Fundado en 1910
Álvaro Pretel

Búbal, el pueblo que murió bajo un pantano y volvió a la vida

Esta localidad de Huesca iba a desaparecer, fruto de una desamortización en los años 60, y ha renacido gracias a los voluntarios

BúbalAragón

Búbal es un pueblo en la provincia de Huesca, perteneciente al municipio de Biescas, fundado en 1723 por el militar Andrés de Aznar y Aznar.

En los años 60 fue expropiado de manera forzosa por parte de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), como parte de la construcción de la presa de Búbal en el río Gállego. Como consecuencia, todas las personas se fueron y, cuando el embalse se llenó, el pueblo se quedó desierto. El embalse, al final, cubrió solo la parte baja del pueblo, y durante mucho tiempo fue una localidad fantasma más en España.

En 1984, después de que el pueblo llevase más de una década viviendo en el abandono, surgió el Pruepa (Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados), una iniciativa llevada a cabo por los ministerios de Educación o Transición Ecológica y, en este caso, el Gobierno de Aragón. Tiene dos objetivos principales: la restauración y recuperación de estos pueblos, por un lado, y, por otro, la educación de jóvenes –normalmente en entornos más urbanos– sobre el medio ambiente, la convivencia y la sostenibilidad.

También existe un trasfondo más cultural, ya que Búbal no es el único pueblo que se encuentra dentro de estas características de abandono. En este caso, ocurrió por la construcción de un pantano, pero en muchos otros lugares esto ocurre por el éxodo rural, un problema cada vez más grande en nuestro país. Otro de los temas importantes sobre los que reflexiona son los oficios del Valle de Tena, como la arquitectura tensina que, con el auge de la industria y la modernización, se han ido perdiendo, como la jabonería o la elaboración de pan.

Foto sin fecha hacia 1970: localidad deshabitada de Búbal, en la comarca del Alto GállegoEFE

En el caso de la restauración, el pueblo ha recibido un lavado de cara importante; muchas de las casas, como la de Tiburcio o Fanlo, han pasado de estar prácticamente derruidas a restauradas con todo lujo de detalle con piedra pirenaica. En su interior, están equipadas con dormitorios, zonas comunes y comedores para el disfrute de estos mismos estudiantes que colaboran en el pueblo.

La disposición del pueblo ha sido también fruto de un gran lavado de cara: lo que antes eran pajares o almacenes –algo lógico, ya que antiguamente el pueblo vivía del cultivo y la artesanía– han sido reconvertidos en aulas, bibliotecas y talleres. Estos últimos solo han sido reformados, ya que conservan su propósito original, porque los alumnos aprenden técnicas de carpintería y mampostería para restaurar vigas o muros.

Este pueblo también es autosuficiente, ya que los estudiantes crean un huerto y lugares para albergar al ganado, con el objetivo de tener todo lo necesario. La parte más impactante de esta rehabilitación es la iglesia del pueblo, que fue desacralizada; ahora es completamente distinta, han cambiado los muros, tejados y campanario. Durante el día funciona como un salón de actos y zona de reuniones; curiosamente, por la noche se convierte en una «discoiglesia», con música y pista de baile, para que los estudiantes que tan duro han trabajado durante el día tengan una oportunidad para pasar un rato con sus compañeros.

El enfoque ha cambiado mucho durante los años; antes estaba dirigido a universitarios pero, con el tiempo, el rango de edad se redujo. Aunque hoy en día quienes van no aprenden exclusivamente el tratamiento de la piedra, son sometidos a una terapia de desintoxicación digital con el objetivo de encontrar el aburrimiento y, así, fomentar la creatividad. También aprenden a trabajar tanto la tierra, para cultivar, como la piedra, para restaurar las capillas y edificios.

Hoy en día, este programa sigue activo para alumnos de tercero y cuarto de la ESO, bachillerato y grado medio, de todas las partes de España, durante el año escolar, pero solo en grupo completo. Por el contrario, en verano, cualquier persona entre 14 y 17 años residente en algún país de la Unión Europea puede apuntarse, tanto por grupos como por libre.

Además de esto, los alumnos adquirirán una serie de «soft skills» muy importantes para su desarrollo académico. Las que aprenden son, por ejemplo, con el trabajo en equipo: se dividen en grupos, dependiendo del trabajo individual, de la manera en la que funcionan habitualmente los grupos de trabajo. En relación con esto, también se aprende la responsabilidad personal, ya que si uno no hace su trabajo, todos sufren; además, animales y plantas dependen exclusivamente de ellos para sobrevivir. Aprenden también a resolver problemas por sí mismos, algo muy importante de aprender a corta edad.

En resumen, Búbal, un pueblo abandonado desde los años 60, ha sido reconstruido por un programa liderado por el Gobierno de Aragón. Ahora bien, es un trabajo de simbiosis: ellos se llevan una experiencia inolvidable y unas habilidades que no en todos los sitios pueden encontrar.