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Imagen de archivo de una planta desalinizadoraFreepik

Científicos chinos logran desalar agua de mar con energía solar a un coste inferior al del agua embotellada

Bajo condiciones normales de insolación, el sistema fue capaz de producir hasta 20 litros de agua dulce al día, que además cumplía los estándares de calidad para consumo humano establecidos por la OMS

La desalinización se presenta como una de las herramientas con mayor peso para garantizar el suministro de agua. Solo en la Unión Europea, unos 22 millones de personas no tienen acceso a agua potable, ya sea por falta de infraestructuras o por problemas de contaminación.

Por ello, aprovechar el agua del mar se convierte cada vez más en una opción factible, especialmente en aquellos territorios en los que escasean las lluvias y tienen fácil acceso al mar, como las islas o ciertas zonas desérticas. No obstante, uno de los grandes problemas de esta técnica es su enorme consumo de energía.

Pero China parece haber dado con la tecla para mejorar la eficiencia de la desalinización mediante la luz solar, algo que podría llegar a hacer que la producción de agua potable a partir de agua del mar sea incluso más barata que el agua embotellada.

Un equipo de investigadores de la Academia China de Ciencias asegura haber dado un importante paso adelante con el desarrollo de una innovadora estructura tridimensional capaz de multiplicar la producción de agua dulce a partir del agua de mar utilizando únicamente la energía del sol. Los resultados, publicados en la revista Advanced Materials, muestran una mejora sin precedentes en la eficiencia del proceso.

El nuevo material está formado por una compleja red de cadenas de polímeros estrechamente unidas y estructuras huecas en forma de cáscara. Este diseño permite aprovechar mejor la radiación solar y optimizar el transporte del agua, dos factores clave para aumentar la velocidad de evaporación.

Según los investigadores, esta arquitectura alcanza una absorción solar de banda ancha del 90,2 % y reduce el consumo energético necesario para evaporar el agua en un 45,7 %. Gracias a ello, consigue una tasa de evaporación 8,5 veces superior a la registrada hasta ahora con tecnologías similares. «La excelente capacidad de conversión fototérmica y de transporte de agua proporciona un rendimiento de evaporación tan excepcional», explica Wang Dan, uno de los autores del estudio.

Del laboratorio al campo

Tras comprobar el funcionamiento del nuevo material en el laboratorio, los científicos decidieron probar su utilidad en condiciones reales. Para ello construyeron un pequeño dispositivo de desalinización destinado a funcionar al aire libre únicamente con luz solar.

Campo de pruebas para equipos de desalinización de agua

Las pruebas ofrecieron resultados muy prometedores. Bajo condiciones normales de insolación, el sistema fue capaz de producir hasta 20 litros de agua dulce al día. Además, el agua obtenida cumplía los estándares de calidad para consumo humano establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es su reducido tamaño. Toda la instalación ocupa apenas 0,75 metros cuadrados, una superficie inferior a la de una mesa de comedor. Pese a ello, los investigadores calculan que podría generar suficiente agua potable para cubrir las necesidades básicas diarias de aproximadamente diez personas.

Pero las aplicaciones del sistema no terminan ahí. El equipo utilizó también el agua desalinizada para regar un pequeño terreno experimental de cinco metros cuadrados. En esa parcela consiguieron completar con éxito el ciclo de crecimiento de distintos cultivos, entre ellos espinacas, maíz y col china.

Según los autores del estudio, estos resultados demuestran que la tecnología no solo puede suministrar agua para consumo humano, sino también convertirse en una herramienta útil para el riego agrícola en regiones donde la falta de agua limita la producción de alimentos.

Los investigadores destacan, además, que los materiales empleados mostraron una elevada resistencia y estabilidad tras un uso prolongado, un aspecto fundamental para garantizar su viabilidad fuera del laboratorio.

En el plano económico, las previsiones también son optimistas. Los científicos estiman que, tras dos años de funcionamiento, el coste del agua obtenida con este sistema sería inferior al del agua embotellada comercial, lo que podría convertir esta tecnología en una alternativa sostenible y asequible para millones de personas que viven en zonas afectadas por la escasez de recursos hídricos. Su objetivo es que este nuevo material sirva como base para futuros sistemas de producción de agua dulce alimentados exclusivamente por energía solar.