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Imagen de dos mujeres protegiéndose de la ola de calor

Imagen de dos mujeres protegiéndose de la ola de calorEP

Cómo se calculan las muertes por calor en España y por qué las cifras no coinciden

La explicación es que el calor suele agravar enfermedades previas y aumentar el riesgo de fallecimiento por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales

Cada verano, la llegada de las altas temperaturas viene acompañada de cifras distintas sobre las muertes relacionadas con el calor. Algunas contabilizan los golpes de calor y otras estiman las defunciones atribuibles a las temperaturas elevadas. La diferencia se explica porque no todas miden lo mismo y, en muchos casos, se trata de estimaciones, ya que el calor no siempre figura como causa inmediata del fallecimiento.

El golpe de calor aparece cuando la temperatura corporal supera generalmente los 40 °C y el organismo pierde la capacidad de regularla. Puede causar confusión, convulsiones, coma y fallo multiorgánico. Sin embargo, las muertes certificadas por este motivo representan solo una pequeña parte del total. Un estudio internacional publicado en The Lancet Public Health, con datos de 34 países, concluyó que en la mayoría de los países europeos, incluida España, apenas suponen alrededor del 1 % de las muertes atribuibles al calor. En Japón, donde la vigilancia está más estandarizada, la proporción puede alcanzar el 54 % durante los episodios más extremos.

La explicación es que el calor suele agravar enfermedades previas y aumentar el riesgo de fallecimiento por causas cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias o renales. En esos casos, el certificado de defunción recoge la enfermedad principal, pero no siempre identifica la influencia de la temperatura.

Residentes de Varsovia buscan refrescarse en el Parque de la Fuente Multimedia de Varsovia el 27 de junio de 2026 en plena ola de calor

Residentes de Varsovia buscan refrescarse en el Parque de la Fuente Multimedia de Varsovia el 27 de junio de 2026 en plena ola de calorEFE

Para calcular el impacto real, se analizan durante varios años los datos diarios de mortalidad y temperatura de cada ciudad. Con ellos se construye una curva de exposición y respuesta que muestra cómo varía el riesgo de morir. Su punto más bajo corresponde a la temperatura de mínima mortalidad, aquella en la que el riesgo es menor.

Después se compara el riesgo relativo registrado a una temperatura concreta con el de esa referencia. Si a 30 °C el riesgo relativo es de 1,5 respecto a 20 °C, significa que la probabilidad de morir es un 50 % mayor. A partir de ahí se calcula la fracción atribuible y el número de muertes asociadas al calor. Así, de 75 fallecimientos esperados a 30 °C, 50 se habrían producido igualmente y los 25 restantes corresponderían al exceso vinculado con la temperatura.

El procedimiento se repite cada día y ofrece una estimación con margen de incertidumbre. En España, un estudio con datos del Instituto Nacional de Estadística de 1999 a 2018 señaló que las enfermedades circulatorias y respiratorias concentraban la mayor parte de las muertes atribuibles al calor. También detectó una contribución relevante de los trastornos mentales y las enfermedades del sistema nervioso.

El umbral de riesgo varía según el clima y la adaptación de cada población. Un análisis realizado en 43 países situó la temperatura de mínima mortalidad entre 13 °C en zonas alpinas y 26,5 °C en regiones tropicales. Además, por cada grado de aumento de la temperatura media anual, ese umbral subía 0,8 °C.

Varios niños se refrescan en una fuente durante la tercera ola de calor en Madrid

Varios niños se refrescan en una fuente durante la tercera ola de calor en MadridEuropa Press

El peligro tampoco se limita a los episodios extremos. Durante el verano de 2025 se estimaron en España 10.831 muertes atribuibles al calor moderado y 4.880 al extremo. Esto muestra que la acumulación de muchos días calurosos puede causar una carga mayor que unos pocos episodios excepcionales.

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