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Posible súper El Niño según ECMWF

Posible súper El Niño según ECMWF

El Niño más intenso de la historia llegará a finales de año y desatará sequías extremas e inundaciones

Tanto la OMM como la NOAA prevén la llegada de este fenómeno, cuyos primeros indicios podrían empezar a manifestarse durante este próximo verano del hemisferio norte

Las posibilidades de que en los próximos meses se produzca un «superniño» son elevadas, según varios observadores meteorológicos. Expertos de Estados Unidos ya alertaban sobre ello hace apenas una semana, de manera que ponen en alerta a las regiones que podrían quedar más afectadas por este fenómeno.

El Niño es un evento climático natural que se repite de manera periódica, generalmente cada dos a siete años. Se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial experimentan un calentamiento superior al habitual, alterando así los patrones atmosféricos a escala global. Este cambio en la circulación del aire provoca importantes variaciones en el clima: algunas zonas acostumbradas a recibir abundantes lluvias pueden atravesar periodos de sequía, mientras que regiones normalmente secas pueden verse afectadas por precipitaciones intensas e inundaciones.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), los primeros indicios del desarrollo de El Niño podrían empezar a manifestarse durante este próximo verano del hemisferio norte, aunque el momento de mayor intensidad se alcanzaría previsiblemente en invierno. Desde la Organización Meteorológica Mundial (OMM), por su parte, prevén que el episodio de El Niño más intenso jamás registrado llegue a finales de 2026.

Los pronósticos actuales sitúan en un 62 % la probabilidad de que el fenómeno se forme entre junio y agosto. No obstante, lo que más preocupa a los expertos este año es la posibilidad de que evolucione hacia un denominado «superniño» a partir de noviembre, una fase caracterizada por temperaturas oceánicas que superan en más de dos grados centígrados la media histórica.

Pese a la relevancia de este posible escenario, los especialistas insisten en que un «superniño» no implica automáticamente efectos más extremos o destructivos. Según explica el experto Hosmay López, El Niño representa solo uno de los numerosos factores que intervienen en el comportamiento del clima global. Su principal importancia reside en que se trata de uno de los fenómenos climáticos con mayor capacidad de predicción dentro de un sistema atmosférico extremadamente complejo.

Consecuencias climáticas diferentes según la región

A nivel mundial, El Niño suele generar impactos muy distintos dependiendo de la zona geográfica. En países como Australia y diversas regiones del sudeste asiático, el fenómeno acostumbra a favorecer episodios de sequía e incendios forestales. Por el contrario, en gran parte del continente americano, especialmente en las costas, aumenta la probabilidad de lluvias intensas e inundaciones, incluyendo sectores del litoral atlántico de Estados Unidos.

En otras áreas estadounidenses, como las Grandes Llanuras y las regiones del norte, los inviernos tienden a ser más suaves y secos de lo habitual, una situación que puede empeorar las condiciones de sequía ya presentes.

Estos cambios atmosféricos se deben al debilitamiento de los vientos alisios, responsables normalmente de desplazar las aguas cálidas hacia el oeste del océano Pacífico. Cuando dichos vientos pierden fuerza, el agua caliente se desplaza nuevamente hacia el este, favoreciendo la formación de nubosidad y modificando los patrones habituales de precipitaciones en distintas partes del planeta.

Otro de los aspectos más importantes de El Niño es su influencia sobre la actividad de huracanes. Durante estos episodios, la cizalladura del viento –es decir, las variaciones en velocidad y dirección del viento a diferentes alturas– dificulta el desarrollo organizado de tormentas tropicales en el Atlántico, reduciendo así las probabilidades de formación de huracanes. Sin embargo, en el Pacífico oriental, especialmente cerca de México y Centroamérica, el calentamiento del agua favorece una mayor actividad ciclónica.

El último episodio catalogado como «superniño» tuvo lugar en 2015. Aunque se anticipaban consecuencias severas, como inundaciones importantes en California, muchos de esos efectos no llegaron a producirse debido a la interacción con otros patrones meteorológicos. Esto evidencia que, aunque El Niño puede desempeñar un papel clave en el clima global, sus impactos finales dependen de múltiples variables atmosféricas y oceánicas. Episodios similares también se registraron en 1982-83 y 1997-98, mientras que su posible relación con el cambio climático continúa siendo objeto de investigación científica sin conclusiones definitivas hasta la fecha.

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