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Imagen de la conferenciaEl Debate

Duarte, en la Universidad de Oviedo: «La vida marina puede recuperarse en una generación si dejamos de resignarnos»

El oceanógrafo defiende que la ciencia ya conoce las palancas para revertir el declive marino, con una excepción urgente: los arrecifes de coral

La Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo acogió, dentro de la programación de la quinta edición del Wild Oceans FilmFest (WOFF), la masterclass «Recuperando la abundancia de la vida en los océanos», a cargo del ecólogo marino Carlos M. Duarte, profesor distinguido Ibn Sina de Ciencias Marinas en KAUST y director ejecutivo de CORDAP. Duarte forma parte además del jurado de esta edición del festival, organizado por la Fundación BIOPARC en BIOPARC Acuario de Gijón.

Una recuperación posible, y con método

La clase se apoyó en el artículo que Duarte y sus colegas publicaron en Nature en 2020, «Rebuilding marine life», que sostiene que es posible devolver la abundancia de vida marina a niveles de hace casi un siglo en el plazo de una generación humana. Para lograrlo, planteó siete palancas de recuperación: proteger especies, proteger espacios, restaurar activamente, extraer de forma responsable, eliminar la contaminación, mitigar el cambio climático y «no darse por vencidos».

Para demostrar que la recuperación ya ha ocurrido, repasó casos concretos. Las ballenas se cazaban sobre todo para quemar su aceite en el alumbrado. Su declive se frenó primero con la llegada de la luz de gas y eléctrica y después con la convención CITES (1975) y la moratoria de la Comisión Ballenera Internacional (1982), lo que ha permitido que la ballena jorobada, que parecía abocada a la extinción, se recupere. Algo parecido ocurrió con el plomo: la transición a la gasolina sin plomo en los años 80 y 90 devolvió el océano a niveles de referencia en 2010-2011. «Si hemos sido capaces de limpiar todo el océano de plomo, ¿qué es lo que no podemos hacer?», se preguntó Duarte.

Bosques marinos, manglares y carbono azul

La masterclass dedicó una parte importante a los ecosistemas costeros. Duarte recordó que los bosques marinos han perdido en torno al 50 % de su extensión a escala global, un dato que conecta con la situación del Cantábrico, donde investigadores como José Manuel Rico, también invitado al festival, han documentado el retroceso de los bosques de grandes algas. Son además los sumideros de carbono más intensos de la biosfera: su almacenamiento a largo plazo es más de diez veces mayor que el de los bosques terrestres. De ahí nació el concepto de «carbono azul», que Duarte desarrolló junto a Naciones Unidas y que le valió el Premio Japón 2025.

Como ejemplo de lo que puede lograrse, presentó la restauración de los manglares del delta del Mekong, en Vietnam, destruidos en parte durante la guerra: unos 2.700 km² replantados entre 1978 y 1998, que hoy almacenan tanto carbono como un manglar natural. Recordó también que, tras el tsunami del Índico de 2004, allí donde persistía un bosque de manglar entre la población y el mar, las muertes se redujeron a cero.

La excepción: los arrecifes de coral

Duarte fue claro en que no todos los ecosistemas siguen la misma senda. Los arrecifes de coral son, a su juicio, «el frente de batalla»: la mitad estaba degradada en 2010, y entre 2019 y 2025 se ha deteriorado cerca del 30-40% de los que quedaban. El IPCC proyecta pérdidas del 75-90% con un calentamiento de 1,5 ºC y del 99 % con 2 ºC.

Al frente de CORDAP, la plataforma científica que moviliza ya a cerca de 7.000 investigadores de más de 115 nacionalidades, Duarte trabaja en un banco biológico global de corales, una especie de «arca de Noé» ante la pérdida de diversidad genética, que en el Caribe alcanza alrededor del 98%. Advirtió además de que el episodio de El Niño que se desarrolla en el Pacífico podría extender una ola de calor sin precedentes por los océanos en 2027 y 2028.

Proteger el 30 %, restaurar y renaturalizar

El científico situó estos retos en el marco del Acuerdo de Kunming-Montreal, que fija para 2030 proteger el 30% de tierra y océano y restaurar el 30 % de los ecosistemas degradados. Hoy solo el 8,9% del océano está protegido y apenas el 3,5% de forma alta, y la restauración marina supone solo el 2% de toda la restauración de ecosistemas que se lleva a cabo en el mundo, según el informe de Naciones Unidas de 2026.

En su paso por las Charlas del Kraken, en Gijón, Duarte apuntó una vía complementaria: la «renaturalización» del mar, que no consiste solo en restaurar hábitats, sino también a sus habitantes. Elogió ahí el programa escolar con huevos de pintarroja del BIOPARC Acuario de Gijón y animó a los acuarios a asumir un papel creciente en la cría controlada científicamente. Esa labor tendrá un hito este sábado 7 de noviembre, con la suelta de tiburones pintarroja nacidos en BIOPARC Acuario de Gijón.

Del miedo a la esperanza

Duarte cerró su exposición con un llamamiento a movilizar a la sociedad: «Tenemos las herramientas científicas y tecnológicas, imperfectas pero válidas; ahora necesitamos un plan de actuación global que las escale rápidamente». Para ello defendió contar la crisis oceánica con «protopías», futuros positivos pero alcanzables, frente a las distopías que paralizan y las utopías que se perciben como inalcanzables. Y recordó una frase de Jane Goodall que resume su mensaje: la esperanza es actuar a pesar de todo.

Quién es Carlos M. Duarte

Ecólogo marino, profesor distinguido Ibn Sina de Ciencias Marinas en la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá (KAUST, Arabia Saudí) y director ejecutivo de CORDAP, Carlos M. Duarte (Lisboa, 1960; actualmente establecido en Mallorca) es uno de los oceanógrafos más influyentes del mundo. Junto a distintas agencias de Naciones Unidas desarrolló el concepto de «carbono azul», que sitúa a manglares, praderas submarinas y marismas como almacenes naturales de carbono y soluciones frente al cambio climático, una aportación reconocida con el Premio Japón 2025 y, en 2020, con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación.

Dirigió la expedición Malaspina, una vuelta al mundo científica dedicada al estudio del océano profundo en la que participaron 38 instituciones de 18 países, y es autor de más de 1.100 publicaciones científicas. Impulsa además el turismo regenerativo y contribuyó al diseño de la estrategia ambiental de Red Sea Global. Su trabajo gira en torno a una idea: recuperar la abundancia de vida en los océanos para 2050.