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Encuesta sobre el cambio climático

Encuesta sobre el cambio climáticoFreepik

La preocupación de los españoles por el cambio climático cae 25 puntos desde 2019

La investigación también refleja una menor identificación de los ciudadanos con estilos de vida vinculados a la sostenibilidad

La inquietud de los españoles por el cambio climático se ha reducido de forma notable en los últimos años. Así lo refleja la séptima edición del informe anual 'El consumo sostenible y los productos certificados', elaborado por la plataforma ClicKoala junto al Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha. El estudio, difundido con motivo del Día Mundial del Medioambiente, que se celebra el próximo 5 de junio, constata una caída de 25 puntos porcentuales en el nivel de preocupación ciudadana respecto a 2019.

Aunque una amplia mayoría de la población continúa mostrando algún grado de inquietud por esta cuestión, el porcentaje ha descendido desde el 93,1 % registrado hace seis años hasta el 77,5 % actual. El retroceso es aún más acusado entre quienes consideran el fenómeno un problema de gran magnitud. En 2019, el 67 % de los encuestados aseguraba estar «muy preocupada» y calificaba el cambio climático como «un gran problema». En la actualidad, esa proporción se sitúa en el 42 %.

La investigación también refleja una menor identificación de los ciudadanos con estilos de vida vinculados a la sostenibilidad. Si hace seis años casi cuatro de cada diez españoles afirmaban que vivir de manera respetuosa con el medioambiente formaba parte de su identidad personal, ahora esa percepción se reduce a tres de cada diez.

Uno de los datos más llamativos del informe afecta a los jóvenes. Este grupo, que en las primeras ediciones aparecía entre los más sensibilizados con la cuestión climática, registra ahora los descensos más pronunciados. Entre los hombres de 16 a 24 años, la proporción de quienes se declaran muy preocupados pasa del 68 % al 27,2 %. En el caso de las mujeres de esa misma franja de edad, el porcentaje cae del 73,9 % al 35,2 %.

Por el contrario, entre los mayores de 65 años la preocupación se mantiene con mayor solidez, aunque también experimenta variaciones. Los hombres de este grupo pasan del 60,7 % al 48,4 %, mientras que las mujeres evolucionan del 58,3 % al 59,7 %, convirtiéndose en el único segmento que no registra un descenso.

La pérdida de intensidad en la preocupación no se limita al cambio climático. El estudio revela retrocesos similares en otros ámbitos medioambientales. El porcentaje de personas que se declaran muy preocupadas por el exceso de plásticos desciende del 66 % al 45 %, una caída de 19 puntos. La inquietud por la pérdida de biodiversidad baja del 63 % al 42 %, mientras que la relacionada con la contaminación urbana pasa del 59 % al 40 %, en ambos casos con una reducción de 21 puntos porcentuales.

El director de la investigación, Xavier Moraño, interpreta estos resultados como un síntoma de desgaste más que de indiferencia. En un comunicado, señaló que «no es que el cambio climático haya dejado de importar, es que la preocupación se está desgastando» porque «cuando se repite (la alarma climática sin mostrar salidas claras, comprensibles y alcanzables, corre el riesgo de convertirse en cansancio, distancia o impotencia».

A su juicio, el reto principal ya no consiste únicamente en recordar la existencia del problema, sino en convencer a la ciudadanía de que todavía es posible actuar con eficacia. En este sentido, defendió la necesidad de «mostrar que actuar todavía tiene sentido».

Los datos del informe apuntan precisamente a una brecha entre preocupación y acción. Solo un 12 % de la población convierte la ansiedad climática en cambios concretos de comportamiento mediante hábitos más sostenibles. Frente a ello, un 20 % permanece en una situación de bloqueo, mientras que el resto de los ciudadanos se sitúa fuera de la denominada ansiedad climática. Para este grupo, la sostenibilidad no desaparece como preocupación, pero deja de ocupar un lugar prioritario.

Entre las prácticas sostenibles más extendidas destaca la compra responsable. El 48 % de los encuestados asegura sentirse orgulloso cuando considera que ha realizado una adquisición respetuosa con el medioambiente y con quienes producen los bienes adquiridos. En contraste, únicamente un 22 % reconoce sentirse culpable cuando compra productos que percibe como contrarios a sus principios.

También aparecen consolidados otros comportamientos vinculados a la sostenibilidad. El 63 % de los españoles afirma donar, regalar o vender aquellos objetos que ya no utiliza, mientras que un 58 % asegura separar habitualmente los residuos para su reciclaje.

Según las conclusiones del estudio, la sostenibilidad obtiene mejores resultados cuando se asocia a sentimientos positivos como la utilidad, la coherencia personal o el orgullo, en lugar de fundamentarse exclusivamente en la obligación o la culpa. De este modo, los investigadores consideran fundamental que los ciudadanos perciban que sus acciones son posibles de llevar a cabo, tienen valor y generan un efecto real.

La investigación incorpora además la opinión de 145 especialistas en sostenibilidad. Sus respuestas respaldan la idea de que el avance del consumo sostenible depende en gran medida del contexto social y económico. Los expertos advierten de que factores como las crisis económicas, las tensiones geopolíticas, las pandemias o las crisis energéticas pueden encarecer productos, limitar su disponibilidad y modificar las prioridades de compra de los consumidores. En consecuencia, aumenta el riesgo de que las preocupaciones medioambientales queden relegadas frente a necesidades consideradas más urgentes e inmediatas.

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