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Carretera solar en NormandíaKeystone

Medio ambiente

El fracaso de la carretera solar más grande del mundo: Francia la desmantela ocho años después su instalación

Tras una inversión de cinco millones de euros, los paneles fotovoltaicos terminaron muy dañados como consecuencia del paso de los vehículos

Son muchas las innovaciones recientes en lo que respecta a las energías renovables. Las instalaciones solares y eólicas han copado los campos de medio mundo para intentar depender en menor medida de los combustibles fósiles. No obstante, desde el ámbito científico se ha intentado encontrar otras maneras de generar energía limpia, y un ejemplo es la carretera solar que se inauguró en Normandía (Francia) en 2016.

Se presentó como algo pionero a nivel mundial y, de hecho, se trataba de la calzada solar más grande, con un kilómetro de longitud. Sus impulsores defendían que los paneles solares, empotrados en el suelo, eran capaces de soportar el peso del tráfico rodado, y podría generar unos 790 kilovatios hora diarios.

Con una inversión de más de cinco millones de euros, los resultados a una década vista son desoladores. Solo tres años después de su instalación, en 2019, unos 100 metros de la carretera estaban muy deteriorados, con juntas destrozadas y paneles despegados, por lo que tuvieron que retirarse directamente. Además, se encontraron con otro problema que no se había previsto, y es que el ruido generado por el pavimento era tal que forzó a bajar el límite de velocidad del tramo a 70 km/h.

En 2019, Étienne Gaudin, responsable de Wattway, reconoció públicamente que el modelo instalado en Tourouvre no llegaría a comercializarse. La tecnología todavía no estaba preparada para soportar el tráfico interurbano y su utilización como sistema de generación eléctrica a gran escala tampoco resultaba viable. La empresa optó entonces por cambiar de estrategia y centrarse en módulos mucho más pequeños, de entre 3 y 12 metros cuadrados, destinados a suministrar electricidad a cámaras de vigilancia, marquesinas o puntos de recarga para bicicletas eléctricas.

Desmantelamiento completo

Cinco años más tarde, en 2024, las losas fotovoltaicas terminaron levantándose por completo, o lo que quedaba de ellas. Con ello, ocho años después de que la ministra de Ecología y Desarrollo Sostenible de la época, la socialista Ségolène Royal, lo inaugurase, se puso punto final a una inversión millonaria que prometía abrir camino a nuevas formas de producir energía renovable, pero que terminó siendo un auténtico fiasco.

En su momento, los promotores afirmaron que la energía producida podría alimentar el alumbrado público de una ciudad de 5.000 habitantes, basándose en proyecciones relacionadas con la luz solar y las condiciones de funcionamiento. Sin embargo, tal y como recoge el medio francés Le Monde, esta instalación está lejos de haber cumplido sus promesas en materia energética. Tras producir, durante el primer año, algo más del 50 % de los 790 kilovatios-hora (kWh) diarios previstos, el equipo generó 78.397 kWh en 2018 y 37.900 kWh desde enero.

La idea tenía, en realidad, todos los ingredientes para no prosperar. Un panel fotovoltaico instalado en un tejado permanece fijo, tiene una orientación adecuada y, en general, está relativamente protegido. Una losa fotovoltaica colocada sobre una carretera, en cambio, debe soportar de forma constante el paso de vehículos, impactos, grava, frenazos, agua, barro y otros elementos propios de la circulación.

En Tourouvre, según remarcan desde Keops, los paneles se instalaron en horizontal, lo que los protegía menos que una instalación convencional inclinada hacia el sur. Por todo ello, una carretera solar debía cumplir al mismo tiempo dos funciones especialmente exigentes: generar electricidad y comportarse como una superficie capaz de soportar el tráfico. Y fue precisamente en ese punto donde la ecuación empezó a complicarse.