Fenómenos climáticos de El Niño y La Niña
El Niño podría regresar con fuerza en 2025: la ONU avisa de más sequías, lluvias intensas y olas de calor
Este fenómeno se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, alterando la circulación atmosférica global
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido de que existe un 90 % de probabilidad de que el fenómeno climático de El Niño reaparezca durante este año y que lo haga con una intensidad potencialmente fuerte, un escenario que podría agravar las sequías, las lluvias torrenciales y las olas de calor tanto en tierra como en los océanos. Según el organismo de Naciones Unidas, las condiciones actuales en el océano Pacífico muestran señales claras de que el fenómeno está desarrollándose y podría tener repercusiones a escala global.
«La ciencia es clara: El Niño está llegando a nuestras puertas en los próximos meses», señaló la OMM, que alertó de que sus efectos se producirán en un contexto de calentamiento global sin precedentes. Y es que se sabe que una atmósfera y unos océanos más cálidos proporcionan más energía y humedad al sistema climático, favoreciendo fenómenos extremos más intensos.
Las observaciones realizadas entre finales de abril y mediados de mayo muestran que la temperatura superficial del mar en la región del Pacífico utilizada como referencia ya se encontraba cerca de los umbrales característicos de El Niño. Además, las temperaturas subsuperficiales registraban anomalías superiores a los 6 grados centígrados respecto a la media, una situación que refuerza las expectativas de desarrollo del fenómeno.
El Niño es un evento climático natural que suele repetirse cada dos a siete años. Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal debido al debilitamiento de los vientos alisios, alterando la circulación atmosférica global. Como consecuencia, algunas regiones experimentan precipitaciones más intensas de lo habitual, mientras que otras sufren periodos prolongados de sequía.
Preocupación por un posible «superniño»
La secretaria general de la OMM, la científica argentina Celeste Saulo, pidió prepararse para un episodio potencialmente fuerte y subrayó la importancia de los sistemas de alerta temprana y los pronósticos estacionales para minimizar daños. Según explicó, la cooperación entre organismos científicos permitirá anticipar mejor los impactos y facilitar la planificación de gobiernos y organizaciones humanitarias.
Aunque algunos expertos han planteado la posibilidad de que el fenómeno evolucione hacia un denominado «superniño», caracterizado por temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas –más de dos grados por encima de la media histórica–, los especialistas recuerdan que una mayor intensidad no implica necesariamente consecuencias más devastadoras. La evolución final dependerá de la interacción con otros factores atmosféricos y oceánicos, tal y como ocurrió en algunos episodios anteriores.
Los efectos de El Niño varían según la región. Habitualmente provoca un aumento de las lluvias en partes de América del Sur, el sur de Estados Unidos, algunas zonas del Cuerno de África y Asia central. En cambio, suele asociarse con sequías en América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica, Australia, Indonesia y diversas áreas del sur de Asia. También puede modificar la actividad ciclónica, reduciendo la formación de huracanes en el Atlántico debido al aumento de la cizalladura del viento, mientras favorece una mayor actividad de tormentas en el Pacífico oriental.
El episodio más reciente se registró entre 2023 y 2024 y fue uno de los cinco más intensos de los que se tiene constancia, contribuyendo a que se alcanzaran temperaturas globales récord. Los expertos recuerdan que cada episodio es diferente y que sus consecuencias dependen de numerosos factores. Sin embargo, coinciden en que la combinación de un nuevo El Niño con el actual calentamiento global podría amplificar los impactos climáticos en numerosas regiones del planeta, aumentando el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos y reforzando la necesidad de anticiparse a sus efectos.