Fundado en 1910

Superficie forestal de España. Fuente: CORINE Land Cover 1990 y 2018 (IGN).L. C. / El Debate

El abandono de los bosques, por regiones: más grandes, más árboles y más inflamables

En el último medio siglo ha crecido la masa forestal y su densidad debido a la falta de explotación rural y la ausencia de gestión

La superficie forestal de España ha experimentado un cambio silencioso pero profundo. Con el abandono rural de áreas de montaña, los antiguos pastos convertidos en matorrales y la recuperación natural sin la gestión humana, los bosques españoles no solo han ganado extensión, sino que han acumulado una cantidad sin precedentes de volumen de madera lista para arder a la menor chispa.

España es el tercer país de la Unión Europea con mayor superficie forestal, solo superado por Suecia y Finlandia. Más de la mitad de España es bosque. Unos bosques más grandes y cada vez más densos, y más proclives a sufrir grandes incendios. Según los Inventarios Nacionales Forestales (IFN), elaborados por el Ministerio para la Transición Ecológica, la superficie forestal en España ha aumentado un 10 % y su densidad un 62 % en el último medio siglo. En este cómputo, no obstante, hay que tener en cuenta que el último inventario ha contado con mayor precisión en la escala del mapa que el primero, elaborado en 1975.

Los últimos incendios, con récord de hectáreas quemadas, son una alerta de los riesgos de la falta de gestión de los bosques. Aunque el aumento de madera en los montes se suele interpretar como un indicador positivo de salud ambiental, desde la lectura de la ingeniería forestal exige prudencia por el riesgo de grandes incendios forestales y el estancamiento de la regeneración.

El abandono de los usos tradicionales del monte (extracción de leña, resinado, pastoreo extensivo) ha convertido el exceso de masa forestal no gestionada en una extensión de combustible continuo, vulnerable a incendios de gran intensidad bajo episodios de sequía y olas de calor.

Los usos del bosque que permitían la discontinuidad de la masa forestal, como el pastoreo, se han abandonado. El abandono de los montes deja que la vegetación crezca de forma continua en extensión y altitud. Una mecha prendida ha dejado en evidencia que es casi imposible pararlo hasta después de arrasar kilómetros.

Bosques en pastizales abandonados

Castilla y León presenta uno de los mayores incrementos de superficie arbolada debido a la matorralización y colonización de tierras agrícolas y pastizales abandonados, según el Inventario Nacional Forestal. En Castilla-La Mancha, el suelo forestal se ha expandido, impulsado por el paso de zonas desarboladas a bosque arbolado denso.

En la Comunidad Valenciana, la falta de aprovechamientos madereros y la menor presión ganadera han permitido que los pinares acumulen masa rápidamente, aumentando la densidad del combustible forestal. En Aragón, el monte arbolado ha ganado terreno a costa de las áreas desarboladas y de matorral.

Bosques maduros

Asturias, más que una expansión de las fronteras forestales, ha vivido una consolidación de sus cubiertas: antiguos matorrales y montes ralos han cerrado copas, transformándose en bosque denso. Una situación similar se da en Cantabria. Galicia, con una elevada productividad forestal, experimenta una fuerte rotación de cortas y reforestaciones.

En Extremadura, los bosques y dehesas han ganado porte. Cataluña y el País Vasco, por su parte, han consolidado su masa forestal.

Repoblaciones

En la Comunidad de Madrid, las repoblaciones a base de coníferas en la sierra han alcanzado la fase de madurez, ganando mucho volumen de tronco por árbol. En Canarias, pese a los incendios forestales recurrentes que afectan al pino canario, la notable capacidad de rebrote de esta especie ha permitido mantener un saldo positivo en la masa maderable.

España no es la misma que hace cincuenta años. La población ha abandonado el campo, y ese abandono tiene consecuencias: los grandes incendios son más difíciles de apagar porque hay menos cortafuegos. Este contexto se agrava con un clima con olas de calor más intensas, con las trágicas consecuencias como las vividas cada verano.