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Cueva situada en Corea del Sur

Cueva situada en Corea del SurUnsplash

Una gigantesca batería bajo tierra: las rocas porosas que pueden almacenar energía para una ciudad entera

El estudio es el primero que combina criterios geológicos y termodinámicos para estudiar cómo cambia la capacidad de almacenamiento de estos sistemas en función de la profundidad

Durante años, las baterías han sido una de las grandes apuestas para almacenar la electricidad producida por las energías renovables. Pero existen otras alternativas a las clásicas baterías, como es el caso de las centrales de bombeo o incluso una posibilidad mucho más grande y que no necesita ocupar espacio en la superficie: utilizar las formaciones rocosas que se encuentran bajo nuestros pies como enormes almacenes de energía. Un nuevo estudio realizado por investigadores portugueses apunta precisamente en esta dirección y calcula que determinados depósitos geológicos podrían llegar a almacenar cantidades de energía del orden de 1 teravatio-hora (TWh).

El trabajo, publicado en la revista Geoenergy por investigadores de GeoBioTec, NOVA FCT y el Instituto Dom Luiz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa, analiza el potencial de las formaciones rocosas porosas profundas para almacenar energía mediante aire comprimido. Se trata de una tecnología que podría ayudar a resolver uno de los problemas asociados al crecimiento de las renovables: qué hacer con la electricidad cuando el sol o el viento producen más energía de la que necesita la red.

La idea parte de un mecanismo relativamente sencillo. Cuando existe un excedente de electricidad, por ejemplo en momentos de elevada producción solar o eólica, esa energía se utiliza para comprimir aire atmosférico. En lugar de mantenerlo en grandes depósitos artificiales, el aire puede ser introducido a presión en formaciones geológicas profundas que presentan las características adecuadas.

Cuando la demanda eléctrica aumenta y es necesario recuperar esa energía, el aire almacenado se libera y se utiliza para accionar turbinas capaces de producir nuevamente electricidad. La diferencia respecto a una batería convencional está, por tanto, en el lugar donde se almacena la energía. La batería no estaría sobre el terreno, sino en el subsuelo, aprovechando las propiedades físicas de determinadas rocas.

Una batería enterrada a gran profundidad

El estudio es, según sus autores, el primero que combina de forma integrada criterios geológicos y termodinámicos para estudiar cómo cambia la capacidad de almacenamiento de estos sistemas en función de la profundidad. Y es precisamente aquí donde la geología adquiere un papel fundamental.

A medida que aumenta la profundidad, también cambian la presión y la temperatura. Estas dos variables condicionan directamente el comportamiento del aire comprimido y, por tanto, la cantidad de energía que puede almacenarse en una determinada formación rocosa.

«El estudio analiza, por primera vez y de forma sistemática, la influencia de la profundidad en las condiciones de almacenamiento de energía subterránea. A medida que aumenta la profundidad, la presión y la temperatura varían simultáneamente, factores que condicionan directamente la cantidad de energía que se puede almacenar. De este modo, las rocas funcionarán como una batería gigante bajo nuestros pies», explica Ricardo Pereira, investigador de GeoBioTec, de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad NOVA de Lisboa.

Los investigadores estiman que algunos depósitos geológicos podrían alcanzar capacidades de almacenamiento del orden de 1 TWh, una cantidad suficiente, según el estudio, para abastecer a cientos de miles de hogares. Una de las ventajas de este tipo de almacenamiento es precisamente su potencial para guardar energía durante periodos mucho más prolongados que los habituales en otros sistemas, desde varios días hasta meses.

Además, el sistema utiliza aire atmosférico, lo que lo diferencia de otras alternativas de almacenamiento subterráneo que requieren gases combustibles o sustancias como el hidrógeno o el dióxido de carbono. El uso de aire evita algunos de los riesgos asociados a la manipulación y almacenamiento de estos gases.

El interés por estas tecnologías ha aumentado a medida que las redes eléctricas incorporan una mayor cantidad de fuentes renovables cuya producción no es constante. Cuando hay mucho sol o viento, la generación puede superar la demanda; cuando las condiciones meteorológicas cambian, ocurre lo contrario. Disponer de grandes reservas de energía permitiría reducir el desperdicio de electricidad renovable y aportar mayor estabilidad al sistema.

Los autores señalan además que este tipo de almacenamiento podría desempeñar un papel en situaciones de emergencia, al contribuir a recuperar el suministro eléctrico después de grandes fallos de la red. El debate ha cobrado especial relevancia tras el apagón que afectó a España y Portugal en abril de 2025, aunque el estudio no plantea esta tecnología como una solución específica para aquel incidente.

El potencial, sin embargo, no significa que cualquier formación rocosa pueda convertirse en una batería. La viabilidad depende de factores como el tamaño del yacimiento, su porosidad y permeabilidad, los límites de presión que pueda soportar y las condiciones geotérmicas. Antes de desarrollar un proyecto sería necesario conocer con precisión las características del subsuelo y comprobar que permiten almacenar y recuperar el aire de forma segura y eficiente.

Precisamente por ello, la investigación no se limita a calcular cuánta energía podría almacenarse. También propone una metodología para identificar y evaluar formaciones geológicas que reúnan las condiciones necesarias para albergar futuros sistemas de almacenamiento subterráneo.

El estudio sitúa así a la geología como una posible pieza más del futuro sistema energético: una enorme batería natural escondida bajo tierra y capaz de guardar la electricidad cuando las renovables producen más de la que podemos consumir.

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