Anomalía de El Niño
EE.UU. alerta de un «Superniño» dañino en el Pacífico, benévolo ante huracanes del Atlántico
El último «Superniño» se registró en 2015, aunque sus efectos previstos no se materializaron completamente debido a la interacción con otros patrones meteorológicos
Expertos de Estados Unidos anticipan la posible llegada de un fenómeno climático de gran intensidad en 2026: un «Superniño» capaz de alterar significativamente los patrones meteorológicos en distintas regiones del planeta. Este evento podría traducirse en lluvias intensas e inundaciones repentinas en la costa oeste estadounidense, mientras que el este del país experimentaría temperaturas más elevadas de lo habitual. Al mismo tiempo, este fenómeno actuaría como un factor que limitaría la formación de huracanes en el Atlántico, introduciendo un contraste notable en sus efectos.
El fenómeno de El Niño forma parte de un ciclo climático natural que ocurre aproximadamente cada dos a siete años. Se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial, lo que desencadena cambios en la circulación atmosférica global. Como consecuencia, regiones que suelen ser húmedas pueden sufrir sequías, mientras que otras, normalmente áridas, experimentan precipitaciones intensas.
Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), las primeras señales de este fenómeno comenzarían a observarse en el verano del hemisferio norte, aunque su punto máximo de intensidad llegaría durante el invierno. Las estimaciones más recientes apuntan a un 62 % de probabilidad de desarrollo entre los meses de junio y agosto. Sin embargo, lo que hace particularmente relevante este año es la posibilidad de que evolucione hacia un «Superniño» a partir de noviembre, definido por temperaturas oceánicas superiores en más de dos grados centígrados respecto al promedio histórico.
A pesar de su potencial magnitud, los científicos advierten que un «Superniño» no implica necesariamente consecuencias más devastadoras. Tal como explica el especialista Hosmay López, este fenómeno es solo uno de los múltiples factores que influyen en el clima global. Su importancia radica, más bien, en que es uno de los elementos más predecibles dentro de un sistema altamente complejo.
Impactos climáticos desiguales en el mundo
A escala global, El Niño suele provocar sequías e incendios forestales en regiones como Australia y el sudeste asiático. En contraste, las costas del continente americano tienden a registrar lluvias más intensas e inundaciones, incluyendo áreas del litoral atlántico de Estados Unidos. En otras zonas del país, como las Grandes Llanuras y el norte, los inviernos serían más secos y menos fríos, lo que podría agravar situaciones de sequía ya existentes.
Estos efectos se explican por el debilitamiento de los vientos alisios, que normalmente empujan el agua cálida hacia el oeste del Pacífico. Cuando estos vientos se reducen, el agua caliente regresa hacia el este, favoreciendo la formación de nubes y alterando los patrones de precipitación.
Otro aspecto clave es su influencia sobre los huracanes. Durante los episodios de El Niño, la cizalladura del viento –cambios en la velocidad y dirección del viento con la altura– dificulta la organización de tormentas en el Atlántico, reduciendo la probabilidad de huracanes. En cambio, en el Pacífico oriental, especialmente en regiones como México y Centroamérica, el calentamiento del agua favorece una mayor actividad ciclónica.
El último «Superniño» se registró en 2015, aunque sus efectos previstos, como grandes inundaciones en California, no se materializaron completamente debido a la interacción con otros patrones meteorológicos. Esto demuestra que, aunque El Niño puede ser determinante, su impacto final depende de múltiples variables. Fenómenos similares ocurrieron también en 1982-83 y 1997-98, y su relación con el cambio climático continúa siendo objeto de estudio sin conclusiones definitivas hasta el momento.