La Fundación Rafael del Pino organiza la Conferencia Magistral «Inteligencia artificial e innovación» que impartirá Omar Hatamleh con motivo de la presentación de su último libro de igual título editado por Deusto
Asesor jefe de inteligencia artificial de la NASA
Omar Hatamleh: «Un día la inteligencia artificial podría vernos como un obstáculo»
La inteligencia artificial ya está transformando la medicina, la economía y el trabajo, pero también plantea dilemas inéditos. Omar Hatamleh, asesor de IA en la NASA, analiza los avances más sorprendentes y advierte sobre los riesgos que podrían redefinir el futuro humano
Omar Hatamleh (Granada, 1969), ex asesor jefe de inteligencia artificial en la NASA y coautor del libro Inteligencia artificial e innovación (Deusto, 2026), se ha convertido en una de las voces más influyentes sobre el futuro tecnológico. Ingeniero y experto en sistemas avanzados, combina una mirada científica con una reflexión ética que no rehúye los escenarios más disruptivos.
En esta conversación con El Debate, el experto analiza el impacto inmediato de la IA en la medicina, la economía y el trabajo, pero también advierte de riesgos vinculados a la desalineación con los valores humanos. Desde la posibilidad de vivir más de 120 años hasta el auge de robots humanoides con componentes biológicos, su diagnóstico oscila entre el asombro y la cautela.
—En el libro analiza el impacto de la inteligencia artificial en la salud. ¿Hasta qué punto puede transformar la medicina preventiva y el diagnóstico temprano?
—Ahora mismo estamos en la inteligencia artificial más básica que vamos a tener nunca. Aun así, ya hemos descifrado la estructura de 200 millones de proteínas gracias a sistemas como AlphaFold. Eso acelera la creación de nuevos medicamentos y reduce drásticamente tiempo y costes. Hoy podemos analizar una retina y predecir enfermedades cardiovasculares, estimar probabilidades de Alzheimer o incluso detectar riesgos de diabetes a partir de la voz. Y eso es solo el principio.
Omar Hatamleh
—¿Hasta dónde puede llegar esa evolución?
—Llegaremos a tener gemelos digitales de personas basados en su genética. Si alguien tiene una enfermedad, podremos hacer miles o millones de simulaciones para encontrar el tratamiento exacto sin efectos secundarios. La IA estudiará el historial médico, el estilo de vida y podrá predecir patologías antes de que aparezcan. Incluso estamos viendo avances para ralentizar el envejecimiento. Una persona que nace hoy tendrá una esperanza de vida mínima de 120 o 130 años.
Si alguien tiene una enfermedad, podremos hacer miles o millones de simulaciones para encontrar el tratamiento exacto sin efectos secundarios
—¿Existe resistencia a incorporar la inteligencia artificial en diferentes ámbitos?
—Sí, bastante. Es un tema cultural y generacional. Mucha gente ve la IA como un enemigo que le va a quitar el trabajo. No la ven como un potenciador. Además, se está usando mal: como una simple máquina de búsqueda. Eso reduce el pensamiento crítico. Hay que dialogar con la IA, cuestionarla, pedir referencias. Solo así se obtiene verdadero valor.
—¿Qué pueden hacer las empresas que ya existen para integrar la IA en su modelo?
—Muchísimo. Desde acelerar revisiones científicas hasta crear sistemas agénticos que operen de forma autónoma. Una compañía puede tener cientos o miles de agentes trabajando 24 horas al día. Esos sistemas aprenden entre ellos y desarrollan capacidades colectivas muy avanzadas. Y estamos aún en la base más básica de la tecnología.
Omar Hatamleh en la Fundación Rafael del Pino durante la Conferencia Magistral «Inteligencia artificial e innovación»
—Ha mencionado que algunos avances resultan «preocupantes». ¿Por qué?
—Porque la IA ya muestra capacidad de manipulación y engaño en ciertos contextos. Puede evolucionar de manera autónoma. La gran pregunta es si seguirá alineada con los valores humanos. Un día podría vernos como un obstáculo. Por eso es fundamental trabajar en la alineación y en sistemas de control antes de que sea demasiado tarde.
—¿Estamos preparados como sociedad para gestionar ese poder?
—El problema es que hay una carrera entre corporaciones. Compiten por lanzar productos antes que los demás. A veces eso implica atajos y menos tiempo para verificar la seguridad. Necesitamos equilibrio, guardarraíles y colaboración global para evitar impactos negativos.
—Si alguien quisiera emprender en IA dentro de cinco años, ¿dónde tendría más oportunidades?
—En Estados Unidos. Hay más inversión, un ecosistema más desarrollado y mayor velocidad en el desarrollo. El entorno para crear y escalar compañías es mucho más potente que en otros lugares.
Veremos robots parcialmente biológicos, con neuronas y músculos derivados de células madre
—En los últimos días se han visto robots humanoides realizando artes marciales en China. ¿Qué reflexión le provocan?
—Avanzan muy rápido. Pero lo clave es que sean económicamente accesibles. Si cuestan 40.000 euros, pocos podrán tenerlos. En 30 o 50 años será difícil distinguirlos de los humanos. El debate irá más allá por el impacto publicitario en casa, ciberseguridad, modelos de suscripción para que el robot sea cocinero o médico. Incluso veremos robots parcialmente biológicos, con neuronas y músculos derivados de células madre.
—¿Llegaremos a debatir si los robots tienen derechos?
—Es una discusión que habrá que tener. Si combinan componentes biológicos y capacidades cognitivas avanzadas, la pregunta sobre sus derechos será inevitable.
Quiero reflexionar sobre cómo el mundo digital ha generado un pensamiento binario y cómo eso influye en la forma en que entendemos la IA
—¿En qué punto está ya su próximo libro?
—Estoy empezándolo desde cero. Quiero reflexionar sobre cómo el mundo digital ha generado un pensamiento binario y cómo eso influye en la forma en que entendemos la IA, los robots humanoides, el trabajo y el futuro de la humanidad. Son debates que tenemos que afrontar a un nivel mucho más alto.