El grupo de focas disfruta de las olas del mar en la playa de Ostende
Los únicos seres que parecen no inmutarse ante la ola de calor: las focas regresan a Ostende
Desde la pandemia, un grupo de focas grises y comunes se acercan a la playa de esta ciudad belga, lo que les ha convertido en un atractivo turístico
Dicen los habitantes de esta ciudad ubicada en el extremo septentrional de Bélgica, a orillas del mar del Norte, que las focas aprovecharon el confinamiento de 2020 para acercarse hasta la playa para descansar. Y desde entonces, Ostende se ha convertido en la ciudad de las focas.
Bélgica vivió este viernes el día más caluroso de la que ya está considerada como la mayor ola de calor sufrida por este país, según el Royal Meteorological Institute (RMI), más acostumbrado al frío y a los días nublados que a los cerca de 40 grados que se vivieron ayer, 38 en el caso de Bruselas.
Uno de los ejemplares
Y efectivamente, una decena de focas parecen tomar el implacable sol en el recinto que se ha vallado expresamente para estos animales en plena playa urbana de esta localidad que se ha convertido en el refugio imprescindible de los belgas en los días de calor. Visto lo visto, también para las focas.
Se trata de un grupo de focas grises y focas comunes, las especies que mejor se han adaptado al que se supone frío Mar del Norte. Quizá sea por esa temperatura del agua que estas focas parecen no sufrir los embustes estivales, pero también es cierto que aprovechan la marea baja, que estos días se produce a mediodía, para salir del agua y repantigarse al sol.
En realidad es su forma de soportar las altas temperaturas de estos días. Aprovechan la humedad de la arena para refrescar su panza y, al mismo tiempo, elevan sus extremidades y cabeza, la llamada «postura del plátano» para liberar calor a través de ellas, según explica un voluntario que vigila este pequeño santuario de focas belgas.
Las focas se refrescan con la llamada «postura del plátano»
Un grupo de voluntarios al amparo de la asociación North Seal Team cuida de ellas precisamente desde que comenzaron a acercarse a la costa belga. De igual modo vallaron un trocito de la Klein Strand para que descansen y se puedan acercar al arenal sin miedo de enfrentarse con el depredador ser humano. Pero, al mismo tiempo estas focas se encuentran apenas de 30 metros de las vallas, por lo que es muy fácil, y una alegría para la vista, verlas cuando abandonan el agua para tomar la arena como si fueran los sofás de su casa.
Esta asociación, en colaboración con el Gobierno belga, se encarga de cuidarlas, curar a las que llegan a la costa heridas y de mimarlas. Dicen en la asociación que son unos animales que se estresan con mucha facilidad, aunque cualquiera lo diría porque no tienen reparos en acercarse a esta playa, muy cercana a la zona que ocupan los búnkeres y restos de lo que los alemanes denominaron ‘Muro Atlántico’ durante la II Guerra Mundial.
Los animales se acercan a la zona poblada y a los búnkeres del 'Muro Atlántico' (izquierda)
La idea es que se puedan reproducir y reintroducir a estos animales en una zona donde prácticamente desaparecieron debido a la caza furtiva y la actividad del ser humano. Ahora se han convertido en uno de los principales reclamos turísticos de Ostende.