias zonas de España han superado estos días los 35 grados y, en las próximas jornadas se cruzará la barrera de los 40. Unos valores que harán que, inevitablemente, la abundante vegetación consecuencia de las lluvias de este año se seque y genere un combustible perfecto para alimentar los incendios forestales.
Al igual que ocurrió el año pasado, cuando las precipitaciones fueron muy copiosas y la vegetación era asimismo exuberante, el mes de agosto fue aciago, con hasta 336.345 hectáreas quemadas, siendo Galicia, Castilla y León y Extremadura las comunidades más afectadas. Por ello, es importante incrementar la prevención, aumentar los equipos de extinción y aprovechar aquellos medios naturales que también contribuyen al desbroce de los montes.
Es el caso de los caballos salvajes, cuyo papel se puso de relieve hace unos meses gracias a una investigación en la que participaron la Reserva Nacional de Caza de Boumort, la Fundación Miranda, la Asociación Forest Horses y la Universidad de Barcelona (UB). El trabajo muestra que estos animales adaptan su dieta en función de la raza, el entorno y las condiciones de manejo, lo que les permite complementar la labor de otros herbívoros, como ovejas y cabras, en la prevención de incendios forestales al reducir la carga de combustible vegetal y mantener abiertos los paisajes.
Los resultados reflejan comportamientos diferenciados entre las distintas razas analizadas. Los caballos de Przewalski, en un entorno de paisaje diverso, basaron su alimentación principalmente en gramíneas y contribuyeron al mantenimiento de prados abiertos, con una presión limitada sobre la vegetación leñosa.
Por su parte, la raza pottoka comenzó consumiendo herbáceas finas de alta inflamabilidad y, una vez reducida su disponibilidad, incorporó plantas leñosas a su dieta, favoreciendo así el control del sotobosque. En el caso de los caballos cruzados, sometidos a un manejo intensivo y de corta duración, se observó una rápida transición desde el consumo de herbáceas hacia especies leñosas, lo que confirma su potencial para actuaciones específicas de gestión forestal.
«Estos resultados muestran que los caballos, a pesar de su fama de preferir solo herbáceas, poseen una flexibilidad notable que los convierte en aliados valiosos en la prevención de incendios», afirma Jordi Bartolomé. Ariadna Nieto-Espinet añade que las razas rústicas, a menudo poco valoradas, tienen una enorme capacidad de adaptación que las sitúa en el centro de estrategias silvopastoriles.
Otro estudio elaborado por la Universidad de La Coruña en 2021 concluyó que la presencia de estos caballos no solo ayuda a reducir el riesgo de incendios forestales, sino que además impulsa la biodiversidad y mejora la capacidad de captura de carbono frente a otros usos del terreno, como las plantaciones de pinos o eucaliptos.
Preocupante declive
La conclusión es que la presencia de estos animales salvajes es positiva contra los incendios forestales porque se alimentan de la vegetación baja y el matorral seco, que ejercen como combustible en el terreno. Lucía Pérez, una de las responsables del cuidado de estos caballos en la localidad pontevedresa de Barro, explicó a Reuters que la presencia de los animales ha contribuido a reducir notablemente los incendios desde que comenzaron a pastar en la zona en 2019. «Antes había fuegos cada año, pero desde entonces solo hemos tenido un pequeño incendio en el primer año y nada más», afirmó.
El problema es que estos animales están desapareciendo. Según los datos de Reuters, la mayor manada de caballos salvajes de Europa se ha reducido a menos de la mitad de los 22.000 ejemplares que poblaban sus montañas, bosques y brezales en la década de 1970.
En el caso de Galicia, el eucalipto ha sido uno de los grandes culpables de este declive, ya que ha reemplazado zonas de pasto y ha reducido el alimento para los caballos. Por ello, Varios colectivos han exigido que se reconozca la singularidad de estos caballos y se proporcione más apoyo para poder mantenerlos. De no hacerlo, su futuro será incierto y su labor de prevención de incendios desaparecerá, de manera que los fuegos pueden llegar a ser aún más virulentos en muchas zonas de nuestro país.