Manifestación en Arenas de Cabrales el pasado lunes
La batalla de un pueblo de 800 vecinos contra una planta de biogás: «Han buscado el peor sitio de Asturias»
Los habitantes de Arenas de Cabrales denuncian la opacidad del proceso y el hecho de que ni Ayuntamiento ni Principado les haya preguntado si quieren el proyecto en su municipio
Arenas de Cabrales es una pequeña villa asturiana de apenas 20 kilómetros cuadrados enclavada en una de las puertas de los Picos de Europa. Con poco más de 800 habitantes, los cabraliegos llevan meses alzando la voz contra la instalación de una planta de biogás en su término municipal, una obra que, según sus detractores, pondría en riesgo el paraje natural de la zona.
Con este proyecto se pretende levantar una instalación industrial que transforma materia orgánica en energía renovable y fertilizantes mediante un proceso biológico sin oxígeno. Desde la empresa impulsora, Agrolinera SL, defienden que la ubicación en Arenas de Cabrales es debido a que la gestión tradicional de residuos ya no es sostenible, puesto que se genera más residuo del que puede absorber la tierra.
Pero a los ciudadanos del municipio no les convencen estos argumentos. El Debate ha hablado con Mento de la Llana, presidente de la Asociación por la Defensa Ambiental de Arenas de Cabrales, que lleva dos años reclamando información y participación en torno al proyecto. Asegura que el «hartazgo» entre los vecinos es cada vez mayor ante lo que considera una tramitación marcada por la falta de transparencia y el silencio de las administraciones.
«Nos sentimos abandonados», lamenta De la Llana en conversación con este periódico. Según explica, el colectivo lleva meses intentando obtener respuestas de los responsables políticos sin conseguir aclaraciones suficientes sobre una instalación que, a su juicio, puede tener un impacto importante sobre Arenas de Cabrales. Cabe destacar que tanto Ayuntamiento como Principado están gobernados por el PSOE, dos instituciones que, según la plataforma, no han escuchado las voces discordantes.
La asociación sostiene que el proyecto se plantea en una ubicación especialmente sensible. «Han buscado el peor sitio de Asturias para ponerlo», afirma su presidente. Según relata, la parcela se encuentra en las proximidades del río Cares y de una zona incluida en la Red Natura 2000, además de estar cerca del Parque Nacional de los Picos de Europa. También advierte de la inestabilidad del terreno y del riesgo de desprendimientos en el entorno.
A estas preocupaciones se suma, según los vecinos, el impacto que tendría el tráfico asociado a la instalación. De acuerdo con la documentación que maneja la asociación, la planta recibiría alrededor de 99 toneladas de residuos diarios. «La carretera que llega al pueblo no está preparada para este flujo de camiones», sostiene De la Llana, que teme además problemas de olores y ruido en una localidad cuya economía depende en buena medida del turismo y de su actividad comercial y ganadera.
La asociación también alerta de los riesgos derivados de la producción de gas y electricidad. El presidente señala que la instalación «puede provocar una explosión» y que existe preocupación por un eventual incendio que pudiera afectar al entorno forestal. Según sus cálculos, la planta estaría a unos 190 metros de un camping y próxima también a una gasolinera y a la carretera que conecta con Panes.
El proyecto ha recibido además un informe desfavorable de la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio de Asturias (Cuota). Sin embargo, el Gobierno del Principado ha manifestado que considera viable la instalación y que acompañará al Ayuntamiento de Cabrales en una nueva tramitación. Para la asociación, esta posición resulta difícil de entender después del pronunciamiento desfavorable del organismo urbanístico.
Dos años reclamando información
Los vecinos denuncian que el proyecto se ha tramitado con «total opacidad» y que no fueron informados adecuadamente mientras transcurrían los plazos para presentar alegaciones. «Nadie dijo nada», asegura De la Llana, que afirma que la asociación ha recurrido a abogados para seguir el procedimiento y ha enviado comunicaciones al Principado y a organismos relacionados con la protección de los espacios naturales.
El colectivo asegura haber recogido más de 12.000 firmas contra la ubicación de la planta y haber organizado distintas movilizaciones. Una de las más visibles tuvo lugar durante el Día del Queso, cuando los vecinos formaron una cadena humana para mostrar su rechazo al proyecto. «El 95 % del pueblo está en contra», sostiene el presidente de la asociación.
La oposición no se limita, según De la Llana, a una cuestión ambiental. Arenas de Cabrales cuenta con alrededor de 15 queserías vinculadas a la Denominación de Origen Protegida Cabrales, una actividad que los vecinos consideran incompatible con determinados impactos asociados a una planta de estas características. «No estamos en contra de los ganaderos, de los queseros ni de las DOP Cabrales o Gamonéu», recalca De la Llana. El problema, explica, es que los costes y las posibles molestias derivados de la gestión de los residuos no recaigan sobre todo el pueblo. «Nuestro objetivo es exclusivamente que la ubicación no es esa», resume. «Hay que buscar un sitio, pero este no es el adecuado».
La asociación sostiene que existen alternativas para gestionar los residuos ganaderos sin instalar la planta en Arenas. Entre ellas, plantea que varios ganaderos puedan organizar y financiar conjuntamente su tratamiento o estudiar ubicaciones más adecuadas. De la Llana menciona, por ejemplo, la zona de Posada de Llanes, donde existe una EDAR, la autovía del Cantábrico y un gasoducto, infraestructuras que, a su juicio, podrían hacer más apropiada esa localización.
Un conflicto que viene de lejos
Detrás del proyecto existe además un problema relacionado con la gestión de los purines y residuos generados por la actividad ganadera. El presidente de la asociación explica que durante años ha existido un conflicto por los vertidos y que la situación viene de hace más de dos décadas. A su juicio, la planta se presenta ahora como una solución para aprovechar esos residuos, pero considera que el remedio no puede consistir en trasladar las molestias a un núcleo habitado y turístico.
Los vecinos recuerdan además que proyectos similares se han planteado en otros municipios asturianos, como Llanes o Cangas de Onís, y que sus respectivos ayuntamientos habrían mostrado su rechazo. «Cabrales sí quiso», critica De la Llana, en referencia a la posición del Ayuntamiento. Insiste, asimismo, en que la protesta no responde a una cuestión partidista, aunque reconoce que el conflicto ha generado malestar incluso entre vecinos tradicionalmente vinculados al PSOE, partido que gobierna el municipio. «Hay votantes socialistas con carné que lo han roto y nos apoyan», asegura.
Mientras el Principado mantiene que el proyecto puede salir adelante mediante una nueva tramitación, los vecinos continúan reclamando información y participación. Para el colectivo, el debate no es biogás sí o biogás no, sino dónde debe instalarse una infraestructura de estas características. Y su respuesta es tajante: Arenas de Cabrales no es el lugar.